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Ya está aquí Chat GPT, la inteligencia artificial que cambiará la educación (y muchas cosas más)

El sector docente tendrá que replantearse cómo evalúa a sus alumnos ante la irrupción del ‘chatbot’ GPT, capaz de generar en segundos textos claros de cualquier tipo, temática y estilo

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Para la mayoría de los ciudadanos la inteligencia artificial es aún un concepto lejano, futurista, que asociamos a películas de ciencia ficción y a robots con forma humanoide. Pero hace tiempo que la inteligencia artificial (IA) forma parte de nuestro día (por ejemplo, en el filtro de spam del correo electrónico o en ese chat al que te remiten las aerolíneas para pedir información o gestionar incidencias). La IA ya está presente en nuestras vidas y más que lo va a estar.

Chat GPT es una IA que ha eclosionado en las últimas semanas. Es tremendamente fácil de utilizar ya que únicamente hay que registrarse con un mail y un número de teléfono y después ya se le puede preguntar cualquier cosa, obteniendo respuestas rápidas y con un estilo claro y coherente. Esta IA es capaz de ofrecer al usuario textos de todo tipo (técnicos, literarios, de análisis), con reflexiones y conclusiones incluidas o con algún estilo determinado. Todo, en cuestión de segundos. Y, de momento, gratis.

El éxito ha sido tal, que en la última semana el sistema ha quedado colapsado por la altísima demanda.

Como explica Xavier Varona, profesor de la UIB que imparte la asignatura de Inteligencia Artificial en el grado de Ingeniería Informática, este chatbot va un paso más allá de Google. Si el buscador te selecciona, ordena (según su criterio) y ofrece diferentes webs donde está la información que le has pedido, a Chat GTP directamente le puedes pedir qué quieres y él compila la información y la analiza y sintetiza y te da una única respuesta en forma de texto.

Varona matiza que realmente no es que la máquina cree un texto y llegue a conclusiones propias sino que aprende de lo que hay en internet (noticias, blogs...) y de ahí coge las reflexiones que luego ofrece: «No razona, copia lo que más veces se ha repetido». La IA se nutre también de la interacción con los usuarios (es decir, que ahora mismo está creciendo día tras día). Aunque Chat GPT te ofrece una única respuesta, siempre «se cura en salud», razona el profesor, «y te especifica que puede haber otras opciones». Asimismo, la empresa impulsora, Open IA, ha puesto filtros para evitar preguntas con fines negativos (por ejemplo, cómo hacer una bomba) y también sesgos (sexistas, raciales...).

El docente, que la semana pasada participó en la jornada sobre IA organizada por el Cercle d’Economia, cree que este tipo de implementaciones «van a cambiar» mucho las cosas en muchos ámbitos, como en su día hizo Google. Y uno de los escenarios claros en los que se verá el impacto es en el de la enseñanza; si ese impacto será positivo o negativo dependerá, como todo, de cómo se utilice.

El profesor Xavier Varona durante su intervención en la jornada sobre IA organizada por el Cercle d’Economia la semana pasada. | C.E.M.

Una cuestión que inquieta a los docentes es el fraude académico, que entra en una nueva dimensión por encima del ‘copiar y pegar’. ¿Pueden los profesores verificar de alguna forma si una redacción es obra del alumno o de la IA? “Hay varias formas de verificar si una redacción es de un humano o de un robot. Una forma es comparar la redacción con las publicaciones anteriores del autor. También se puede evaluar la redacción en función de la estructura y la coherencia del contenido. Finalmente, se puede realizar una prueba de lenguaje para determinar si el contenido está escrito en un estilo humano o robot”.

Ésta es la respuesta que ha dado el propio Chat GPT en una entrevista que le hizo el diario La Vanguardia la semana pasada.

En el primer curso del grado de Informática de la UIB ya han detectado que algunos alumnos han utilizado la IA para realizar trabajos y programas. Lo notan porque «son demasiado perfectos» para ser obra de alumnos de primer curso.

Con todo, señala Varona, la actual versión de Chat GPT tiene sus limitaciones y cree que los programas antiplagio también servirán para detectar si un estudiante entrega un trabajo confeccionado por la máquina (otra cosa será qué pasará cuando OpenIA lance GPT4, la próxima versión que la empresa ha anunciado que supondrá un gran salto cualitativo).

sentido han publicado varios artículos sobre el ciberplagio. Uno de los investigadores, Rubén Comas, se encarga de dar una formación al inicio de curso a los profesores nuevos sobre esta cuestión, y en otras cosas ya les advierte sobre las posibilidades de la IA para cometer fraude académico (ya no hablamos de plagio ya que estrictamente hablando no se copia a nadie).

En la lucha contra el plagio, señala Comas, las instituciones académicas han tardado, pero ya se han puesto las pilas con normativa (la Ley de Convivencia Universitaria de 2022 da por fin un marco legal para sancionar esta práctica); con campañas de sensibilización y formación del alumnado; y con herramientas antiplagio.

Una de las líneas de investigación del grupo de Educació i Ciutadania (EIC) de la UIB es la integridad académica y los usos sociales y educativos de las TIC, y en este

Pero, indica Comas, «quien quiera engañar, engañará». Comprará un trabajo a alguna de las empresas que se dedican a ello, traducirá el texto para burlar los programas de detección o usará GPT. Por eso, este profesor de la facultad de Educación defiende: asumir que los alumnos usarán este tipo de herramienta y enseñarles a hacerlo con criterio, además de replantear cómo se les evalúa: no encargarles un trabajo y ya, sino hacer un seguimiento del proceso; diseñar tareas que les motiven; cambiar los trabajos de curso en curso (hay profesores que igual hace diez años que encargan exactamente lo mismo); vincularlos a la actualidad y buscar la manera de comprobar que ha habido un aprendizaje (algunos docentes apuestan por el examen oral mientras que él por ejemplo les pide una videodefensa de su propuesta, para comprobar que ha habido un razonamiento).

Tanto Comas como Varona creen que no tienen sentido tratar de combatir el uso de la IA, hay que asumirlo, integrarlo en el aprendizaje y enseñar a los estudiantes a usarlo con espíritu crítico (sin olvidar, por ejemplo, que es el producto de una empresa).

En los institutos también hay profesores (pocos, la mayoría aún no conoce esta IA) que ya están mentalizados de que sus estudiantes la usarán y que será necesario prepararse para ello.

Xavier Serra, profesor de Filosofía en el IES Francesc de Borja Moll de Palma, ya toca el tema de la IA en sus clases. De hecho, una de las situaciones de aprendizaje (el nuevo modelo organizativo que trae la LOMLOE) que ya ha aplicado en 3º de ESO trata sobre la película Inteligencia Artificial, de Steven Spielberg.

Xavier Serra, profesor de Filosofía en el Borja Moll. DM

Además, siempre le gusta exponer a los alumnos los postulados del filósofo Nick Bockstrom, uno de los pensadores más influyentes en este campo que cree que la IA es uno de los principales riesgos a los que se enfrenta la humanidad.

“Es un tema filosófico de primer nivel y debatimos sobre él, y tanto yo como los alumnos nos movemos entre la esperanza y el miedo a lo desconocido y al mal uso”, concluye el docente, que en el caso de Chat GPT ve que puede usarse para copiar pero también puede servir «para inspirarse, orientarse, buscar respuestas y luego a partir de ahí seguir investigando”.

¿Chat GPT, y los sistemas similares que vendrán, cambiarán el mundo tal y cómo lo conocemos? «Es posible que la tecnología que utiliza GPT pueda ser utilizada en aplicaciones que puedan tener un impacto en el mundo, pero esto dependerá del uso que se le dé a la tecnología y cómo se implemente en la práctica». Adivinen de quién es esta respuesta.

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