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Opinión

«Hace mucho que no te metes conmigo»

Gabriel Escarrer Juliá: «Soy un apasionado del turismo, lo llevo en la sangre»

La primera vez que vi a Gabriel Escarrer fue en el hemisferio sur, con motivo de la inauguración en Nusa Dua del Meliá Bali que el hotelero considera «el momento clave del inicio de nuestra internacionalización». El presidente indonesio Soeharto asistió satisfecho a la ceremonia en 1984, el mallorquín danzaba a su alrededor como el perfecto anfitrión.

Nunca he visto a Escarrer revoloteando alrededor de Fidel Castro, pero tengo las pruebas de que fue asesor muy privilegiado del líder cubano. Un magnate afincado en Mallorca ensayó una inversión en La Habana, y muy pronto se dio cuenta de que el pulgar que iba a señalar hacia arriba o abajo estaba movido por los hilos del mallorquín.

Escarrer no vota castrista, aunque fue amigo muy significado de la socialista Margarita Nájera, antes de abandonar el Consolat de Francesc Antich con cajas destempladas tras comparar al president con Franco. Mi vida es el título óptimo para un libro del hotelero, protagonista absoluto de su biografía. No solo se ha hecho a sí mismo, ha hecho a sí mismo a los demás.

Con Escarrer, todo se juega en el terreno personal, de ahí una afinidad con Castro que hoy confiesa abiertamente. Con la misma energía empleada para pedir la cabeza del periodista, se le acerca para reprocharle meloso que «hace mucho que no te metes conmigo». Pugna en todos los terrenos por la primera plaza que ha logrado en la industria de los forasteros.

Miguel Fluxá fue el primer hotelero mallorquín con un avión privado (y tal vez el único que ha votado al PSOE), Barceló fue el primero en traspasar los poderes a la siguiente generación, Riu el primero con una mujer al frente, Escarrer el primero en salir a Bolsa para adelantarse a todos su competidores. Hoy no lo haría, porque la empresa y la familia son la misma cosa aunque la empresa vaya por delante. De ahí que procediera al doloroso sacrificio del primogénito Sebastián, impopular entre ejecutivos y empleados frente a la proximidad por entonces del ungido Gabriel Junior.

Avanzada su carrera triunfal, el presidente Escarrer se presentaba de madrugada y de improviso en sus hoteles del Paseo Marítimo, para vigilar la marcha del negocio sobre el terreno. El problema de Mallorca no es la herencia del emperador del turismo de masas, sino la ausencia de un treintañero impulsivo y dominador, que acometa la regeneración de la isla con el mismo ímpetu desarrollado por el original. Faltan candidatos a escribir Mi vida así que pase medio siglo.

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