Cuando miremos atrás, 2022 será recordado como un año especialmente turbulento para la industria tecnológica. Del intenso toma y daca entre Twitter y Elon Musk, que ha terminado con el magnate al frente de la red social, al hundimiento de las criptomonedas, este año ha sacudido profundamente el mercado, apuntando a un cambio de tendencia. Aún así, el florecimiento de nuevas innovaciones como la Inteligencia Artificial (IA) están abriendo la puerta a nuevos negocios.

Resumimos en siete claves qué ha pasado este año y qué rumbo está tomando un sector cada vez más crucial y con mayor impacto en nuestras vidas.

Frenazo de las grandes tecnológicas

Tras dos décadas de un crecimiento sostenido sin precedentes, la industria tecnológica ha sufrido este 2022 un importante revés. Los dos últimos años, el sector no solo logró esquivar el impacto de la pandemia, sino aprovecharse del forzado avance de la digitalización para seguir creciendo hasta cuotas nunca vistas. Sin embargo, después de la fiesta llega la resaca. Las malas perspectivas económicas y la caída de la inversión en publicidad, especialmente a partir del segundo trimestre del año, han golpeado a las grandes empresas tecnológicas. La ralentización de su negocio se ha traducido en caídas drásticas de su valor. La capitalización de Snap se ha desplomado un 81%; Meta (propietaria de FacebookInstagram WhatsApp) un 64%; Amazon un 49%; Alphabet (propietaria de Google Youtube); Microsoft un 30% y Apple un 26%.

Este revés en sus cuentas ha llevado a una ola de despidos. En lo que va de año, más de 1.000 empresas tecnológicas de todo el mundo han despedido a unos 152.730 empleados. Meta ha recortado 11.000 puestos de trabajo y Twitter ha purgado a más de un 60% de su plantilla. El haber sobrevalorado sus perspectivas, las compañías han acabado apuntando a un cambio de rumbo en el que se han reducido drásticamente las inversiones en personal y nuevos proyectos para pasar a focalizarse en la eficiencia.

Elon Musk enciende Twitter

La compra de Twitter por parte de Elon Musk ha sido, sin duda, una de las noticias del año. Y lo ha sido por todo el drama que ha acarreado consigo. En abril, la directiva de la plataforma y el magnate tecnológico llegaron a un acuerdo de venta por 44.000 millones de dólares (unos 41.000 millones de euros), un precio muy por encima de su valor real. A pesar de ello, no paró de criticar públicamente la red social, golpeando su valoración en la bolsa. En julio, el polémico empresario anunció que daba marcha atrás, un incumplimiento del pacto que llevó a Twitter a denunciarle. El juicio debía empezar en octubre, pero las altas posibilidades de una derrota le llevaron a acatar el acuerdo.

Con Musk al mando, Twitter se ha convertido en un espacio caótico y frenético. En las primeras semanas, echó a los principales directivos de la compañía y purgó a casi un 60% de la plantilla, con denuncias de no respetar los derechos de los empleados de por medio. A los que han quedado les ha obligado a ceñirse a una política laboral "extrema"–según sus propias palabras– con largas jornadas que incluso obligan a los trabajadores a renunciar a su vida personal y dormir en las oficinas.

Generar dinero siempre ha sido un punto flaco de Twitter. Musk ha querido cambiar eso lanzando dos veces el plan de suscripción Twitter Blue, que, entre otras cosas, ofrece el pin azul de verificación a quienes paguen. La primera vez tuvo que cancelarlo porque hubo una oleada de suplantaciones de identidad de muchas empresas que les llevó a sufrir una crisis de marca. El 12 de diciembre se activó de nuevo ese plan con mejoras, aunque también ha sido muy criticado.

La desmantelación de equipos completos que se dedicaban a la moderación del contenido ha llevado a un aumento de los discursos de odio. También tiene que ver el hecho que Musk haya desbloqueado las cuentas de radicales de extrema derecha (entre ellas, la del expresidente Donald Trump) o que haya dejado de penalizar la desinformación sobre el covid. Sin una estrategia clara, Musk ha optado por gobernar Twitter de forma impulsiva y errática, bloqueando las cuentas de periodistas críticos, de usuarios que rastreaban los vuelos de su jet privado o prohibiendo que se compartan enlaces a redes sociales de la competencia. Todo ello le ha valido críticas incluso de sus aliados.

Año horrible para las criptomonedas

Si 2021 fue el año del 'boom' de las criptomonedas, 2022 ha sido el de su colapso. En noviembre del 2021, el Bitcoin superó los 56.000 dólares de valor. Hoy es de tan solo 15.000. En los últimos 12 meses se ha desplomado casi un 63%. Y eso que se trata de la divisa virtual de mayor prestigio, confianza y reputación. ¿Qué ha pasado?

Este año, el prometedor cripto mercado se ha convertido en un invierno. En mayo, la moneda Luna pasó de ser una de las diez más valoradas del mundo a hundirse. De la noche a la mañana pasó a no valer nada, dejando tirados a miles de inversores y arrastrando a otros proyectos. La caída en picado del mercado ha arrasado a grandes prestamistas como Celsius Network, fondos de cobertura como Three Arrows Capital y, especialmente, FTX, una de las mayores plataformas de 'trading' del mundo. Su fundador, el joven Sam Bankman-Fried, de tan solo 30 años, ha pasado de ser millonario a estar en bancarrota, de ser venerado en portadas como el ideólogo de un nuevo mundo a ser arrestado y acusado de uno de los mayores fraudes de la historia reciente.

Los 'criptobros' prometían que 2022 sería un año para seguir acumulando riquezas, pero en su lugar han arruinado a millones de inversores en todo el mundo, que denuncian las 'malas praxis' seguidas por los gigantes de un sector que se tambalea. En un año, el mercado de las criptomonedas ha visto como se le esfumaban más de 2 billones de dólares. Las perspectivas para 2024 no son mejores.

Eclosión de la Inteligencia Artificial

En el mundo tecnológico, 2022 será recordado por la eclosión de la llamada Inteligencia Artificial generativa, eso es, aquellos sistemas capaces de crear cualquier tipo de imágenes o textos en base a las peticiones de sus usuarios. Aunque no son nuevas, en los últimos meses se han lanzado modelos cada vez más avanzados como DALL-EChatGPT Stable Diffusion que han fascinado a los usuarios, popularizando la IA como un juego más allá del nicho tecnológico. La capacidad creativa de estos programas es fascinante y abre la puerta a transformar el arte, aunque también presenta algunos riesgos relacionados tanto con su veracidad como el impacto que puede tener entre los artistas que viven de sus creaciones.

TikTok marca el camino

Mientras las grandes empresas tecnológicas se han visto afectadas por las turbulencias macroeconómicas, TikTok ha ido por otro camino. La plataforma de vídeos de la compañía china ByteDance sigue siendo la aplicación más descargada del planeta y su popularidad va a más, siendo cada vez más usada incluso como buscador de información. Así, tiene previsto alcanzar los 1.800 millones de usuarios a finales de 2022, lo que supondría un récord de crecimiento. También apunta a multiplicar sus beneficios hasta los 10.000 millones de dólares, lejos de los 3.880 millones generados el año pasado.

La influencia de TikTok es abrumadora. Las grandes plataformas han visto su auge y especialmente su popularidad entre los más jóvenes como una amenaza. Y es que algunos estudios apuntan a que en 2027, TikTok ya ingresará más por publicidad que Facebook, Instagram y Youtube juntas. Así, esas tres plataformas han optado por copiar su modelo de vídeos cortos. Esta apuesta por el entretenimiento y el surgimiento de otras 'apps' como BeReal apuntan a un cambio de tendencia de las redes sociales.

Sin embargo, no todo son alegrías para TikTok. Y es que, en paralelo a su auge, también crece la preocupación de ciertos países como EEUU sobre su influencia. Washington ya se ha movido para prohibir el uso de la 'app' entre los funcionarios del Gobierno. El año que viene esa tensión puede ir a más.

Crece la ola regulatoria

La primera década de los 2000 fue la del nacimiento y apogeo de las grandes compañías tecnológicas. Tras ver el impacto político, económico y social que han tenido su crecimiento y prácticas sin control, la segunda década es la de la regulación. 2022 ha vuelto a evidenciar esa tendencia de las autoridades por poner coto a los excesos de los gigantes de la industria.

La UE ha aprobado dos medidas pioneras en ese sentido: la Ley de Servicios Digitales (DSA), que los obligará a combatir el contenido de odio y la desinformación, a limitar el uso de datos de los ciudadanos y a ser más transparentes, y la Ley de Mercados Digitales (DMA), que buscará frenar sus prácticas anticompetitivas y abuso de poder.

En EEUU, ambos partidos apoyan tener una regulación más fuerte para combatir las prácticas monopolísticas, defender la privacidad y frenar los ciberataques, sin embargo se encuentran divididos sobre cómo limitar el poder de las 'Big Tech'. Aunque la presión y las acusaciones contra esas grandes empresas no ha parado de crecer, Washington ha adoptado pocas medidas para regularlas.

¿Y el metaverso?

A finales de octubre de 2021, Facebook anunció que pasaba a llamarse Meta. En pleno escándalo por su impacto sobre la salud de los menores, la red social pasaba a apostarlo (casi) todo por la construcción del llamado metaverso, un internet inmersivo en 3D. Ese giro ha disparado la popularización de un término hasta entonces reservado a la ciencia-ficción. A lo largo del último año, empresas de todo tipo y administraciones públicas lo han explotado para tratar vender productos que aún quedan muy lejos de lo que prometen.

Más allá de las altas expectativas, los resultados son escasos. Se calcula que Meta ha perdido unos 10.000 millones de dólares este año en su división destinada al metaverso, idea que podría tardar cinco, 10 o 15 años en materializarse. La semana pasada, una eminencia en ese campo dejó la compañía denunciando que funcionaba con "la mitad de eficacia".

Aún así, la compañía seguirá aprovechando sus ingentes beneficios para financiar esta apuesta personal de Mark Zuckerberg. Y no es la única. MicrosoftGoogleSamsung e incluso Apple competirán para tratar de hacerse con el control del emergente mercado de los dispositivos de Realidad Virtual y Realidad Aumentada.