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Diario de Mallorca

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Alex Volney

La metáfora de Europa que…

… siempre huye de si misma . Con los primeros rayos de sol en el Empordà, o en la totalidad de la misma Catalunya, o, para todos los gustos, donde acaricia la primera luz la cansada y desquiciada piel de toro. Y tú… vas y sigues escribiendo de «animalillos», y «con la que está cayendo». Quizás te escabulles del presente ante el griterío. Desde la parte más occidental y de momento lejos de los desafíos de las más que probables nuevas tormentas de acero. Escapemos.

A un país indescriptible donde el sol reverbera sobre las rocas ecos paganos de dioses telúricos. Reminiscencias panteístas en escondrijos del contrabando. Flora y fauna silvestre entre las piedras donde antaño subsistieron anacoretas y convivieron coraleros y alguna ninfa marina. Piratas, brujas, pescadores griegos, monjes y seres mitológicos mezclados con los artistas tocados del ala que vinieron mucho después de una larga edad de piedra.

Naufragios y tesoros escondidos frente a los montes de un indefinido magnetismo y en ellos las peladas cárcavas que antaño fueron bosques que con la antigua pesca de las sardinas y las anchoas se iban pelando en sus laderas y quemando sus pinos sobre las aguas para atraer las molas de peces. Consumiendo la «tea» que obraba el aquelarre marinero para sustentar a muchas familias de las costas azotadísimas por los vientos, sobre todo el principal.

La península del Cap de Creus, una extensión abrupta sobre el mar que dicen partida por una autopista de enfurecidos vientos en el Golf de Lleó, entre la mirada atenta, y sus flujos, del Canigó y la bahía de Roses. A un lado las arenas pantanosas de la desembocadura de la Muga y todo eso configurando caracteres a miles de personas a merced de un clima.

Aquí se desencadenan los más virulentos temporales. Hay que verlos de cerca para poder describirlos. Las trombas de aire se combinan con la escasa profundidad de las aguas donde levantan los llamados caballos de mar en sus olas puntiagudas y espumosas.

El rugido del león tiempos atrás escenario entre las fuerzas de la luz y de la oscuridad que fueron cuajando toda una manera de ser en el Alt Empordà en el que podrían encontrar centenares o miles de jugosas anécdotas en el marco incomparable del carácter de sus gentes. La victoria de Les llles Formigues como carta de presentación.

La raya entre la vida y la muerte y el tópico, se hacen finísimos bajo esos vientos en la tormenta o incluso en una mañana cualquiera de sol y buen tiempo pero con la Segunda Guerra Mundial comenzada. Cuando Dalí y su esposa Gala decidieron poner mar de por medio y marchar a los Estados Unidos. Sería el período que llamaría «Místico Nuclear» y no volverían hasta finales de la misma década. Hay mucho escrito sobre el tema y las motivaciones en cada momento del artista, pero la verdad es que antes de partir estuvieron muchos días dando vueltas para encontrar la persona adecuada con quien dejar a su doméstica y queridísima mascota. Un conejo que ambos habían nutrido y visto crecer con auténtico amor maternal.

Se fue complicando el calendario para encontrar alguien fiable, de confianza y que garantizase el anhelado y surreal bienestar animal. Para nada se les ocurriría cruzar el océano y hacer sufrir al inocente animalillo por llegar a las tierras de Buggs Bunny. Las horas, y sobretodo los días, fueron pasando y ante problema tan grande y con tal ansiedad y preocupación por el futuro del estimado peluche, no hubo consenso y ni se sabe si por reminiscencias surrealistas o paranoico-críticas, se convocó uno de los últimos banquetes, y cons sus mejores vestidos, antes de dejar el paraíso ampurdanés de Portlligat, harían los honores con vajilla y mantelería adecuadas a la ocasión, conviniendo finalmente en asarlo, y servirlo, para menor martirio de la que había sido su metafórica mascota fetiche y todo dirigido por nuestra señora de Púbol.

Esas soluciones in extremis, todo tan nuestro y dejado a la improvisación, continuamente. Tan repetitivo. Ahora que muchas familias se ven y se verán desplazadas, una vez más, por el látigo corredizo de las fronteras (y no suele haber, entre ellos, ningún hijo de notario) y entre, ellas y ellos, quizás, algún genio artista que se encontrará ya con un mundo que definitivamente sigue aborreciendo cualquier tipo de talento. Sí, se supone que en ningún momento hemos dejado de hacerlo una y otra vez. Ese mascarón en las playas de la amnesia. Tantos derelictos en sus profundidades y ahogados, gritos de tanta gente lanzada contra las rocas y azotada hasta el final por los implacables vientos de la historia.

This is not Europe…, que diría la vieja Starman ante los acontecimientos de los últimos años. Sabemos que cuando empiezan hablando del gas doméstico, pueden acabar activando las cabezas nucleares. Todo en Europa puede terminar siendo lo que aquí llamamos (con un resignado sarcasmo): «l’alegria del conill». Y esto era todo, amigos!

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