Violencia de género

Unas quejas por ruidos destapan dos casos graves de violencia machista en Barcelona

La Guardia Urbana localiza a una mujer explotada sexualmente y a otra maltratada y recluida durante 14 años | "Es importante que tengamos ganas de fijarnos en los detalles", explica un agente

Servicio de Atención a la Víctima (SAV) de la Guardia Urbana de Barcelona.

Servicio de Atención a la Víctima (SAV) de la Guardia Urbana de Barcelona.

Gisela Macedo

Aunque recientemente Barcelona se ha puesto las pilas para mejorar la atención de las víctimas de violencia machistaque se deciden a denunciar, con la inauguración de dos nuevos Servicios de Atención a las Víctimas (SAV) en comisarías de la Guardia Urbana; no hay que olvidar la gran infradenuncia existente en estos casos: “Las mujeres normalmente no denuncian por miedo, desconocimiento de sus derechos o dependencia económica”, asevera la subinspectora de la Guardia Urbana Gemma Alfonso.

Por eso, en muchos casos son los propios agentes que patrullan, o incluso los ciudadanos, los que tienen que hacer el “esfuerzo” de mirar más allá para detectarlos, por lo que toda la plantilla de la Guardia Urbana ha recibido una formación específica de más de 50 horas para encontrar situaciones de maltrato ocultas a simple vista.

Un caso de proxenetismo

Un caso de este tipo fue el que se encontró el agente O. R. de la Guardia Urbana de Barcelona: “Nos llamaron por una molestia de ruido en Horta, como tantas otras, e inicialmente no le dimos más importancia. Nos personamos ante la casa en cuestión y nadie respondía a la puerta. Ya no había ningún ruido. Nos encontramos con una vecina y, al preguntarle si había algún vecino que molestaba, se mostró visiblemente incómoda. Ella miraba hacia la casa, pero no quería hablar. Hicimos ver que nos marchábamos, pero le señalamos que nos quedaríamos esperando al final de la calle. Unos minutos más tarde, la mujer apareció en el lugar, tirando la basura y, sin detenerse, dijo muy nerviosa que en esa casa el hombre pegaba a la mujer, y también a su perro. Que se oían gritos". La señora no dio más detalles y se fue rápidamente, pero los policías consiguieron ese hilo del que tirar.

“A partir de esta información", relata O. R., "vimos que era un posible caso de violencia de género. Se hicieron esperas de paisano, pero la mujer y el hombre siempre salían juntos. No había manera de conseguir hablar con ella. Al final, los compañeros dieron con la forma de contactar con el padre de la víctima y, a través de él, pudieron comunicarse con ella". Al final resultó que la mujer estaba siendo prostituida, y que el hombre era un proxeneta que la controlaba suministrándole drogas para hacerla más dependiente. Finalmente, pudieron ponerla a salvo.

Una denuncia por ruidos en Horta terminó revelando un caso de proxenetismo

El propio agente reconoce que, en otros tiempos, quizás no habrían detectado este caso. “Recientemente hemos hecho unos cursos para detectar indicadores de alerta cuando aparentemente no pasa nada. Un indicador, en este caso, eran las caras de la vecina. Antes se trabajaba de otra manera, si se acudía al sitio por unas molestias y no se podían comprobar, muchas veces la cosa se quedaba allí. Es importante que tengamos ganas de fijarnos en estos detalles”, explica el agente entrevistado por EL PERIÓDICO, del grupo Prensa Ibérica.

"Antes, si se acudía al sitio por unas molestias y no se comprobaban, la cosa se quedaba allí". Agente de la Guardia Urbana de Barcelona

14 años maltratada y recluida

Otros indicadores de alerta son los comportamientos de la presunta víctima y del hombre. Una actitud desafiante y poco colaborativa por parte del hombre, o un comportamiento sumiso y temeroso por parte de la mujer pueden indicar que allí hay donde rascar. El caporal Gómez recuerda bien un caso de este tipo, y lo describe como "el más relevante” en su trayectoria sobre violencia de género.

De nuevo, fue a raíz de una denuncia por ruido en un bloque de pisos: "Resultó extraño, porque iba dirigido a una vivienda donde había dos personas que aseguraban que no habían hecho nada, pero que cada dos por tres recibían visitas de la policía por quejas de vecinos, y que estas visitas siempre coincidían con cuando escuchaban a una pareja de vecinos discutir y gritar", relata Gómez.

La patrulla, desconcertada, fue a hablar con el piso requirente, pero nadie abría la puerta. Tras insistir, finalmente se asomó una mujer de 69 años diciendo que no pasaba nada, aunque su cara expresaba “mucho miedo”. Seguidamente, y sin que viniera al caso, la mujer les dijo a los agentes: “Acordaos de que el miércoles por la mañana voy a hacerme el padrón”. Ante ese mensaje confuso, los agentes cogieron un acta de padrón y escribieron tres preguntas: "¿Tienes miedo ahora? ¿Estás amenazada? ¿Necesitas ayuda?". Se las mostraron y la mujer asintió en silencio. Mientras, los policías podían escuchar la respiración del agresor, un hombre de 44 años, que vigilaba desde el otro lado de la puerta entreabierta. 

Los agentes se las ingeniaron para preguntar a la mujer necesitaba ayuda ante la vigilancia del maltratador

Con esa información, los agentes decidieron entrar al domicilio para arrestar al hombre. Poco después, volvieron a llamar a la puerta diciendo que la mujer "tenía que firmar el acta del padrón". Inicialmente, se resistieron a abrir de nuevo la puerta. “Fuimos pesados y, al final, ella se asomó. Le dijimos que tenía que salir para firmar y, cuando lo hizo, entramos a detener al hombre”, narra el caporal.

Aquella señora llevaba 14 años sufriendo maltratos. “Le hizo de todo. Auténticas barbaridades. Le había agredido muchísimas veces sexualmente y la tenía retenida en casa. Solo le dejaba salir a una hora concreta de la mañana para hacer unas compras y volver a casa”, lamenta el caporal. 

"Le hizo auténticas barbaridades. Le había agredido sexualmente y la tenía retenida en casa". Caporal de la Guardia Urbana de Barcelona.

Tras tantos años de sufrimiento, la mujer estaba visiblemente “muy deteriorada”. Perdió todo el contacto con sus amistades, y también con su familia. En una ocasión, intentó explicar a su hermano su situación, pero no la creyó. También aseguraba que hacía un tiempo había intentado ir a denunciar, pero le aconsejaron que no siguiera adelante porque, supuestamente, no tenía pruebas suficientes. Así, el miedo a que no la creyeran dio paso a más años de malos tratos continuos. 

El romanticismo normaliza la violencia

Explicar a policías y ciudadanos cómo detectar estos casos que no se denuncian se antoja especialmente necesario en un contexto como el actual. En el 2022, los casos de violencia machista en Catalunya incrementaron un 24% en comparación con el 2019. Un aumento que la subinspectora Alfonso atribuye a la “normalización de la violencia”: “Lo vemos también con los menores; esa idealización del amor romántico. El pensar que ‘cambiará’, que ‘quien te quiere te hace sufrir’, esas canciones que dicen que ‘sin ti me muero’... Al final, te pasas la vida oyendo eso e idealizas el sufrimiento”, expone.

Las propias mujeres maltratadas tratan de excusar a sus parejas y no de identifican como víctimas

A menudo se repite la misma historia. Así lo cuenta la experta: “Cuando lo conociste era un amor, súper atento. Pero estaba haciendo un papel. Luego sale el lobo. Llega la primera agresión, y la posterior ‘luna de miel’, en la que él te pide perdón y te reconquista. Tú piensas que es una mala época, lo excusas diciendo que no le va bien en el trabajo... Y eso lleva a que tú misma no te identifiques como víctima". Así, pasan los años y terminas anulada como persona: "Te quedas sin herramientas, no sabes cómo pedir ayuda, y te da vergüenza porque piensas que no te creerán. Por eso, si no tenemos esta perspectiva más amplia, no podemos conectar con ellas”.