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Rafel Jordà: «Podrían controlar la subida del nivel del mar»

«Con un solo satélite ya obtendrías información muy valiosa aunque debido a la rotación deberías lanzar varios para tener más datos»

Jordá, el mallorquín que pone el espacio a tu alcance B. Ramon

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Jordá, el mallorquín que pone el espacio a tu alcance Iñaki Olaizola

Ingeniero aeronáutico. Sus nanosatélites tendrían múltiples aplicaciones en Mallorca. Jordà apunta algunas: Desde saber cuántos almendros están muriendo a causa de la ‘Xylella’ fastidiosa a evaluar el impacto de los incendios en la Serra.

¿Qué empresas u organismos podrían estar interesados en sus satélites?

Tres tipos de clientes. Instituciones científicas interesadas en, por ejemplo, monitorizar todo el campo magnético de la tierra; empresas de telecomunicaciones que quieran proveer de conectividad a áreas remotas o clientes que simplemente quieran obtener datos de imágenes que les proporcionarían las cámaras de alta resolución de nuestros satélites.

Póngame algunos ejemplos prácticos sobre qué utilidad podrían tener para gestionar algunos de las amenazas y problemas de Mallorca.

Podrías controlar los almendros, saber con precisión cuántos de ellos se están muriendo a consecuencia de la Xylella fastidiosa. O comprobar efectos del cambio climático como la subida del nivel del mar y la desaparición de las playas. O evaluar los impactos de los incendios en la Serra o las consecuencias de la desertificación.

¿Con uno solo de sus satélites sería suficiente?

Con un solo satélite ya obtendrías información muy valiosa, pero debido a la rotación de la tierra pasaría unas tres veces por semana por el punto del que quieres obtener información. Para conseguir más datos habría que lanzar varios.

No es una inversión muy elevada... 

No, costaría entre uno y cinco millones de euros con una vida útil de entre 3 y 4 años. Es una inversión asequible para empresas, Gobiernos, comunidades autónomas. Se podría crear software para desarrollar los datos obtenidos y dar mejor servicio. O controlar como está la red de carreteras y mantener la infraestructura de manera más eficiente. O también controlar el urbanismo. Saber con precisión dónde y cómo se está construyendo y si se están respetando las normas urbanísticas. Otras aplicaciones podrían ser el control de los recursos hídricos o los vertidos de desastres naturales.

¿Por qué montó Open Cosmos en el Reino Unido?

Por las ventajas y ayudas que suponía. En el Reino Unido se impulsó como estrategia el sector espacial, se convirtió a esa industria en el pilar fundamental de su economía. Así que me fui para allí y monté la empresa. Empecé a vender dispositivos de electrónica a la Agencia Espacial Europea con finalidades educativas.

Diseñan, fabrican, lanzan y operan sus satélites, explíqueme el proceso.

Tras el diseño, los construyes en salas blancas, sin partículas de polvo, y luego compruebas su resistencia y que la electrónica funciona. Le sometes a un test de vibraciones y a pruebas de telecomunicaciones, cómo radia y el funcionamiento de la antena.

¿Y para lanzarlo?

Recurres a una de las 15 compañías lanzadoras operativas en el mundo. Las hay de la Unión Europea, estadounidenses , rusas, chinas, indias... Normalmente, una lanzadora suele llevar un satélite grande y unos diez pequeños.

Por último, ¿cómo los manejan?

Tenemos el software de operaciones y con él damos instrucciones al satélite desde un ordenador convencional porque todo nuestro sistema está en la nube.

¿Cuántas personas trabajan en Open Cosmos?

Unas 50, aunque ahora estamos en plena expansión.

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