Así es el primer kebab berlinés de Palma: "Es una marca mundial, he firmado un contrato para no desvelar la receta"

Kilian Gildenberg y su mujer Sarah conducen cada día desde Cala Millor hasta Ciutat para abrir su restaurante, recién inaugurado junto al Mercat de l'Olivar.

Simone Werner

La cola de gente alcanza los 20 metros y hay que esperar una buena hora para poder pedir. Un lugar no apto para clientes con mucho apetito. Los transeúntes curiosos se paran para ver qué ocurre en los alrededores del Mercat de l'Olivar de Palma. 

El berlinés Kilian Gildenberg y su mujer Sarah han abierto su kebab, el Döliner, a la vuelta de la esquina de la calle Sant Miquel. Allí, anuncia el expatriado, sirven kebabs al estilo tradicional berlinés. El nombre también alude a ello, una mezcla de las palabras Döner y Berliner. 

Excursión al nuevo kebab

Yasmin Guzmán y Ziao Chen van al cercano Colegio Sant Felip Neri. Un par de semanas atrás, vieron la pancarta publicitaria sobre el restaurante con la oferta de apertura (un kebab por un euro). Casi toda su clase terminó haciendo cola. "El kebab está riquísimo. Además, el pan está especialmente crujiente. A diferencia de muchos otros sitios, es triangular", comentan los dos adolescentes cuando por fin tienen el almuerzo en la mano y le dan un bocado. "Volveremos, aunque no todos los días", aseguran. La próxima vez, tendrán que pagar el precio normal, de unos 6 euros, por sus kebabs y, con suerte, no tendrán que esperar tanto para comer como ocurrió el día de la inauguración.

Una apertura con toque alemán

Para hacer frente a las prisas del día de la inauguración, Kilian Gildenberg se hizo acompañar de amigos. El ex futbolista profesional (jugó en el RB Leipzig sub-19) ha cumplido un sueño abriendo su tienda de kebabs en Mallorca. "Vengo de Berlín-Wedding. Allí, uno de cada cinco restaurantes es una tienda de kebabs. La mayoría de mis amigos también tienen uno. Yo como kebab tres veces por semana y creo que el kebab berlinés es una marca mundial. No había visto nuestro concepto antes, especialmente en el centro de Palma", asegura.  

En lugar de pita, como muchos de sus competidores, Gildenberg utiliza pan plano turco original. También hay una versión integral, aunque los clientes dudaban un poco a la hora de pedir el pan de color negro. La carne ("100% ternera"), las salsas y los quesos feta y halloumi también proceden de Berlín. Gildenberg habla maravillas de las salsas. No se le permite decir nada sobre la receta exacta: "He firmado un contrato aparte para esto", subraya este padre de dos hijos. 

Carta reducida

La carta de Döliner es deliberadamente reducida. Por ejemplo, no se puede pedir pizza, como si ocurre en otros establecimientos. Pero si se desea, uno puede pedir patatas fritas como "extra". Además, los vegetarianos tampoco hacen cola en vano: hay una opción de kebab o ensalada con feta o halloumi para ellos.

No todos los ingredientes proceden de la capital alemana: este joven de 31 años compra productos frescos como tomates, cebollas, col lombarda y lechugas en el cercano Mercat de l'Olivar. Los clientes también pueden sentir nostalgia de su tierra al ver la nevera de bebidas: además de Spezi, hay Fritz-Kola, Karamalz y cervezas alemanas. Y, por supuesto, tampoco puede faltar el Ayran. Kilian Gildenberg adquiere muchas de las bebidas de su kebab en el supermercado alemán de Playa de Palma.

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Al segundo intento

Para vender sus kebabs entre 5,90 (Döliner Kebab) y 9,90 euros (Döliner Plate) y las bebidas para calmar la sed, el padre de familia conduce desde Cala Millor hasta Palma casi todos los días. Los Gildenberg viven permanentemente en la costa este desde hace un mes. Antes venían de vacaciones unas seis veces al año. "Siempre quisimos trasladarnos a la isla, pero aún nos faltaba una buena idea de negocio", asegura el propietario, que dirigió el Club L1 de Leipzig durante once años después de terminar el bachillerato y dedicarse al fútbol. Después de que la pareja buscara primero locales en el noreste y el este, pero no encontrara ninguno adecuado, Palma se convirtió en su objetivo. "Hemos mirado 150 propiedades en cinco años", dice Gildenberg. A estos emigrantes les atrajo especialmente el local en el que ahora se ubican por su céntrica ubicación. 

En realidad, el padre de familia había querido alquilar el restaurante hacía más de seis meses. Por aquel entonces, vio un anuncio en Internet y escribió al propietario. Aunque, según el éste, ya había competidores seriamente interesados, por lo que Gildenberg voló rápidmente a la isla. A Sarah también le impresionaron la ubicación y el tamaño del pub. Sin embargo, uno de los competidores se hizo con el contrato y abrió allí una pizzería. Por casualidad, Gildenberg volvió a ver anunciado en Internet el restaurante de sus sueños seis meses después. Esta vez funcionó y le dieron el contrato de arrendamiento por cinco más cinco años. Gildenberg ha contratado a un empleado para su cafetería que puede atender a los clientes en español. Él mismo se ha aprendido al menos las características de las salsas en español: "picante", "de ajo"...