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BOULEVARD

Boulevard | Quien ama a Mallorca, no la promociona

Es intolerable que el Nobel sudafricano Coetzee escriba en su último libro que «Ella lo lleva a almorzar a Fornalutx», que será abreviado en «lo lleva a almorzar a F.» para no promocionar a nadie

Así era el paisaje hoy más cotizado de Mallorca en los años sesenta, por si necesita averiguar el precio de la promoción.

Soy un nómada digital a promocionar por Cort, pues ahora mismo estoy a bastantes kilómetros de casa, cerca de la Platja de Palma y esta página ha sido tramitada digitalmente aunque ustedes la sufran en papel. En cuanto a la utilidad del millonario dispendio, el autor de Yo, Antonio Garau M. recuerda en su autobiografía que el protohotelero Miguel Codolá le repetía:

-Señálame a un solo turista, uno solo, que haya venido a la isla atraído por el Musical Mallorca.

Lo mismo vale para Michael Douglas, Reyes o tenistas. Pretender que Mallorca los necesita equivale a imaginar que sobrevivirán a las piedras de la isla. Lo único que ha conseguido el socialcomunismo es degradar la talla de los sufragados bajo la patraña de la promoción. Aunque suene aventurero, un nómada digital es un señor que se va con el ordenador a otra parte, su relevancia intelectual o paisajística marcha por debajo de las lagartijas que vuelven a proliferar este verano.

Para un político, solo hay algo peor que no resolver las necesidades de sus conciudadanos, y es crear necesidades inexistentes. Tras pagar millones de fondos públicos a los magnates del Real Mallorca, el siguiente paso lógico de la ultraizquierda era subvencionar a influencers, nómadas digitales y demás plagas. Por si a alguien le interesa, a continuación se anunciará la participación de la megainfluencer Tamara en los mitines del Pacte.

Al fin se desenmascara la ubicua promoción turística como una actividad criminal, que conduce a la saturación y a la sustitución de mallorquines por extranjeros o gentrificación. Ahora bien, traer a más gente es la única excusa de las instituciones poco imaginativas para malgastar fondos ajenos. Por tanto, habrá que montar una manifestación al grito de «Quien ama a Mallorca no la promociona». Reclamemos el último sacrificio a los nativos en pro de la isla, no se la cuentes a nadie.

En aplicación de la doctrina de proteger a Mallorca de la promoción, es intolerable que el premio Nobel sudafricano J.M. Coetzee escriba en su recién publicado El polaco que «Ella lo lleva a almorzar a Fornalutx, no al pequeño restaurante íntimo que ella y su esposo frecuentan, sino a uno pegado a un hotel que un siglo atrás fue la residencia de una eminencia local». Censurado, se escribirá «lo lleva a almorzar a F.», sin promocionar nada.

Mallorca es una palabra maldita, sácatela de la boca si quieres salvaguardar su contenido. Los manirrotos disfrazan su promoción salvaje de «desestacionalización» o «cambio de modelo». Falso, porque no hay sustitución sino adición. Se guardan mucho de retirar el turismo basura o los viajes de estudios a veinte euros la noche, los parásitos digitales se limitarán a incrementar la nómina inflacionista. A propósito, cuando tropiece con un parvenu de la denuncia de la saturación, exíjale que especifique de cuántos turistas anuales estamos hablando. O que calle para siempre.

Antes de redecorar la Platja de Palma con nuevos mamíferos, hay que despedir a los vigentes. Y si a Cort le angustia quedarse sin competencias, le bastaría con limpiar y acallar el entorno playero, cada vez hay más palmesanos sometidos a músicas indeseables y otros reguetones durante 24 horas al día. En cuanto al Govern, cuántos siglos necesita para que surta efecto su voluntarioso Decreto contra el turismo de borrachera, como si hubiera otro.

En Mallorca, toda promoción es inmobiliaria. Lo advertirán gráficamente en la imagen que hoy nos ilustra, que debemos a Fotos Antigues d’A. Así de boscoso era el paisaje más cotizado de la isla en los años sesenta, por si alguien necesita conocer el precio de promocionar un territorio. El domingo pasado defendimos con éxito la función higiénica de los atascos, pero parece excesivo pagar para promocionarlos.

Se inaugura el Ocine Premium Porto Pi, y allá que nos vamos para degustarlo. Las butacas ofrecen un lujo inusual en Palma, que deberán imitar otros multicines aunque los pies extendidos quedan a la altura de la nuca del contrario. El problema radica en el acceso al paraíso. En mi sesión, una sola cola estática para un solo empleado que debe recibir la petición de película, tramitarla, cobrarla, recibir la petición de chuchería, tramitarla y cobrarla. Mi dilema es que, por respeto a los trabajadores, no hago colas.

Reflexión dominical adaptativa: «Si quieres que un equipo de Primera juegue al nivel de Segunda B, basta que lo inscribas en esa categoría, la viceversa es falsa».

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