“Nunca había visto el fuego tan cerca de casa, nos hemos salvado de milagro”. Uno de los vecinos que viven en el camí de s’Amarador, en el entorno del parque natural de s’Albufera, resumía de esta forma el pánico que provocó entre los propietarios de la zona el voraz incendio que se declaró sobre las 18 horas del viernes y avanzó a gran velocidad devorando el cañizo en dirección a las zonas habitadas, avivado por el fuerte viento. La línea de fuego llegó a alcanzar el kilómetro y medio de longitud.

Numerosos efectivos de emergencias trabajaron durante toda la noche contra viento y marea para evitar que el fuego afectase a las personas y a las propiedades. Afortunadamente, no tuvieron que lamentarse daños personales, pero tres casas, que eran segundas residencias y estaban deshabitadas, quedaron totalmente destruidas y diversas propiedades resultaron afectadas de forma parcial. El fuego penetró en corrales y carbonizó animales domésticos. Unas 30 viviendas tuvieron que ser desalojadas por precaución. Incluso hubo vecinos del núcleo costero de Capellans que decidieron irse a sus casas de Muro por la noche por temor al avance del fuego.

Muchas de las pequeñas casas agrícolas ubicadas en el entorno del parque, en las fincas de Son Carbonell o Son Claret, están deshabitadas, pero sus propietarios veían desde Muro o sa Pobla el avance de las llamas y la impresionante columna de humo (visible en media Mallorca) y esperaban la salida del sol para ir a comprobar, con el corazón en un puño, si el fuego había entrado en sus propiedades. La mayoría tuvo suerte. Otros tuvieron que lamentar diversas pérdidas materiales.

El cuidador de una pequeña finca del camí de s’Amarador se encontró un panorama dantesco. Muchos de los árboles frutales del corral habían sido consumidos por las llamas y una decena de gallinas cerradas en el corral aparecieron totalmente carbonizadas al no poder huir de las llamas. “Le dije a mi padre que soltase a las gallinas, pero se negó porque creía que el fuego no llegaría”, lamentaba la hija del agricultor. El fuego llegó, pero no alcanzó la casa.

En una vivienda anexa, su propietario, Paco Escobar, explicaba que él vive en la costa, pero veía desde la distancia el fuego. “Estaba muy preocupado, solo quería llegar para ver qué había pasado en mi finca”, explica. El fuego arrasó diversos árboles del huerto. “¿Y ahora quién me paga esto?”.

Paco Escobar, vecino de s'Albufera.

La vivienda ubicada al lado de su propiedad quedó totalmente en ruinas por las llamas, aunque estaba deshabitada desde hace años. “Estaba en venta, pero nadie la compraba por su precio; ahora, seguro que ha bajado”, señala un vecino con ironía.

Todos los vecinos de la zona tienen claro que el fuego es intencionado. “Aquí cada año se quema algo, pero lo de hoy es diferente; he visto varios focos, lo que indica que es provocado”, asegura otro residente.

El cuidador de una finca muestra el corral calcinado por las llamas.

En un mirador ubicado a poca distancia, el conseller de Medio Ambiente, Miquel Mir, y su equipo observaban la evolución del fuego y el trabajo de los medios de extinción. “Todavía es pronto para conocer las causas”, señaló. Con el fuego vencido, llegará la hora de los balances.