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Golpe de Estado en Mallorca

Luis García Ruiz y Mateo Torres Bestard fueron los militares que protagonizaron la represión contra los republicanos al triunfar el golpe de Estado procediendo a la detención y posterior fusilamiento de más de 2.500 personas

Los facciosos tomaron posiciones  en Telefónica, Correos y puntos neurálgicos de Palma.

Los facciosos tomaron posiciones en Telefónica, Correos y puntos neurálgicos de Palma.

El calor que se abatía sobre Mallorca el 19 de julio de 1936 venía acompañado de negros presagios: dos días antes se había sublevado el Ejército acantonado en el protectorado español en Marruecos. Los militares llamados africanistas iniciaban el golpe de Estado contra la República que, de hecho, llevaban preparando desde su proclamación el 14 de abril de 1931. La conspiración se aceleró tras la victoria electoral del Frente Popular en febrero. El 18 de julio la sublevación se propagó por la península fracasando en Madrid, País Vasco y la cornisa mediterránea triunfando en Galicia, las dos Castillas y algunas ciudades andaluzas. En Mallorca las noticias eran recibidas con alarma y estupor. Qué iba a suceder se preguntaba la gran mayoría de la población. La tensa calma que se vivía en la isla fue el preludio de lo que se desencadenó 24 horas después, el 19 de julio.

El día anterior el comandante militar de Balears, general de división Manuel Goded, garantizó al gobernador civil Antonio Espina, gran amigo del presidente de la República Manuel Azaña, que los militares destinados en las guarniciones de Mallorca y las demás islas se mantenían fieles a la legalidad republicana. Espina ingenuamente creyó en la palabra dada por el general negándose a dar armas a las organizaciones afectas al Frente Popular, que en tensa reunión celebrada la víspera en Gobierno Civil, inútilmente las reclamaron para enfrentarse a la que consideraban segura asonada.

Una imagen de Palma tras los bombardeos.

Los cabecillas de los sediciosos, en la noche del 18 de julio y madrugada del 19, se habían concentrado en el palacio de la Almudaina, sede de la comandancia militar, y en el Círculo Mallorquín (hoy sede del Parlamento balear) dispuestos a salir a la calle con las primeras luces del día. Todo estaba dispuesto: la conspiración incluía, en su trama civil, a la práctica totalidad de los partidos de las derechas: monárquicos de Renovación Española, Carlistas y CEDA, además del fascista Falange Española, fundado por el hijo del golpista de 1923 José Antonio Primo de Rivera, preso en la cárcel de Alicante. Goded no perdió tiempo: al alba las tropas salieron a la calle ocupando Correos, Telefónica, estación del tren y procediendo a la clausura de los partidos del Frente Popular. El bando militar promulgado de inmediato no dejaba lugar a dudas sobre los propósitos de los golpistas: «Resuelto a mantener inflexiblemente mi autoridad y el orden, será pasado por las armas todo aquel que intente, en cualquier forma, de obra o de palabra, hacer la más mínima resistencia al Movimiento Salvador de España».

El gobernador civil Antonio Espina, amigo de Azaña, se negó a entregar armas al Frente Popular

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Las detenciones de destacados republicanos se iniciaron de inmediato: Emilio Darder, que había sido alcalde de Ciutat; Alejandro Jaume, diputado en las Cortes Constituyentes republicanas por el PSOE; Roses, Mateu, Ques e interminable lista de los considerados desafectos acusados de «auxilio a la rebelión», sarcasmo con el que los golpistas eliminaron a quienes defendieron o se mantuvieron leales a la legalidad constitucional republicana. La represión, propiciada esencialmente por Luis García Ruiz, teniente coronel de Ingenieros, y Mateo Torres Bestard, oficial amigo del general Franco, fue implacable contabilizándose hasta 2.500 fusilados en las semanas posteriores al 19 de julio. Las partidas de falangistas fusilaron a mansalva, sin ni tan siquiera promover parodias de consejos de guerra sumarísimos. Las detenidos fueron internados en el castillo de Bellver, cuartel de Illetes, y Can Mir, edificio que hoy alberga al cine Augusta donde una placa recuerda que fue centro de detención. Un policía, Barrado, se encargó de organizar las «sacas» de republicanos para ser fusilados en las cunetas y arrojados en fosas comunes. El escritor católico francés George Bernanos, residente en Mallorca, escribió, en Los grandes cementerios bajo la luna, «aquí fusilan como si talaran».

El golpe se impuso por la tremenda decisión del gobernador Espina de no armar al Frente Popular.

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