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José Antonio Samaranch: "El respeto por los demás y por vosotros mismos es fundamental"

Eldric Sella y Lydia Murungi relatan a los chavales el trabajo de la Fundación y el Equipo Olímpico de Refugiados

Así fue la visita de los representantes de la Fundación Olímpica de Refugiados en Villaviciosa.

Tenían los chavales de una decena de centros educativos de la región el reto de ponerse en el pellejo de quien tiene que dejar su país y su vida atrás. Y marcharse muchas veces solo con lo puesto. Y tenían, además, la encomienda de elaborar un equipaje simbólico con todo aquello que se llevarían, como en su día hicieron los miembros del Equipo Olímpico de Refugiados. Un equipo que junto con la Fundación que lleva el mismo nombre recogerán mañana el premio "Princesa de Asturias" de los Deportes.

La actividad, dentro del programa escolar "Toma la palabra", culminó en Villaviciosa, en el IES Víctor García de la Concha, con una visita del boxeador venezolano Eldric Sella, que participó en los pasados juegos de Tokio. Le acompañaba la coordinadora de la Fundación del Equipo Olímpico en Uganda, Lydia Murungui, y con ambos estaba José Antonio Samaranch, vicepresidente del Comité Olímpico Internacional. Todos ellos pudieron contemplar el esfuerzo de 168 alumnos asturianos plasmado en 65 trabajos expuestos en la biblioteca del instituto maliayo, que también indagaban en la vida de los deportistas refugiados becados para participar en la próxima competición olímpica, que tendrá lugar en París.

De entre todas las obras, una llamó poderosamente la atención de Eldric Sella: una maleta que contenía un mapa, una recopilación de reportajes con sus éxitos al lo largo del mundo y un guante recortado en cartulina que recoge sus principales hitos vitales. Ese es el trabajo que han realizado dos alumnas del IES de Infiesto sobre el boxeador, quien les pidió emocionado que se lo regalaran para llevárselo de recuerdo como un tesoro.

Alea Lozana y Marina Alonso, cuarto curso de la ESO, se quedaron de piedra y también encantadas con la petición. "Por supuesto que se lo damos, menuda sorpresa. No esperábamos que le fuera a gustar tanto", explicaban aún impresionadas con la reacción del boxeador.

Y así, agarrado a la maletita con el trabajo de las estudiantes, Eldric Sella fue el primero en intervenir en un coloquio con los niños de los diez centros que han participado en este proyecto, ante los que relató que se puso en contacto con la Fundación del Equipo Olímpico de Refugiados "por Internet". "Supe que esto existía y probé a ver si me contestaban". De la respuesta a ese correo electrónico a su participación en los Juegos de Tokio parece haber mediado un mundo, pero la clave está sencillamente en que "yo tenía un sueño, me enamoré de lo que quería hacer y lo conseguí, y eso me motiva para seguir luchando", relató el boxeador antes de reconocer algunas curiosidades, como que lo que más le había llamado la atención de la Villa Olímpica japonesa fue "el comedor, con platos de comida de todo el mundo que aún a día de hoy no sé lo que eran".

En el encuentro, presentado por la excapitana de la Selección Nacional de Rugby, Patricia García, también intervino Juan Antonio Samaranch, vicepresidente del Comité Olímpico Internacional. Se encargó de relatar los orígenes de esta Fundación, nacida de la constatación de que, en un mundo cada vez más diverso, "en la Villa Olímpica nos faltaban las personas que habían nacido en otros países pero habían tenido la desgracia de tener que abandonarlos". Y acto seguido llamó a los chavales a "respetar a los demás y respetaros a vosotros mismos dando lo mejor: hay que competir, pero hay que hacerlo con ese respeto hacia el rival y haciéndolo lo mejor posible", apuntó.

Lydia Murungui, coordinadora de la Fundación Olímpica de Refugiados en Uganda, relató por su parte la labor que realizan para ayudar a través del deporte a cerca de 7.000 jóvenes desplazados en aquel país. "Niños como vosotros, pero que llegan a un lugar extraño sin sus familias, sin nadie que los proteja, sin apenas ropa, con un profesor para grupos de 150 alumnos y, con suerte, con una ración de comida al día". Chavales para los que el deporte se convierte en mucho más que una afición, llegando a ser en muchos casos un salvavidas y una herramienta fundamental para la forja de la amistad y el sentimiento de pertenencia de quienes han perdido parte de lo que eran. Y por eso, el premio "Princesa de Asturias" es también para todos los que han puesto en marcha este proyecto "la culminación de un sueño".

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