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Retirada la Cruz de los Caídos de Bunyola: la reconversión de los símbolos

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Bunyola retira la Cruz de los Caídos Jaume Mateu Verdera

De las fiestas de Sant Mateu de 1939 a las fiestas de Sant Mateu de 2021 habrá logrado mantenerse en pie la Cruz de los Caídos de Bunyola, dos celebraciones patronales que, evidentemente, transcurren en entornos muy diferentes. No es lo mismo la cruda posguerra inicial que estos tiempos de democracia alterada y pandémica, por muy convulsos que sean ambos. En todo caso, 82 años son demasiados para rendir tributo a los vencedores y menospreciar a los derrotados, sobre todo si se hace con un símbolo cristiano. El único homenaje válido es el de entender que en una guerra fratricida, antes que ganadores y vencidos, solo hay la imposición de unos sobre otros, en detrimento de la vida, la convivencia y la pluralidad. El alcalde de Bunyola dice que la Cruz se retira «para dar cumplimiento a la ley de Memoria Democrática». Supondremos que también por la convicción personal y política de realizar esta operación. De todos modos, en este caso de Bunyola, resulta particularmente significativo el método seguido para realizar la reconversión del símbolo de la discordia antes que de la victoria. Se ha abierto un proceso participativo, del que todavía no se conoce el resultado, para dar forma al monumento de reemplazo y en el tránsito entre el franquismo y la democracia plural, un olivo recuerda, por si acaso, que la paz crece y es savia regeneradora para todos. Los elementos de sustitución de la Cruz deberán responder a los criterios de capacidad de ejecución municipal y compatibilidad con los principios de los grupos integrantes del gobierno local. Está bien este equilibrio entre compromiso del consistorio y participación ciudadana. Que nadie se lave las manos. Solo falta que la buena idea acabe en una buena práctica.

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