Asesinaron a la izquierda mallorquina

Identifican los restos de Aurora Picornell en la fosa de Son Coletes de Manacor

Identifican los restos de Aurora Picornell en la fosa de Son Coletes de Manacor / Caib

Matías Vallés

Matías Vallés

Arturo Pérez-Reverte defendía el martes en Pablo Motos que en la guerra no se asesina, solo se mata. Es una excelente coartada para vender libros, pero la guerra es una actividad criminal, que extiende dicha lacra a sus participantes y cronistas. Aurora Picornell fue asesinada, y es curiosa su identificación al día siguiente de saber que Cort se dejó tomar el pelo en otro pretendido hallazgo histórico.

Más allá de la casualidad de las Llaves del Reino, hay que insistir en la causalidad del asesinato de Picornell, sobre todo cuando el vicepresidente Yllanes proclama que «los verdugos no se salieron con la suya». Justo lo contrario, impusieron entonces su voluntad salvaje y todavía hoy se pagan las consecuencias del asesinato en Manacor de la izquierda mallorquina. 

La proyección actual es mas importante que la dimensión histórica, al menos para quienes no están dispuestos a sacrificar las tres comidas de hoy. Los autores del asesinato de Picornell «se salieron con la suya», según se demuestra en la izquierda acobardada durante décadas, más allá de la dictadura acuñada con las balas.

La denominación de «las Rojas del Molinar» obliga a recordar que el PP de los años ochenta/noventa frecuentaba la denominación de «los rojos», no como insulto sino para reafirmar su dominio ancestral. Los progresistas cabizbajos y acomplejados se lamentaban de que «Mallorca siempre será de derechas», y pavimentaban así la eternidad de un Govern ultraconservador. La autohumillación llegaba al extremo de que en 1999 hubo que convencer a las izquierdas de que tenían la opción de gobernar, porque su instinto era seguir amodorradas en la oposición. Los asesinatos generan un miedo muy eficaz. 

La izquierda mallorquina todavía no se ha recuperado de su asesinato en la figura de Aurora Picornell, así que Francina Armengol la rescata hoy en su expresión indomable, para ejecutar a continuación políticas de ortodoxia financiera. En ningún sitio se aprecia la traición miedosa a los principios del mito de la izquierda como en su Molinar. 

El barrio antaño humilde es hoy el enclave más caro y solicitado de Europa, con las estrechas viviendas de pescadores a millones de euros la unidad. Es otra variedad criminal de cuello blanco, la expulsión de la población negándole las condiciones para habitar su tierra. Cabe imaginar los artículos que escribiría Picornell sobre la ocupación clasista del Molinar, bendecida con licencias urbanísticas por los herederos de su Partido Comunista.