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Lletra menuda

El otoño invertido de las plantas

Hace lustros ya que Raimon sentenció en canción, y las torrentades y lluvias anárquicas posteriores han ratificado después, que en éste, su país mediterráneo, no sap ploure.

Subiendo varios peldaños más en la indomesticable escala de anomalías climáticas, ahora comprobamos que tampoco sabe hacer sol y que el termostato de la desbaratada capa de ozono se vuelve estéril a la hora de regular la temperatura.

El resultado es un otoño invertido, un julio en octubre que, entre otras muchas consecuencias, engaña de forma irresponsable a las plantas, les priva del letargo invernal y estresa aún más a la savia de la sequía forzando floraciones imposibles y dando campo libre a las plagas. A árbol débil todo son insectos.

Pero ya no valen refranes ni frases hechas que asignan frutos y cosechas a cada momento preciso del año. Ahora se estilan naranjas sin coloración por falta de frío, forrajes y verduras de maduración acelerada y rebrotes inmediatamente después de la poda de reposo.

A este paso, los invernaderos pueden plegar plásticos. El cambio climático suple su necesidad.

Evidentemente, detrás de todo ello hay un claro perjuicio medioambiental y de sustento para los productores agrícolas. Por supuesto, también una alteración de hábitos y nuevos rasguños para el bolsillo del consumidor.

Todo lleva a pensar que situaciones como la de este año están llamadas a consolidarse como una constante. En buena lógica pues, al sector primario, no le quedará más remedio que aprender a lidiar con ello descubriendo los métodos necesarios para adaptar los frutos al clima inestable visto que es imposible hacerlo al revés.

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