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Jose Jaume

Desde el siglo XX

José Jaume

Vuelve la dialéctica de los puños y las pistolas

En vísperas de la inapelable victoria de las derechas en Madrid, las enteras Españas se ven envueltas en espiral peligrosa, la de la violencia, por ahora latente

Vuelve la dialéctica de los puños y las pistolas

Las etapas se cubren metódicamente: se empezó por la descalificación del acceso de las izquierdas al Gobierno, primero considerando fraudulenta la moción de censura que desalojó a Mariano Rajoy (procedimiento impecablemente constitucional), después estimando ilegítimas las consecutivas mayorías electorales cosechadas por el PSOE de Pedro Sánchez. Primera etapa cumplida: Gobierno ilegítimo, golpista y hasta criminal. Conviene recordar lo que Pablo Casado dijo en los inicios de la pandemia. Hasta dónde fue capaz de llegar. Nos hemos adentrado velozmente en la segunda etapa en el proceso que las derechas requieren preciso para obtener el control del poder; para ellas, si no lo ostentan, todo vale en la consecución del objetivo de derribar a los zarrapastrosos que detentan lo que consideran suyo por inmutable designio. El caso es que estamos en situación no prevista. El paralelismo lo podemos anticipar en lo ocurrido con el asalto al Capitolio de Estados Unidos por las turbas azuzadas por Trump. Aquello se fue de las manos. Desaparecieron los cortafuegos salvándose la situación por la inmensa fortaleza exhibida por las instituciones norteamericanas, por la potencia de su bicentenaria Constitución, enmendada cuantas veces ha sido preciso. La derecha española no es capaz de entenderlo. Lo que ensayamos aquí es algo similar, que, además, guarda inquietante memoria, la del fascismo español, la Falange, que adoctrinaba en «la dialéctica de los puños y las pistolas».

De momento estamos en fase teórica: las cartas con munición recibidas por un ministro del Gobierno, el de Interior Grande-Marlaska; la directora general de la Guardia Civil, María Gámez, y el líder de Podemos, Pablo Iglesias, pretenden ser ensayo, en pizarra, de lo que es factible que se desate cuando la situación requiera dar el salto definitivo, pasar a la tercera etapa, la que tiene desembocar en alteración profunda de la actual aritmética parlamentaria. ¿Dónde estaremos si nos las vemos con un cisne negro (acontecimiento imprevisto en economía) como el del Capitolio norteamericano? La radicalidad alcanzada hace plausible que no suceda nada o que entremos en un pozo sin fondo definido. En Madrid, el alto funcionariado del Estado, los denominados poderes fácticos, diseñan (ensoñaciones) escenarios que nos devuelvan al cómodo bipartidismo, eliminando la que coinsideran excrecencia abominable: Podemos; después llegará el momento de succionar amigablemente a Vox y reducir a sus justos términos a las restantes opciones a la izquierda del PSOE. De Ciudadanos no hay que preocuparse mientras persista en reclamar el centro, siempre y cuando serlo signifique respaldo incondicional a la derecha, tener vedado ensayar alternativa de centro izquierda. Lo que pudo haber sido y no fue al estar dirigido el partido por el neofalangista Albert Rivera, recalado en las playas del PP con sus conmilitones a la espera de la rendición formal de Inés Arrimadas. Una de las suyas.

El cisne negro se está materializado, ha envenenado a la política sin remedio. Los diseños madrileños son ficciones irrealizables: España es algo mucho menos descifrable de lo que creen, de lo que aspiran que sea. Los puños y las pistolas son todavía ejercicio en las pizarras, pero, insistamos, el escenario se ha dispuesto de tal suerte que pueden aparecer: Vox avanza imparable en el proyecto que cala profundamente en el PP. Atiéndase a lo que ha dicho su portavoz Martínez Almeida, atrabiliario alcalde de Madrid por la anuencia de la extrema derecha y la inmensa estulticia de Ciudadanos, que tiene en la vicealcaldesa Villacís magnífico ejemplo en la práctica de la imposible equidistancia.

Si ocurre lo irreparable, nos encomendaremos a Europa, rogaremos que las potencias celestiales nos cojan convenientemente confesados.

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