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Ataque

Agresión a un técnico de ambulancias en Ibiza: "Pensaba que me mataban"

Toni González narra la brutal paliza que sufrió al atender a un paciente con trastorno mental | Por su parte, el 061 investiga el fallo en el protocolo de actuación, ya que el equipo sanitario debía estar protegido por la Policía en este caso

Toni González, junto a José Manuel Maroto y Pablo Roig. J. A. Riera

Las secuelas de la paliza que recibió el pasado viernes 23 de diciembre en Ibiza son más que evidentes. En sus 30 años como técnico de ambulancias, Toni González ya había sufrido numerosos insultos y amenazas, igual que el resto de sus compañeros. Incluso estuvo seis meses de baja después de que, a principios de temporada, lo arrollara un motorista porque no quería esperar a que el vehículo sanitario cargara al paciente. Fue en Cala de Bou, mientras el médico y el enfermero atendían en una casa a un niño que sufría convulsiones. "Me dijo ¡quítate, gilipollas, que te mato!’ mientras me pasaba por encima", recuerda contrariado. El motorista le fracturó la cadera y escapó, pero pudo denunciarlo porque un vecino reconoció al agresor.

Aún estaba pendiente del juicio por ese caso cuando se encontró con una nueva agresión que, esta vez sí, le hizo temer por su vida y que ha colmado la paciencia de todo su colectivo. El año pasado, se registraron 19 ataques a personal sanitario o de ambulancias en Baleares, un 20% más que el año anterior, pero ninguno de ellos alcanzó las dimensiones que el del pasado viernes.

González llevaba tres días reincorporado a su puesto en la UVI móvil de Sant Antoni cuando, sobre las seis y cuarto de la tarde, tuvo que movilizarse a un domicilio. Los familiares de un enfermo mental de 44 años habían llamado a la centralita del 061 para reclamar asistencia. Tal y como marca el protocolo en los casos de pacientes psiquiátricos, la ambulancia debe estar asistida por la policía.

Toni González, atendido en la ambulancia tras la agresión.

Sin acompañamiento policial

Al recibir el servicio, González preguntó por la presencia de agentes. "Me dicen que la Policía no va porque está tranquilo el paciente", explica González. Llegó con la ambulancia al domicilio, en el centro de Sant Antoni, junto a la médica y la doctora. Aunque van juntos, dependen de estamentos diferentes. Él, como técnico, forma parte de la empresa pública Gestión sanitaria y asistencial de las Islas Baleares (Gesaib), mientras que sus compañeras son personal estatutario del SAMU 061.

Como el vehículo cortaba la calle, solicitó otra vez presencia policial. La enfermera y la doctora subieron hacia el segundo piso desde el que les habían reclamado asistencia y él decidió acompañarles. Allí se encontraban los padres, ambos mayores de 80 años, y una mujer que, por la edad, González cree que era la hermana del paciente. Una familia local, de Sant Antoni de toda la vida. Les comentaron que el enfermo llevaba mucho tiempo sin tomar su tratamiento y se encontraba extraño. No lo veían en la sala.

"De repente apareció de una habitación exaltado. Soltó una patada en la cara a la doctora e iba agredirla más", explica aún con el miedo en la mirada. González pasa a relatar con detalle unos momentos de pesadilla que, entre golpes y estrés, en su mente le parece que se alargaron unos diez minutos: para proteger a la médica, se arrojó sobre el agresor y cayó sobre él, en el suelo. "Estaba completamente fuera de sí y es un hombre fuerte", apunta González. A pesar de tratar de sostenerlo, el paciente le iba dando patadas y puñetazos. Las dos sanitarias escapan a la calle para pedir ayuda. Pese a la edad, los padres se sumaron y empezaron a darle patadas. La madre le partió la nariz a golpe de puntas del zapato. Si trataba de protegerse con sus manos desde el suelo de esas patadas, entonces el paciente desde el suelo volvía a darle puñetazos.

Y cuando volvía a sostenerle los brazos para seguir inmovilizándolo en el suelo, recibía mordiscos en dedos, la barriga o los testículos y quedaba indefenso ante las patadas de los mayores. No tenía escapatoria. Durante la paliza, no recuerda si la otra mujer de la familia estaba presente o se ocultó. En cualquier caso, "no hizo nada por ayudar". También llegó a ver a la madre irse fugazmente dentro de la casa y volver con un objeto punzante que, desde el suelo, no llegó a atinar "si era un cuchillo o unas tijeras".

Escapar como sea

"Pensaba que me mataban. Temí por mi vida", sentencia. Afortunadamente para él, la enfermera regresó al piso. Le estiró del chaleco para ayudarle a levantarse. Mientras bajaban por la escalera, la madre le arrojó una botella o un jarrón que le golpeó en la espalda y un cenicero que le acertó en la cabeza. Aún no estaba la Policía. Se encerró en la cabina de la ambulancia y, a partir de ese momento, se le difuminan los recuerdos. Sabe que le pasaron a la camilla de atrás y que había otras dos ambulancias para atenderle y trasladarle al Hospital Can Misses.

Llegó la Policía Local y la Guardia Civil, que se llevaron a los padres, mientras que el paciente era trasladado, esposado, en otra ambulancia. A pesar de todo el sufrido, la víctima se consuela con que su reacción fue la debida. "Si no llego a estar allí en medio, no quiero ni imaginar lo que hubieran hecho con la doctora".

Fallo del protocolo

Para contar su testimonio, González está acompañado de dos compañeros, el presidente del comité de empresa en las Pitiusas, José Manuel Maroto, y el responsable del comité de salud laboral de Gesaib, Pablo Roig. "Vamos a pedir todas las llamadas para dirimir dónde falló el protocolo [por el que falló la presencia policial] para que esto no vuelva a ocurrir", anuncian.

Desde la gerencia del 061 confirmaron este jueves que se han revisado las grabaciones telefónicas y los partes de este servicio para iniciar una investigación interna. Un portavoz del servicio confirmó que había fallado el protocolo porque, tal y como está establecido en las atenciones a pacientes con trastornos mentales, era obligatorio que allí estuvieran agentes como protección. Este portavoz aseguró que el acompañamiento policial estaba solicitado en el informe, pero ayer por la tarde aún quedaba por dirimir si se trataba de la Policía Local o la Guardia Civil

Para evitar estos casos, Maroto y Roig también elevarán sus peticiones a la Delegación del Gobierno de Baleares. Tal y como recuerdan, los técnicos y el personal sanitario, durante el ejercicio de sus funciones, tienen la consideración de autoridad, por lo que cualquier acto contra ellos supone un delito. «Hay policías que esto no lo tienen asimilado y, cuando nos atacan y amenazan, no se llevan detenido al agresor como lo harían si se lo hicieran a ellos mismos», advierten. Desgraciadamente, cada vez sufren más estas situaciones. "Antes no pasaba de esta manera y cada vez va a peor, parece que hay impunidad. Afortunadamente, Toni [González] lo puede contar, pero esto no puede repetirse", subrayan.

La víctima ha pasado una semana de visitas médicas y deberán operarle la nariz, fracturada por varias partes. También le examina el otorrinolaringólogo por las secuelas que hayan podido quedarle de tantos golpes en los oídos y necesitará intervención maxilofacial. Todo su rostro está cubierto de moratones, sobre todo los ojos. Pero estas secuelas no son las que más le duelen. "Estoy muy mal y necesito atención psicológica. Lo peor es cuando mi hija de seis años me ve la cara y se pone a llorar".

Exigen formación específica para reaccionar a las agresiones

Aunque el caso de la paliza a Toni González ha sido extremo, el colectivo de ambulancias de Ibiza denuncia que, lamentablemente, los insultos y las amenazas mientras están trabajando ya forman parte de su rutina. A pesar de que se trate de emergencias sanitarias, se encuentran con que hay gente que no entiende que el vehículo sanitario debe permanecer junto a un domicilio en caso de emergencia. Igualmente, en el caso de los servicios programados, como recoger a una paciente de hemodiálisis o de rehabilitación, tienen que escuchar improperios y violentarse con bocinazos mientras cargan a esa persona.

"Antes no pasaba, pero en los últimos años ha ido a peor y cada vez es más grave", denuncian José Manuel Maroto y Pablo Roig, del comité de empresa de Gesaib. De hecho, se han llegado a encontrar la ambulancia cambiada de sitio o algún conductor incívico tratando de moverla al bajar del domicilio en el que intervenían.

Por ello, reclaman que el colectivo de técnicos reciba cursos de formación, sobre todo para tratar con pacientes o familiares agresivos y saber cómo repeler los ataques, tal y como ya imparten al personal sanitario. "A nosotros nos dan charlas, pero no una formación especializada", lamentan.


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