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Diario de Mallorca

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OPINIÓN

El remate a un buen trabajo de aduanas

El yate 'Tango'.

El mundo está en guerra. Las imágenes de los cadáveres desperdigados por las calles de Bucha son la factura del régimen que apadrina el yate Tango, propiedad disfrazada de Viktor Vekselberg, oligarca ucraniano para redondear el cinismo. Los secuaces de Putin han de participar a su escala de los sufrimientos a que han condenado a millones de inocentes, por no hablar de la inflación europea.

Los secuaces alimentan a subsecuaces, escondidos bajo ampulosos títulos. Se han batido con renovados bríos para que el Tango se librara del cerco de la incautación materializada ayer. Los lacayos de Putin también tienen las manos manchadas de sangre, y mucho dinero pagado en billetes para secarlas con esmero. Acostumbrados al imperio de su voluntad incluso cuando gobierna la izquierda, no contaban con un puñado de funcionarios que han impedido a la mallorquina una fuga del palacio flotante.

La incautación del Tango remata un excelente trabajo de Aduanas. Lo señores Lobo que dominan Mallorca no pudieron repetir la treta de Barcelona, donde facilitaron la huida de los yates de oligarcas a puertos cálidos. ¿Quién sirvió los miles de litros de gasolina en una cadena de camiones que abastecen a estos gigantes, y que el milagro de la guerra transforma en sangre?

La interposición de obstáculos administrativos para fijar el Tango en Palma constituye una excelente llave de judo. A saber, se aprovechan las maniobras de ocultación de la propiedad de Vekselberg para dilatar el procedimiento, bajo el argumento inapelable de que nada está claro en la titularidad del monstruo marino.

Trabas burocráticas contra las tramas mafiosas, la fiscalía anticorrupción española ha reconocido en escritos oficiales que lo primero que hacen los siloviki o colegas de Putin es comprarse un abogado y un asesor fiscal, ligados íntimamente a sus clientes. Son los famosos enablers o conseguidores, que se creen por encima del bien y del mal. Pero ahora estamos en guerra.

El Tango, sin navegar más lejos, se encuentra radicado en las mismas Islas Vírgenes Británicas donde el oligarca Alexei Mordashov ocultó su paquete de referencia de acciones de TUI, una maniobra que suspende el aliento del turismo mallorquín. La esencia del capitalismo es la propiedad privada de las cosas. Sin embargo, el mismo Estado que con su alcance infinito puede y debe entrar en la cuenta corriente de un ciudadano para cobrarse una multa de tráfico, se paraliza inerme ante mansiones y barcos de envergadura. Por si se necesitan más ejemplos de que la riqueza no es igual para todos. Ahora que nos domina el lenguaje bélico, los yates de un centenar de metros como el Tango son navíos de guerra. Y en eso estamos.

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