¿Qué es la muralla renacentista de Palma, cuyos vestigios han emergido en el socavón de las Avenidas y las obras de plaza de España?

Se empezó a construir en 1551 por el temor a las invasiones turcas, tenía doce baluartes que protegían todo el perímetro de Palma, su derribo supuso el inicio de la ciudad moderna y sus lienzos solo se conservan en la fachada marítima, del Baluard del Príncep al de Sant Pere

Miguel Vicens

Miguel Vicens

La muralla renacentista de Palma o el quinto recinto amurallado, como también la han denominado los historiadores, cuyos vestigios emergieron el 28 de febrero en socavón de las Avenidas o ahora en las obras de reforma de la plaza de España, empezó a construirse en el siglo XVI para proteger la ciudad de las incursiones turcas, que se hicieron frecuentes en todo el Mediterráneo tras la pérdida de Constantinopla de 1453, y en Mallorca proliferaron especialmente durante las primeras décadas del siglo XVI, causando el pánico entre la población, con las famosas incursiones en Valldemossa, Sóller y Pollença.

Como ha escrito el cronista de Palma, el historiador Bartomeu Bestard, hacia el año 1550, tras la insistencia de los jurados del Reino, se convenció al rey para que en Palma se construyese un nuevo recinto amurallado, una defensa moderna, preparada para resistir los nuevos embates de un ataque con artillería pesada".

Según apunta Bestard, "se trataba de hacer un nuevo recinto con poderosos muros en talud reforzados con baluartes. Años antes de tomar esa decisión, se habían mejorado las murallas del frente del mar, tanto con la construcción de los bastiones, como con el arreglo de sus antiguos muros de época islámica. Ello tuvo como consecuencia -explica- que las obras de la nueva fortificación se centrasen en primer lugar en los lienzos de tierra adentro, dejando el tramo marítimo para la última fase de construcción del nuevo recinto, a excepción de sus dos baluartes que la flanquean: el baluard de Sant Pere y el del Príncep, que sí se levantaron al principio del proyecto. Por tanto, si las murallas y baluartes del interior se construyeron durante la segunda mitad del siglo XVI y todo el siglo XVII; la fachada marítima se inició durante las primeras décadas del siglo XVIII, alargándose toda la centuria", recuerda el cronista de Palma.

Las murallas renacentistas de Palma se iniciaron en 1551 y estaban compuestas por doce baluartes que protegían todo el perímetro de la ciudad. Durante el siglo XVIII y XIX la ciudad fue creciendo en población. Pero por órdenes de la época no se permitía construir fuera del recinto amurallado, lo que provocó que las nuevas demandas de construcción se llevaran a cabo en el interior del recinto, con los problemas de sobrepoblación intramuros y sus consecuencias sanitarias derivadas: contaminación de agua potable o infecciones por la concentración de grandes cementerios en las iglesias.

Estos problemas provocaron la necesidad de expandir la ciudad fuera de las murallas, con las autoridades y una gran parte de la población impulsando ese derribo que empezó por el lienzo del Passeig Sagrera. Sin embargo, no se acabó con los problemas y se propuso de nuevo el derribo del resto de las murallas. 

En 1902, el rey Alfonso XIII firmó la Real Orden concediendo el derribo de las murallas y la puesta en marcha del plan Calvet, el que inicia el desarrollo de la Palma moderna, dejando solo en pie las murallas de la fachada marítima, del Baluard del Príncep al Bastió den Berard y el Baluard de Sant Pere.

El 28 de febrero el hundimiento del asfalto en la Avenida Compte de Sallent por las abundantes lluvias y el colapso de una tubería de aguas residuales provocó un socavón que dejó al descubierto  un lienzo de la muralla que cerraba el foso exterior del antiguo Bastió de Santa Margalida, cuyos restos llevaban enterrados 111 años.

Plano de Antonio Garau con la ciudad amurallada en 1644

Plano de Antonio Garau con la ciudad amurallada en 1644 / Diario de Mallorca

Lo mismo sucedió en el año 2003 tras el derribo de Can Segura, el edificio de Gaspar Bennàssar que fue sede de Aceites Balle, donde se hallaron restos del Bastiò de Santa Margalida en las obras del nuevo inmueble. Y la constructora, tras el control arqueológico del Consell de Mallorca, fue finamente compensada con más alturas por integrar los restos en el interior del nuevo edificio.

Cuando se construyó la muralla renacentista en el siglo XVI, el Bastió de Santa Margalida integró la puerta del mismo nombre por la que entró en Palma Jaume I en 1229.