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Diario de Mallorca

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Lletra menuda

Lletra menuda | Huéspedes en tierra de subsistencia

Una promoción de viviendas en Palma. M. Mielniezuk

Permanecemos enganchados a la cola de las infraestructuras y servicios básicos por falta de recursos y financiación. Qué lejos quedan aquellos tiempos en los que Balears marcaba la pauta del PIB y del crecimiento económico aceptable. El reclamo según el cual se vive bien en Mallorca queda desterrado. Ahora el reto es subsistir y para hacerlo no queda más remedio que ser imaginativos y prácticos.

En consecuencia, si usted aspira a disponer de piso propio en la isla en la que vive y trabaja, lo mejor es que se vaya una temporada fuera y tras un tiempo prudencial vuelva con apariencia de extranjero y supuesto poder adquisitivo. Después, ya veremos cómo se salda el monumental descuadre entre camuflaje y realidad. El bienestar en Mallorca es ficticio y a lo sumo ocasional para clientela foránea.

Las cifras que aporta el Colegio de Aparejadores en cuanto al visado de vivienda nueva en el primer semestre de este año son demoledoras. Las construcciones plurifamiliares se desmoronan y se sumergen en un descenso del 40% mientras la oferta pública está lejos de poder atender a la demanda y solo crece el visado de chalés y adosados, preferentemente en el litoral, para destinatarios con poder adquisitivo superior a la media. Ante ello, la única vía de escape parcial está en la reforma de hoteles y casas de segunda mano. La temida recesión en economía general ya está aquí en cuestión de vivienda, entre otras cosas porque al Govern no se le espera en política específica sobre la materia a un año de las elecciones, se ha frenado la inversión privada y los costes de material no pueden saciarse. La vivienda es un derecho constitucional pero no hay juez que persiga su carencia. Ante ello, solo queda la hospitalidad en tierra propia.

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