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José Francisco Conrado de Villalonga

Movimiento social imperante

A manecen los lunes las ciudades y pueblos del país con las consecuencias del movimiento social imperante, - el botellón- suciedad, vómitos de borracheras, residuos de todo tipo, vandalismo en el mobiliario urbano, saqueos de tiendas y agresiones. El vecindario esta alterado por no haber podido descansar gracias al escándalo que se forma todos los fines de semana. Estas «quedadas» de 25.000, de 40.000 jóvenes en las grandes ciudades y, en menor número en otras, ya no hay quien lo pare. Las policías se sienten impotentes y no actúan, «para evitar mayores males». Estamos ante un desgraciado fenómeno social. No se acaba de entender esta forma desmesurada de beber, la bebida se ha introducido de forma exagerada en el ocio, estamos ante una socialización del botellón. Estas enormes cifras de adolescentes reunidos suponen un problema de seguridad y por supuesto sanitario. No es solo una reacción ante el confinamiento obligado por la pandemia, aquí hay algo más. Existe un problema de educación, de permisividad, de autoridad, de falta de civismo, de valores, de familia, de timidez y de poquedad.

Según cuenta Apiano de Alejandría, historiador, que alcanzó el cargo de Procurador Imperial, las tropas de Lucio Licino Luculo ,-año 151 a C.-, militar -que alcanzó el consulado-, importaron la mala costumbre de hacer y beber vino durante la conquista de Hispania. Inicialmente se consideró por parte de los magistrados como un signo de indisciplina militar. Era de baja calidad, se le llamaba «posca», vino avinagrado, mezclado con agua y hierbas aromáticas. O sea que la costumbre de la bebida fue una importación de Hispania. Seguramente por esta forma de beber y divertirse, según cuenta San Juan evangelista el legionario de servicio presente durante la crucifixión de Jesucristo en el monte Gólgota, dio de beber a Jesús de este vinagre impregnado en una esponja.

Hoy la juventud española no bebe «posca» sino ginebra, coñac, whisky… y lo suelen aderezar con drogas de varios tipos. Las consecuencias son fatales para su salud y para la convivencia. Las ciudades amanecen que avergüenzan a cualquiera, la imagen que se trasmite en exterior es de que tenemos una juventud perdida e indisciplinada, ignorante de lo que es convivencia. Los gobiernos lo toleran pensando que la represión de estos desmanes les va a restar votos y se equivocan, a estos disolutos y libertinos les importa un bledo la política. Ningún partido obtendrá por su inacción de gobierno la más mínima ventaja.

Estamos ante un movimiento social de cierta gravedad y de difícil solución, no solo no se agota semana tras semana, sino que va en aumento. ¿Cómo se puede tolerar que 40.000 personas se emborrachen y destrocen mobiliario urbano, escaparates, enguarren las calles, plazas, playas etc.. Si no pueden con ello deberían de dimitir y dejar paso a quienes tuvieran voluntad y capacidad de hacerlo.

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