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Turismo

Los kellys también existen

Los camareros de piso haberlos haylos, al menos en el Llevant de Mallorca, donde jóvenes de la zona han encontrado una ocupación de verano en la profesión más feminizada del sector turístico, y los hoteleros, el personal que les falta en temporada alta

Los kellys se hacen hueco en los hoteles de Mallorca

Los kellys se hacen hueco en los hoteles de Mallorca Biel Capó

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Los kellys se hacen hueco en los hoteles de Mallorca Myriam B. Moneo

«El verano pasado no encontrábamos gente para el departamento de camareras de piso», explica la hotelera Inés Batle, también presidenta de la Asociación Hotelera de Cala Millor y sa Coma. Ya se sabe cómo se ha complicado completar plantillas en el sector turístico a raíz del impacto de la pandemia, cuando muchos profesionales ante el parón de la industria de las vacaciones se buscaron las castañas en otras profesiones. Y en una zona tan turística como la del Llevant las dificultades para encontrar vivienda a precio asequible enrevesa aún más contratar personal. «Sin embargo, sí que encontramos chicos», continúa Batle. «Igual que las mujeres por fin ocupan puestos de hombres, ellos otro tanto. Nosotros no discriminamos», asevera la empresaria e ingeniera de Obras Públicas. De hecho, en su plantilla a cargo de la lavandería también hay un hombre.

Inés Batle y su madre, Britt Marie Erikson, propietarias del hotel Morito, de Cala Millor. | Biel Capó

Así fue como la temporada 2022 en el hotel Morito y los Apartamentos Morito Beach, establecimientos tradicionales de Cala Millor, se estrenaron los primero kellys. Uno de ellos, Kevin, estudiante de FP, en Educación Física, también repite este verano. «Está encantado de haber vuelto». Con su primer sueldo, el joven colombiano —«el Bustamante le llamó yo», dice la camarera de pisos Araceli Fernández— el curso pasado celebró que pudo comprarse él los libros de texto. Y otro de los jóvenes que se incorporó al Morito la temporada pasada ha vuelto a trabajar de kelly en otra hotel de la zona.

Mustafá, Araceli, Joan Marc, Rosa y Claudia. Biel Capó

Kevin, Álvaro, Joan Marc y Mustafá recorren las 129 habitaciones del hotel Morito bajo las órdenes de ellas, veteranas como Araceli, quien lleva la friolera de cuarenta y un años trabajando con la familia Batle. Araceli resume como la mejor cómo desempeñan los kellys sus labores. “Son muy ‘apañaos’, hacen todo lo que les decimos. Bueno, también les pedimos que repasen cuando se dejan algo, como unas manos marcadas». Este viernes se ha sumado otro joven más, Marcos, también de la zona.

Rosa y Joan March representan la tercera generación de dos familias en el hotel Morito. Biel Capó

—Me aburro.

Mustafá Lamtiri, Silvia Castaño, Joan Marc Martín, Araceli Fernández, Tatiana Vargas, Ester Montiel, Silvia Castaño, Lourdes Marchante, Claudia Muñoz y Rosa Sánchez. Biel Capó

—Y necesito proveerme de recursos financieros.

Este es parte de una conversación vía WhatsApp entre Inés y Joan Marc Martín, su hijo menor, cuando empezaba las vacaciones escolares. Tiene 17 años —«demasiados», bromea el susodicho— y estudia Informática. Su madre le ofreció trabajo donde había, en el departamento de camareras de piso. Necesitaban personal en plena temporada alta. Y ahí está desde julio. «En casa es un poco desastre», se sincera Inés. No podía ser de otra manera en la etapa adolescente. «Aquí se ha puesto las pilas, las camareras de piso son sus jefas».

“Son muy ‘apañaos’, hacen todo lo que les decimos", asegura la veterana Araceli Fernández

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Como Joan Marc, Mustafá Lamtiri, también 17 primaveras, está pasando el verano convertido en kelly. El futuro electricista aprovecha las vacaciones para ganarse su primer sueldo.

«Quería trabajar de ayudante de cocina, pero los horarios no me iban bien, con turnos partidos. Vivo en Manacor y viajo en autobús». Por ello Mustafá se ha decantando por trabajar de camarero de pisos. «No me imaginaba cómo sería, hay que probarlo», comenta. En su caso, partía con ventaja: «Mi madre es camarera de pisos y me ha enseñado bastantes trucos».

«La Sub-18»

Mustafá asegura que sus compañeras son «muy majas». «Hoy les ha tocado hacer la salida de una habitación de unos jóvenes; estaba terrible», añade Araceli. Mucho sabe este colectivo de encontrarse faena doble en las habitaciones.

Mustafá Lamtiri partía con ventaja, su madre es camarera de pisos y le ha enseñado "trucos"

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Encontrar kellys no es fácil, y los chicos que viven en los alrededores de Cala Millor están siendo un halo de aire fresco en el equipo de mujeres. Igual que Claudia Muñoz, otra de las benjaminas llegadas este verano. «Yo les llamo la Sub-18», apunta Inés por la lozanía de las últimas incorporaciones.

Joan Marc es «uno más» en la plantilla» asegura su abuela, Britt Marie Eriksson. No le vale eso de ser el hijo de la dueña para escaquearse de las tareas. Britt Marie, la madre de Inés Batle llegó a Mallorca en 1966, «cuando las suecas estaban muy cotizadas», dice con sorna. Vino para hacer un curso de guía turística y a aprender castellano con el objetivo de convertirse en intérprete. En su camino se cruzó Antonio Batle y aquí se quedó a hacer su vida, y en el hotel Morito, un establecimiento de los pioneros del turismo, abierto en 1965 y al cien por cien propiedad de la familia Batle desde 1971.

Britt Marie ha sido durante muchos años la responsable de llevar el departamento de camareras de piso, una de las patas imprescindibles en un hotel porque si a un cliente le toca esperar un poco más de la cuenta a que le sirvan en el bar «nada pasa, pero en la limpieza de una habitación no puedes saltarte nada».

Los camareros de piso Mustafá Lamtiri quita el polvo y Joan Marc Martín repasa el suelo en una habitación del hotel Morito, en Cala Millor, Mallorca

«Más entradas y salidas»

Inés y su madre rememoran cómo ha ido cambiando el tipo de turista que llega a Mallorca: «Antes los clientes eran más tolerantes, el ambiente más familiar en las que eran sus únicas vacaciones del año. Ahora hay más entradas y salidas». Hasta los años ochenta «las llegadas eran lo sábados y los martes, cuando las camareras trabajaban hasta las siete de la tarde y el resto de los días se iban al mediodía» continúa Britt Marie. «Ahora ni sabes cuándo van a llegar».

Los protagonistas de estas nuevas incorporaciones, los kellys del Llevant, son jóvenes vecinos del destino turístico que aún están estudiando y en sus vacaciones, desde finales de junio hasta mediados de septiembre, completan la plantilla del hotel cuando más falta hace. «Este es el futuro», considera Britt Marie o «Maria Victòria», como bautizaron los mallorquines a la sueca. Es cierto que en la hostelería española todavía es inusual encontrarse con camareros de piso, pero muy común en los hoteles del Caribe o en las tripulaciones de los cruceros.

«Una minoría», por ahora

«Todavía son una minoría», reconoce Sara del Mar García, presidenta de Kellys Unión Balear. «Yo solo conozco un par que está en nuestros grupos», agrega la líder del colectivo en el archipiélago. Dice estar «encantada» de las incorporaciones masculinas en un trabajo que «si está feminizado es porque no hay casi hombres».

Queda clarísimo que reina muy buen rollo en el equipo de limpieza de los establecimientos Morito, compuesto por 17 trabajadores. «Tienen mucha flexibilidad y conciliar no es un problema», explica Inés. «Hay un mercadillo de intercambio de días libres», apunta sonriendo su madre.

En el reparto del trabajo son ellas las que deciden qué les toca a hacer a los kellys. Araceli aprovecha el metro ochenta de altura de Joan Marc, a quien conoce desde que nació, para que le eche una mano con las terrazas — «yo soy chiquita»—. «A mí me riñen el que más», bromea el joven.

«De aquí a unos años habrá muchos camareros de piso», vaticina Araceli. «Ya se está notando», agrega Rosa Sánchez. Ella, como Joan Marc, es la tercera generación que trabaja en el hotel Morito, su abuela fue gobernanta. 

«Yo me siento más joven» trabajando con los kellys, confiesa la veterana Araceli.

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