Iglesia de Mallorca

Salinas, Murgui y Úbeda, los tres obispos que precedieron a Taltavull

El menorquín Sebastià Taltavull es el nuevo obispo de Mallorca, confirmado oficialmente, después de un año al frente de la Diócesis

20.09.2017 | 14:05
Javier Salinas, antiguo obispo de Mallorca junto a su sucesor Taltavull

El menorquín Sebastià Taltavull (Menorca, 1948) ha sido confirmado oficialmente como obispo de Mallorca, después de un año al frente de la Diócesis, tomará posesión del cargo en una ceremonia en la Seu el próximo 25 de noviembre. Mientras tanto, Taltavull continuará como administrador apostólico y como obispo auxiliar de Barcelona.

Cronológicamente, si miramos al pasado, recordando la trayectoria de los últimos obispos de la larga lista que han pasado por nuestra isla, podemos conocer qué significaron para la Iglesia en Mallorca los últimos obispos desde Teodoro Úbeda, obispo que rigió durante más tiempo la diócesis mallorquina, hasta la actualidad.

Teodor Úbeda Gramage (Ontinyent, 1931- Palma, 2003) fue nombrado obispo de Mallorca en abril del 1973, diócesis en la que permaneció hasta su fallecimiento en 2001, a los 71 años de edad. En aquel momento, Úbeda se convertía en el obispo más joven de España y con un futuro eclesial muy prometedor. Sin dejar de ser Obispo auxiliar de Eivissa, Úbeda es designado Administrador Apostólico de Mallorca.

Fue reconocido con numerosas distinciones, entre ellas la Gran Cruz de la Estrella Polar que le concedió el Rey de Suecia en 1984. En 1995 su localidad natal de Ontinyent le nombró Hijo Predilecto de la ciudad, y en 1998 la ciudad de Palma le concedió la Medalla de Oro de la ciudad por guiar la comunidad católica de la isla durante treinta años.

Además, fue un pastor atento a su entorno, durante su vida eclesiástica, se preocupó de los pobres, estrechó lazos ecuménicos y fue crítico con los insolidarios. Le tocó liderar la iglesia mallorquina en un momento en el que empezó a cernirse una grave crisis económica mundial, que también alcanzó la isla a causa de la disminución del turismo. En esa situación, el Obispo intentó ayudar a los más perjudicados, especialmente los parados. Y esa fue una constante. Durante sus treinta años como obispo, permaneció atento a las coyunturas laborales, sociales y económicas que sucedieron. La Mallorca misionera fue para él, con la que visitó en diversas partes del mundo, un punto de atención y preocupación constante.

Quedan testimonios en su denuncia de la falta de sensibilidad social de los "nuevos ricos" y en los últimos tiempos recordó a los católicos de Mallorca la necesidad de financiar su Iglesia, a la vez que recuperar y mantener su patrimonio. Reclamando la paz, con motivo de la reciente guerra de Irak, acompañó a los jóvenes por las calles de Palma. Mantuvo vínculos estrechos con la Familia Real española, mostrando con los Reyes la Seo, en varias ocasiones, a visitantes egregios, presidentes de repúblicas y altos dignatarios extranjeros.

Teodor Úbeda practicó un activismo cultural y un compromiso cívico evidente: estuvo siempre en primera línea en las manifestaciones contra el terrorismo, salió a la calle a favor de la autonomía y la lengua catalana.
Ya en 1975, en tiempos de la dictadura, reclamó en una carta "La responsabilidad de los cristianos en la promoción de nuestra lengua y cultura". Promovió la traducción catalana de la Biblia y el Nuevo Testamento y redactó cartas pastorales contra la destrucción del territorio y la solidaridad.
En los años noventa, solicitó a Roma la segregación de los obispados de las Baleares de la Provincia Eclesiástica de Valencia. En 1993 fue elegido presidente de la Comisión de Pastoral de la Conferencia Episcopal y trabajó en las de Migraciones, Misiones y Apostolado Seglar.


A Teodor Úbeda le sucedió Jesús Murgui nombrado obispo de Mallorca en diciembre de 2003 y tomó posesión en febrero del año siguiente. El mandato de Murgui pasó sin pena ni gloria. Sus partidarios alabaron su discreción. Sus detractores le tildaron de apocado y alejado de los problemas de la diócesis.

Jesús Murgui (Valencia, 1946) tras tomar posesión de la cátedra episcopal, el 21 de febrero de 2004, fue consciente de que su antecesor, también valenciano, caló hondo no solo en la diócesis y no sería fácil superar el listón.

En la puesta en escena de su primera eucaristía en la Seu pronunció su primera homilía en castellano y catalán, lo que confirmó los malos augurios a los sectores mallorquinistas –clero incluido–, que siempre sintieron próximo a sus postulados al malogrado Úbeda.

Durante un mes y medio, el prelado conoció de primera mano las comunidades de las parroquias y visitó los conventos y monasterios de vida contemplativa que se encuentran en el centro de Ciutat. "Mi ilusión y mi trabajo llevan el nombre de Mallorca", sostuvo Murgui.

A Monseñor Murgui, según sus seguidores, se le recuerda como un máximo pastor de la Iglesia mallorquina que apenas se anunciaba. Escasamente concedió entrevistas a medios de comunicación locales, algunos lo achacaron a su timidez extrema. Otros, como el Vicario judicial de la diócesis, Nadal Bernat, en su momento, defendieron que el obispo "sí tiene pensamiento propio, solo que lo expresa a través de sus homilías y sus pastorales".

Murgui se dejó acompañar por su compañero de estudios en Teología, el vicario general Lluc Riera, y se convirtió en su aliado necesario, lo que le sirvió al mallorquín para colocar a sus hombres en los puestos clave de la jerarquía eclesiástica.

Durante el paso de Murgui, era complejo encontrar a un presbítero mallorquín que no sonriese sarcásticamente al preguntarle su opinión sobre el obispo.

Jesús Murgui condenó el aborto y el matrimonio homosexual. Algunos de sus fieles esperaban que censurase los comportamientos inmorales de las decenas de políticos mallorquines implicados en casos de corrupción.

Le faltó temperamento para regir una diócesis como la mallorquina. "El cargo le viene grande", fue la conclusión reinante. De hecho, no tuvo demasiada experiencia en menesteres episcopales, a pesar de su gran formación. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), se licenció en Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca y se doctoró en esta misma disciplina en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Sin embargo, al clero mallorquín le disgustó que optara por hacer dejadez de sus funciones, permitiendo que fueran Lluc Riera y su camarilla, "los verdaderos amos de todo", los que dirigieron el día a día de la diócesis, y decidieron los nuevos destinos de los rectores cual peones de un tablero de ajedrez.

Y ante cualquier petición de ayuda mundana, la respuesta de su Pastor fue siempre la misma: "Rece mucho, rece mucho".

El clero fue consciente de la intensa dedicación y del excepcional esfuerzo del obispo Murgui durante ese periodo para "iluminar" con sus enseñanzas y directrices a los hombres y mujeres de Mallorca.

Durante esos casi nueve años de estancia en Mallorca desarrolló un plan de acción evangelizadora diseñado para encauzar los esfuerzos de ese conjunto meritorio de curas que, en los pueblos y ciudades de la isla, estaban quemando sus vidas "con pocos medios humanos y materiales" para transmitir la fe y para reforzar en los mallorquines y en los emigrantes los valores del Evangelio.

Murgui se volcó en diversas obras que él consideró prioritarias, como por ejemplo Cáritas (suya es la frase "primero son las necesidades de los pobres que los tejados deteriorados de las iglesias") e intentó así hacer realidad aquella idea que él expresó en su primera alocución en la Seu de Mallorca, en febrero de 2004: "Hoy no soy yo quien toma posesión de la diócesis de Mallorca, sino que es Mallorca la que toma posesión de mí".

En 2012 Jesús Murgui  se marchó a Orihuela para sustituir al obispo de Alicante tras su jubilación.
Como consecuencia, el Papa Benedicto XVI nombró a monseñor Javier Salinas Viñals nuevo Obispo de Mallorca, una decisión que el nuevo prelado calificó de "gesto de confianza del Santo Padre". Para él, liderar la iglesia mallorquina "era como volver a casa" ya que desempeñó funciones de obispo en Ibiza en 1992.

Javier Salinas (Valencia, 1948) clausuró con una eucaristía el Congreso de Evangelización en el que previamente, el vicario episcopal para la Evangelización, Antoni Vadell, disertó sobre el drástico cambio que ha vivido la religiosidad. El prelado defendió la "presunción de inocencia", mientras, presidió la Misa Dominical en la iglesia de Sant Antoni Abat de sa Pobla, lugar donde la comunidad cristiana fue más reacia a que su rector Joan Pons fuera apartado por un presunto caso de abusos sexuales denunciado por un joven de 32 años. Salinas no leyó la carta que remitió a sus sacerdotes. "Simplemente mi presencia es un testimonio para acompañaros en este momento difícil", indicó.
El prelado quiso que su viaje a sa Pobla fuera una muestra de la firme decisión de apartar a los clérigos bajo sospecha de abusos. Sabía que en el municipio había contestación y en vez de leer la carta se personó para oficiar la homilía.

Javier Salinas auguró que el nuevo Papa, Francisco I, ayudaría a "nuestra cultura occidental, a veces tan marcada por otros problemas, a vivir de una manera más sencilla el Evangelio".

La controvertida relación entre monseñor Javier Salinas y la que fue su secretaria, Sonia Valenzuela, fue el desencadenante de su destitución como obispo de Mallorca
Y el Vaticano nombró como sustituto a Sebastià Taltavull.

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