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Diario de Mallorca

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Cartulina morada | Robert Magnum Sarver

No ha sido ESPN quien ha destapado las interioridades de Sarver, ha sido el mismo propietario del Real Mallorca quien abrió la caja de Pandora

Robert Sarver, dueño del Real Mallorca.

Al parecer Robert Sarver usa condones Magnum. Para los inexpertos en el tema, les diré que se trata de preservativos extra grandes (yo lo he buscado, tampoco lo sabía). Esas interioridades, y siempre según ESPN, no las ha descubierto nadie, sino que ha sido el propio empresario de Arizona el encargado de hacerlas públicas a bombo y platillo por los pasillos de su franquicia, en una reunión de trabajo o en los prolegómenos de un partido de sus Phoenix Suns. Esa es solo una, y seguramente la menos fuerte, de todas las historias que destapó el pasado jueves el canal estadounidense sobre el actual propietario del Real Mallorca. Dime de qué presumes y te diré de qué careces. La entidad mallorquinista ha decidido mantenerse al margen y no pronunciarse sobre un tema que ya le ha estallado en las manos. El único que sí ha dicho la suya es Andy Kohlberg, amigo de Sarver, mano derecha en sus negocios y presidente de la entidad mallorquinista. Y coloco las acepciones sobre el extenista en este orden con conocimiento de causa. Porque si las acusaciones se demuestran, la NBA obligará a Sarver a vender y LaLiga también debería obligarle a hacer tres cuartos de lo mismo. Si el empresario de Arizona se deshace del Mallorca, no tengan ninguna duda de que Kohlberg, como amigo, socio y presidente, abandonará el barco de su mano y el club, que llevaba tantos años en una supuesta calma institucional, volverá a estar en el ojo del huracán, si es que no lo está ya.

Un precedente ‘ejemplar’ El Mallorca ya vivió un episodio muy parecido al acontecido con Sarver

Les voy a recordar una historia que ocurrió en julio de 2010. Josep Pons, por aquel entonces presidente del Real Mallorca, convocó una rueda de prensa en un hotel de Palma, alejado de Son Moix, en la que se defendió por la denuncia de acoso sexual interpuesta por una empleada de la embajada española de Viena, donde él era embajador. El club tan siquiera le dejó defenderse en su casa, no querían que la imagen de Pons se relacionara con la de la entidad mallorquinista. El Consejo de Administración de aquel Mallorca, solo dos meses después, cesó al diplomático de su cargo alegando «pérdida de confianza». Es verdad que Josep Pons, quien finalmente fue absuelto del caso, por aquel entonces solo era una imagen en el club y no ostentaba el poder que tiene hoy en día Sarver, pero con la rápida reacción de aquel Mallorca se aparcó esa historia en el cajón del olvido silenciando cualquier ruido. Hoy, de demostrarse las acusaciones al magnate estadounidense, la entidad debería rápidamente buscar la llave de ese cajón y abrirlo para archivar un nuevo caso.

«Tonterías» las justas En una entrevista no necesito que nadie supervise mis preguntas

Hace solo unos días acudí a las instalaciones deportivas de un club de la isla para realizar una entrevista. Desconozco cuántas personas son necesarias para supervisar las preguntas que allí realicé, pero hubo momentos en los que hasta cuatro, incluido el entrevistado, quisieron ser partícipes del momento. Entiendan que es una situación incómoda para el que hace las preguntas, incómoda para el que las responde, incómoda también para el involucrado en las respuestas e incluso para el que ya no pinta nada en las mismas pero le come el afán de protagonismo. «Tonterías» las justas. 

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