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Alex Volney

El antimonio

El antimonio

«La irresistible tentación que los españoles sienten a la hora de apretar el gatillo apenas les ponen un fusil en las manos». Son palabras de Leonardo Sciascia en el fabuloso libro que ha traducido Carlos Clavería: El antimonio, donde convierte el CTV en el «¿¡cuándo te vas!?» asegurando en cada capítulo que los franquistas sin ellos, los italianos (y alemanes), eran incapaces de salir adelante en la guerra civil que es el marco que habita nuestro protagonista, un minero siciliano que empujado por los problemas económicos se incorpora a las tropas de Mussolini, y en el campo de batalla y con las balas silbando sobre sus cabezas intentará esquivar también todas las contradicciones que le irán saliendo en el camino, hasta hacerlas suyas.

Con la maestría del gran Sciascia, periodista y escritor demócrata que se sitúa en su compromiso casi sobrepasando a Bernanos en Los Grandes cementerios bajo la luna, describe el panorama desde el punto de vista de un precariado que, manipulado de por sí, se encuentra enseguida abriendo fuego contra otro precariado en una atmósfera totalmente orwelliana.

El recurso literario es vivo, claro, por uno de los grandes, pero da voz a una notable preocupación existente en ese campo de batalla y en aquellos a los que aún les quedan unos cuantos principios. Muchos soldados italianos iban perdiendo la fe en el régimen a medida de su desencanto y del intercambio de opiniones a raíz de los gratuitos fusilamientos como culminación de las terribles torturas presenciadas muchas veces como el anhelado espectáculo de algunos tarados mentales que en su momento comandaban el destino de todos ellos.

Quizás el único titubeo que canta sea el tibio análisis al pasar por encima del energúmeno de Rossi y su papel en Málaga. Seguramente el autor siciliano ya hubiera optado por otro volumen. Además, el psicópata en cuestión murió dócilmente en su lecho de monstruo torturador acabando los días en las filas de la democracia cristiana de su país. Desliz que, provocado o no, queda bajo la sombra del planeado elogio al antifascismo de Madrid y en general del movimiento social y de la dignidad de las gentes que defendían la legalidad republicana. Espacio encuentra para la ironía y el comentario crítico contra los anarquistas y su indisciplina. Incluso los libros grandes no prescinden de esos topicazos de manual para condimentar uno de los más acertados y brillantes análisis: «¿Sabéis lo que fue la G. C. española?: «¡todos los errores concentrados!». Con su «hoy España, mañana el mundo» hitleriano, manifiesta con rotundidad, y desde una transparente visión , que la conclusión para que la paz llegue a los corazones de la gente se conseguirá si «el fascismo muere para siempre». No omite, para nada, sus críticas a las tropas republicanas analizando, también, sus errores.

Estamos ante una novedad importante que en una horita y algo se recorre, en una prosa fabulosa como es toda la obra de este autor. Quizás sea el libro más relevante en este final de año y que puede ser probablemente el manual de como «destrozar España» que les falta al Sr. Casado y al Sr. Abascal en las estanterías de sus sedes, para releer cada vez que salen a destruir y retirar lápidas.

«Torturar y asesinar a destajo» es la consigna que Sciascia ve predominar en la contienda y en el bando nacional. Hoy el matarife Bonacorsi seguramente sería aceptado en el Daesh, bastaría cambiar el simbolito en cuestión y... a rodar su delirio por el sufrimiento ajeno.

Olvídense, si pueden, de los bestsellers de turno en este género guerracivilista que nos va descafeinando la memoria y el acertado análisis. Atiendan a este auténtico fenómeno editorial que es El antimonio de Leonardo Sciascia entregado a las librerías por el joven y distinguido sello Altamarea. Urgente adquisición en cualquier biblioteca que se precie. Casi cien páginas de literatura y razonable indignación en cualquier corazón democrático. Esto es novedad.

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