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Juan José Millas

TIERRA DE NADIE

Juan José Millás

Un poco triste

Yo es que no tengo una vida -le dice un joven al que parece su padre en la mesa de al lado a aquella en la que desayuno.

La frase me impresiona. Si hubiera dicho «no tengo un coche», «no tengo una casa», «no tengo trabajo» o «no tengo hijos», quizá ni la hubiera escuchado, pero no tener una vida, signifique lo que signifique, suena tremendo. Por otra parte, pienso mientras revuelvo el café, quizá tener una vida consista precisamente en todo eso: en tener trabajo, coche, casa e hijos.

¿Yo tengo una vida? Desde ese punto de vista, sí. Aunque a veces pienso que es la vida la que me tiene a mí. Estoy tan adaptado a ella que creo cabalgar sobre su lomo cuando seguramente es ella la que cabalga sobre el mío. ¿Podría saltar desde mi vida a otra como el que, en las películas del Oeste, cambia de caballo en plena carrera? Es evidente que no. Si se pudiera, nos pasaríamos la vida saltando de una montura a otra, pues nadie acaba de encontrarse completamente a gusto en la suya. En eso consiste la reencarnación para quienes creen en ella: en morir como herbívoro, por ejemplo, y resucitar como carnívoro. O al revés, que los comedores de carne empezamos a gozar de mala reputación.

Tener una vida.

Tener una vida y consumirla. Parece que con la vida no se puede hacer otra cosa, ya que tarde o temprano uno se muere. La vida como producto de consumo del yo. Yo tengo una vida y la consumo como consumo un electrodoméstico. El problema es que cuando se acaba la vida se termina el yo. Lo que intentan precisamente los transhumanistas es salvar al yo de la quema trasladándolo a una máquina, a un ordenador. En eso están. Si lo consiguen, será el ordenador el que los tenga a ellos, aunque parezca lo contrario.

-Ten paciencia -le dice el padre al hijo-. Tú prepara a fondo la oposición y, cuando la saques, podrás tener tu casa, tu coche, tu familia…

De modo, me digo, que el joven está haciendo oposiciones a notario o a registrador de la propiedad, no sé, a algo. Mucha gente, en la actualidad, cree que el único modo de tener una vida pasa por convertirse en funcionario. Un poco triste, ¿no?

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