La vida se nos muestra con todas sus paradojas. El martes se conocía un nuevo ataque de perros a una explotación ganadera que terminó con 17 ovejas muertas. El ganadero había separado estas ovejas en un corral para ser cubiertas y se consolaba pensando que menos mal, que no llevó otra veintena, porque hubieran acabado muertas. El jueves asistí con la Consellera a un acto organizado por AGAMA en el que se entregaban los certificados de bienestar animal a siete granjas lecheras. Tanto el ganadero, cuyas ovejas fueron atacadas, como los ganaderos de leche, hacen lo posible para que sus animales estén en las mejores condiciones. Los cuidan, limpian sus apriscos o granjas, los alimentan, los curan cuando enferman, les garantizan sombra o que no pasen excesivo calor, y que su agua esté siempre limpia y fresca. La sociedad avanza y hoy la mayoría de las personas entendemos que los animales no son simples objetos, sino que son seres sintientes. Es decir, los animales gozan de un tipo de derechos adecuados a su condición. Sin embargo, esta semana me pregunto si tiene más derechos un perro que una oveja o una vaca.

Ante los ataques de perros al ganado, es importante situarnos con mucha empatía con el ganadero o ganadera que los sufre. Les aseguro que es muy duro para la persona que cuida sus animales, levantarse una mañana y encontrar una escena como la que se encontró el Sr. Barceló el martes pasado. Las pérdidas económicas que provocan este tipo de ataques son muy importantes, pero si abordamos el tema solo como una cuestión económica, nos estamos equivocando. Naturalmente que el resarcimiento de los daños y del lucro cesante son importantes, pero hay más cosas. Se trata de poder criar a tus animales con la confianza y seguridad de que nada de esto va a ocurrir. Se trata de tener la certeza de que, si finalmente ocurre una cosa como esta, alguien responderá pronto y de manera adecuada.

Los ataques de perros al ganado en Mallorca son claramente desorbitados. En el año 2018 fueron 52 ataques con 331 animales muertos. En el año 2019, 50 ataques con 467 animales muertos y 55 heridos. El 2020, fueron 28 ataques con 185 animales muertos y 155 heridos. En los seis primeros meses del año 2021, 17 ataques con 80 animales muertos. No estamos hablando de ataques provocados por fauna salvaje, sino que hablamos de actos causados por perros domésticos, que tienen dueños o dueñas, y cuyas obligaciones para con sus animales son muy claras.

El protocolo diseñado por la Consellería simplemente trata de clarificar responsabilidades entre las partes y pone en marcha un servicio integral de apoyo al ganadero. Se activa a través de una llamada al 112. La entidad colaboradora con la que la Conselleria tiene concertado el servicio la recibe y se persona en el lugar de los hechos ofreciendo todo el apoyo necesario, desde la retirada de cadáveres, el tratamiento veterinario a los animales heridos, la captura del perro y su traslado al centro de recogida, la elaboración de los informes periciales de daños y cualquier otra cuestión que pueda surgir.

Comprobamos como poco a poco el protocolo va teniendo sus efectos. Notamos como cada vez más ayuntamientos asumen su competencia, controlando la tenencia responsable de los perros dentro de su municipio, imponiendo las sanciones adecuadas cuando hay incumplimiento o abandono, y acordando la potencial peligrosidad de los animales siempre que se produzca un ataque. Pero también comprobamos como el 25% de los perros involucrados en un ataque no tienen el chip reglamentario, y como a pesar de que lo sensato es tener un seguro de responsabilidad civil por daños, el 30% de los perros atrapados no disponen de dicho seguro. La atención y el cuidado de los perros son la mejor garantía para prevenir hechos como lo sucedido esta semana y son la base para que esos derechos de los animales de los que hablamos y reivindicamos sean efectivos.