Opinión

Ingenuidad y candidez

Dos aviones en pleno vuelo.

Dos aviones en pleno vuelo. / Pixabay

Hace unos días, en un vuelo a Frankfurt, me encontré con un periódico atrasado, creo que era The Guardian, en el que se daba una sorprendente noticia, el caso de una mujer japonesa de sesenta y cinco años que había sido estafada por un ruso con el mantenía una relación sentimental a través de una plataforma de internet. Según decía el ruso, era astronauta y se encontraba en el espacio orbitando la tierra. Le había prometido a ella, a través de Tinder, amor profundo y sin fisuras, Tinder, es una plataforma que sirve para buscar y encontrar pareja. Así pues, el ruso dio palabra de honor a la cándida japonesa de que iba a casarse con ella nada más regresar a la tierra. El caso es que ella vive en una pequeña ciudad del Japón llamada Higashioni y él se encontraba en aquel momento, según le explicaba, atrapado en el espacio a miles de metros de altura, unos 400 km., trabajando en la Estación Espacial Internacional y estaba apesadumbrado por no poder volver a la tierra, por falta de dinero, pues organizar el regreso, precipitadamente, le costaría cuatro millones cuatrocientos mil yenes, unos 30.000 euros, importe de los gastos del cohete privado para el viaje y los derechos de aterrizaje, en total esos 30.000 euros. La enamorada señora no dudo ni por un momento de la veracidad del relato y de la difícil situación en que se encontraba su prendado astronauta, de su sinceridad y de su apasionado amor, ya que por ella estaba dispuesto a dejar su trabajo en el espacio, unirse a ella y dedicarse a labores de menos altura con tal de poder vivir unidos y no como ahora que les separaba una gran distancia entre la casa de ella y la altura en la que orbitaba la Estación Espacial Internacional. La señora, embelesada de amor, envió ese dinero a la dirección que le decía él.

Esta noticia me hizo pensar sobre si todavía hay gente ingenua en un mundo lleno de malicia, y si todavía existe el amor platónico. Amor, este extraño sentimiento impreciso, que incita muchas veces a creer lo inverosímil y a tomar decisiones no siempre acertadas. Amor, este estado de ingravidez en el que no se sabe bien donde uno se encuentra, en el que se anhela llegar a cualquier lugar y encontrarse con ese alguien para vivir en felicidad. Así de complejos e incautos pueden llegar a ser los sentimientos humanos. Ha sido un amor etéreo, en abstracto, un sentimiento de liviandad y suavidad que cada uno llena como puede, lo que ha impulsado, a esta mujer, a entregar cuatro millones de yenes. No sabemos si esta cándida japonesa, mientras miraba hacia al cielo por si recibía una señal procedente de la Estación Espacial, y situaba su corazón en el firmamento, hizo a su amado astronauta un «bizum» o una transferencia directamente a su cuenta, pero sí sabemos que ha vivido lo que es el amor y también que ha perdido su dinero.

Ingenuidad, candidez, sencillez pura de ánimo, -«candor animi» del latín-, ausencia de malicia, de doblez, credulidad, valores que contribuyen a hacer la vida más fácil, agradable y aceptable. Encontrarse con un corazón inocente es un regalo de la vida pues las personas ingenuas suelen ser bondadosas. San Agustín de Hipona decía que el amor es gravitación hacia el ser amado, pues como en este caso… Las personas ingenuas suelen ser confiadas, deberíamos poner en valor la ingenuidad, es una cualidad por rescatar, comprender y apreciar. Mejor acercarnos a ellos, a los crédulos e incautos, antes que a los resabiados. Intentemos mantener una cierta candidez emocional, una ilusión, una curiosidad y una sencillez de espíritu, aunque nos pueda hacer más vulnerables.

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