Primera División

El Real Mallorca lejos de Son Moix: La misma historia de siempre

Con la derrota en Sevilla, el Mallorca sigue agrandando la nefasta racha a domicilio tras el Mundial con cinco derrotas, ningún gol a favor y un gran bajón en el juego -Dos tiros a puerta, el pobre bagaje de los bermellones como visitante en 2023

Raíllo pide explicaciones con los brazos abiertos en el partido ante el Sevilla.

Raíllo pide explicaciones con los brazos abiertos en el partido ante el Sevilla. / Europa Press

Miguel Chacártegui

Miguel Chacártegui

A Javier Aguirre cada vez que coge el avión se le está poniendo cara de Vicente Moreno. O sus futbolistas empezando a imitar a aquellos que deambularon a domicilio por los campos de LaLiga en la temporada 2019/20. Porque este Mallorca, que el sábado en Sevilla (2-0) encadenó su cuarto partido seguido como visitante en Liga con derrota –cinco, si se cuenta la eliminación en Copa ante la Real en el Reale Arena– empieza a desprender las mismas sensaciones. Sin nivel, sin gol y sin capacidad para reaccionar a las adversidades. 

Por ahora, las victorias en Son Moix –ante el Villarreal podría sumar la quinta consecutiva en casa– maquillan el esperpento en el que se ha convertido el cuadro dirigido por Aguirre lejos de la isla. Si en casa se sigue manteniendo el nivel, lo que ocurra fuera de ella se relativiza. En cambio, si empiezan a tambalearse, no podrán volver a repetir a domicilio lo que están haciendo tras volver del Mundial. 

Al margen del partido de Copa ante el Pontevedra en Pasarón, un partido de menor exigencia ante un rival de inferior categoría, el Mallorca sale derrotado a cada encuentro que pasa. Y los números no engañan: cinco derrotas (Getafe, Osasuna, Real Sociedad, Cádiz y Sevilla), cero goles a favor y la friolera de tan solo dos tiros a puerta. 

Algo le ocurre al equipo cuando no juega en Son Moix. Lo que antes del Mundial era una sorprendente alegría, logrando triunfos en campos complicados como Vallecas o Mestalla y rascando empates como en San Mamés, ahora es lo contrario. Este sábado, ante el Sevilla de Sampaoli, los bermellones perdieron por incomparecencia. La intensidad y fiereza habitual en casa dio paso a un equipo perdido, incapaz de sacudirse la presión del conjunto hispalense e inerte con el balón en los pies. 

La defensa ha perdido la condición de muro. Valjent y Nastasic, extrañamente dubitativos, fueron un regalo para los atacantes sevillistas. Y si la defensa no funciona, el resto del equipo también deja de hacerlo. Y si a eso le suma la poca eficacia y criterio al jugar el balón, el resultado es volver de vacío después de cada jornada disputada en la península. 

Los problemas de gol del equipo, que acusa también en Son Moix, salen a relucir cuando los bermellones recuperan la pelota a más de 60 metros de la portería. Y el ansia ante una oportunidad que podría ser la única por el planteamiento escogido por Aguirre les hace escoger mal en muchas ocasiones, pecando de ansiedad ante la falta de amigos en área rival.

En el Sánchez Pizjuán, cero tiros a puerta, al igual que en Coliseum Alfonso Pérez. Dos en el Nuevo Mirandilla y otros dos en Pamplona. Cuatro disparos en otros tantos partidos. Una estadística que explica por qué el Mallorca ni inquieta a sus rivales, por qué Muriqi sigue de sequía tras el Mundial y por qué el equipo se desmorona a domicilio. Lo mejor, que la clasificación no aprieta por el momento.