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Miquel Àngel Lladó Ribas

Sa Boira: una lección de saber estar

La compañía de teatro Sa Boira en el Castell de Bellver.

No quiero dejar de contar un hecho que me produce rabia y vergüenza ajena. Sucedió hace un par de semanas, concretamente el pasado 11 de septiembre. La compañía de teatro Sa Boira, que depende de la ONCE, se disponía a realizar un ‘bolo’ de la obra Marat Sade en el patio del Castillo de Bellver, exactamente a las 12 del mediodía. No era la hora más adecuada para llevar a cabo una representación teatral, pues el sol caía prácticamente a plomo sobre el aforo del patio, que no contaba con ningún tipo de toldo o protección para los espectadores. Parece que esa fue la única hora que encontró el Ayuntamiento de Palma para ceder el espacio. Pero esto, con ser algo más que un detalle a tener en cuenta, no fue lo peor. Nada más empezar la obra, cuyos actores y actrices eran mayoritariamente ciegos o tenían sensiblemente mermada la visión, se empezaron a oír animadas conversaciones y gritos que venían justo del piso superior al patio, donde al parecer se estaban celebrando hasta tres bodas simultáneas. Evidentemente ello influyó de manera negativa en el desarrollo de la representación, hasta el punto de que el director del montaje, visiblemente contrariado, se acercó hasta al escenario para protestar airadamente contra lo que sin duda constituía una falta de respeto hacia los actores y espectadores en aquel momento presentes en el Castillo.

Los invitados e invitadas a estos eventos no tenían ninguna culpa, obviamente. Seguramente los novios habían esperado meses y pagado la correspondiente tasa para poder disfrutar de un momento tan especial en un marco sin duda incomparable. Lo grave del asunto es que el Ayuntamiento de Palma, incomprensiblemente, hiciera coincidir la puesta en escena de Sa Boira con la celebración de estas bodas, pensando tal vez que ambas actividades eran compatibles. Porque prefiero no pensar que decidieron que, tratándose de una obra cuyos intérpretes eran en su mayoría discapacitados, no pasaba nada si se celebraba uno o varios eventos simultáneamente a la representación de Marat Sade. Prefiero no pensarlo, y me imagino que ustedes tampoco.

Con todo me gustaría elogiar la actitud de los actores y actrices de Sa Boira, que a pesar de tantas trabas e interrupciones demostraron una profesionalidad y saber estar fuera de lo común. Me quedé observándoles atentamente, a lo largo de la obra: hicieron esfuerzos por mantenerse ajenos a todo el jaleo que venía desde el piso de arriba, como si únicamente les interesara llevar a cabo la representación y colmar así su vocación teatral. Pensé que seguramente era lo que más ilusión les hacía, además de hacer pasar un buen rato a las personas asistentes. Aún así y después de los inevitables lapsus y “saltos” en algunas escenas, del todo comprensibles a causa de la inevitable pérdida de concentración causada por aquel ruido y alboroto incesantes, sacaron la obra adelante con destacable talento y dignidad. Todo ello sin olvidar, por supuesto, las muchas horas de ensayo invertidas en los meses previos a la representación, la ansiedad, los nervios...

La compañía de teatro Sa Boira en el Castell de Bellver.

Lástima que el Ayuntamiento no estuviera a la altura de todo ello. Cabe esperar que hayan tomado buena nota y que sucesos tan bochornosos como este no se vuelvan a repetir. Por el bien del teatro y de la cultura, obviamente, pero también, y sobretodo, por el respeto que merecen las personas que, a pesar de su discapacidad y de sus objetivas limitaciones, se esfuerzan por ofrecer lo mejor que llevan dentro, ya sea sobre un escenario o en cualquiera de las facetas en las que luchan cada día por llevar a cabo una vida plena y autónoma, en la que la cultura y la creación formen parte también de su ámbito de expresión.

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