Lletra menuda: Un desencuentro nada festivo

Llorenç Riera

Llorenç Riera

Las fiestas populares son por naturaleza lugar de encuentro y celebración colectiva. También, por supuesto, signo de identidad del lugar. Para estar vivas y vigentes necesitan dar con el punto de equilibrio que hace pendular su actualidad entre el respeto a la tradición y la adaptación a la época actual. No es fácil, sobre todo ahora que los tiempos andan revueltos y un tanto acelerados, pero eso no puede ser óbice para cumplir con las exigencias de la buena salud lúdica.

Es imposible desligar Sóller de su Firó. No puede hacerse, y mucho menos tras una larga temporada de restricciones que, una vez superadas, abocan a cada pueblo a reencontrarse consigo mismo. Pero hace demasiado tiempo que el Firó de Sóller permanece enturbiado por el fogueo de la disputa entre instituciones y la organización a cuenta del uso de las armas. En estos momentos el humo se ha vuelto tan denso que peligra la continuidad de la misma fiesta. Habrá que despejarlo.

Delegación del Gobierno niega el ‘capricho’ de las restricciones y dice que solo aspira a cumplir la norma, pero al mismo tiempo se declara abierta a la búsqueda de una solución segura. Los colectivos implicados, por su parte, detectan una excesiva intromisión y la incomprensión de la realidad sollerica.

Están obligados a entenderse y a dar con la solución certera y asumible. No hay más. Cierto que la Delegación del Gobierno debe velar por garantizar la seguridad en el uso de las armas, pero tampoco se puede incurrir en la contradicción de que la norma que debe asegurar el buen desarrollo de la fiesta acabe anulándola. Dicen que hay informes técnicos sobre la mesa. Pueden ser determinantes caso de no ser solo de despacho y estar hechos desde la distancia.