República Dominicana, un edén para los hoteleros mallorquines

El destino caribeño se destaca por su «solidez y crecimiento ordenado»

El Bahía Príncipe Luxury Esmeralda, en Punta Cana, reabre tras una reforma de 30 millones.

El Bahía Príncipe Luxury Esmeralda, en Punta Cana, reabre tras una reforma de 30 millones. / Grupo Piñero

Myriam B. Moneo

Myriam B. Moneo

En noviembre, Grupo Piñero, celebró la inauguración de su primer hotel de lujo en la provincia de Samaná, Cayo Levantado Resort, en República Dominicana. El presidente del país, Luis Abinader, acompañaba a la familia Piñero, que ha invertido 50 millones de euros en el proyecto. Esta semana, la compañía mallorquina, la cadena hotelera con mayor número de habitaciones en propiedad en el destino del Caribe, anunciaba la reapertura del Bahía Príncipe Luxury Esmeralda, en Punta Cana. La inversión supera los 30 millones 

«Si hay un país que está demostrando una seriedad, una solidez y un crecimiento ordenado impresionante es República Dominicana», dice el consultor en transacciones hoteleras Francisco Albertí.

Antes de la pandemia recibía unos seis millones de turistas, este año prevé llegar a diez millones

Antes de la pandemia recibía alrededor de seis millones de turistas. «Este año las fuentes oficiales hablan que llegarán a diez millones. Ese salto significa que lo están haciendo bien, con hoteles de mucha categoría y que es un país que reúne condiciones de seguridad, física y jurídica, y con apoyo gubernamental», observa el socio director de aBusiness. H. 

Inverotel, todos a uno

Trece hoteles, la mitad de la cartera hotelera de Grupo Piñero, se concentran en este destino. Su CEO, Encarna Piñero, preside Inverotel (Asociación de Inversores Hoteleros de Ámbito Internacional). Meliá, Iberostar, RIU o Palladium, entre otros grupos, también tienen gran protagonismo en el lobby. Defienden «los intereses de la industria y también el conocimiento propio y los errores frente a las autoridades y el sector en el Caribe», explica Albertí.

El consultor resalta que República Dominicana es «un ejemplo de apuesta gubernamental» por desarrollar zonas nuevas. «Ya no se está creciendo en las famosas Bávaro o Punta Cana», por lo que descarta la sobreexplotación. «No hay especulación, en el sentido de crecimiento residencial y urbanístico desmesurado que acompañe a la inversión hotelera, como ocurrió en Mallorca por el éxito que tuvo como destino turístico», dice en referencia a la balearización.

En este edén hotelero «se construye con unos parámetros de horizontalidad y de mucho terreno y no se han permitido casi excepciones de crecimiento en altura».