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Pensar, compartir... | Custodiando los recuerdos del Términus

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Iniciado el mercadillo de recuerdos del Hostal Términus organizado por Arca Guillem Bosch

Cuando de pequeña, algún día de uvas a peras, volvíamos a casa en taxi, mi madre le decía al chófer: «A la calle Padre Bartolomé Pou 95 - y aclaraba- frente por frente del Hotel Ensanche».

No fue hasta muchos años después, cuando me enteré de qué significaba esa palabra que daba nombre a aquel edificio esquina con la calle Blanquerna. Por entonces no se enseñaban en las escuelas nociones básicas de urbanismo y mucho menos el de nuestra ciudad. Sabrán que gracias al desarrollismo de las décadas 70, 80 y posteriores, ya no queda rastro del pobre hotel.

Las huellas de los primeros servicios hoteleros en nuestra ciudad se han ido destruyendo y solo en algunos afortunados casos, se han transformado o rehabilitado. Recordarán, quien tenga edad, las tristes pérdidas del Kursaal, en la plaça del Pont o del Hostal Nuredduna, ubicado en Ausiàs March esquina carretera de Valldemossa. Y en la balanza positiva la rehabilitación del Hotel Ciudad Jardín y la reciente recuperación del antiguo Hostal Baleares, con un proyecto respetuoso cuidado al detalle tras la catalogación del inmueble por la insistencia de ARCA.

Pero yo quería hablar del más céntrico, conocido y ahora he comprobado que el más querido: el Hostal Términus. Se trata de un edificio propiedad de Serveis Ferroviaris de Mallorca que se inauguró en 1914 con la intención de ser lo que fue, servicio de albergue a viajeros, relacionados o no con las vías de tren que en su día lo custodiaban.

Gracias a SFM, los sábados de este mayo, por las mañanas, hemos organizado un mercadillo desde ARCA con enseres que quedaban en su interior y que pese a no tener un valor patrimonial indiscutible, sí que merecen disfrutar de una segunda vida en las casas de mucha gente. Desayunar con una taza del Términus, aunque no lo lleve escrito, es una manera de reciclar productos de valor añadido. Un amigo propuso que hiciéramos un listado con las personas que, de manera dispersa vendrán a custodiar en el futuro unos recuerdos que, esos sí, también son Patrimonio. A tanto no hemos llegado, pero sí que estamos recogiendo las experiencias vitales de las personas que las comparten con nosotros y que de manera emocionada se acercan a nuestro puesto junto al edificio para contarlas.

Custodiando los recuerdos del Términus.

El primer sábado, antes de las 8, cuando aún no nos habían abierto las puertas para empezar a sacar los materiales, un joven atisbaba con curiosidad por los cristales. Le informé de que hasta las 9 no tendríamos montada la parada y que, por desgracia, no se podía entrar en el edificio, ya que las obras previas a su transformación en las oficinas de la SFM, habían consistido en catas en diversos lugares para comprobar la estabilidad estructural y era muy restringido el acceso. Él, emocionado, me contó que de niño había correteado por todo el interior, que su padre había sido el recepcionista y había venido a ver si podía llevarse algún recuerdo. Consiguió emocionarme a mí cuando unas horas más tarde me envió una foto del cuadro que había elegido y ya estaba colgado en su casa.

El segundo sábado se acercó otro recepcionista que trabajó en el Términus antes de hacer la mili, en 1989, y sus recuerdos le transportaban a un fragmente de su historia y de la nuestra. Una pareja mallorquina se llevó un ventilador para regalar a un matrimonio francés amigo que vivió el inicio de su romance en ese hotel, mientras que un chico mallorquín de padre uruguayo vino a contarnos cómo su progenitor, 22 años antes, vivió un tiempo en el establecimiento hotelero hasta asentarse.

Van a ser muchas las historias personales de las que vamos a ser depositarios y que haremos lo posible por trasladarles. Reutilizar materiales, conservar las huellas y poner en valor los recuerdos ligados a un edificio que, al ser público, sentimos como nuestro, es el positivo efecto colateral de un trabajo cuyo objetivo es conservar, un poquito, la memoria de los lugares.

Mucha gente nos pregunta qué pasará con los letreros y con las baldosas cerámicas y las hidráulicas que saben que contiene en el interior. Les decimos que nuestra petición ha sido que se recuperen y conserven. SFM le dará una vida distinta al Términus, pero el recuerdo de su historia debe permanecer en él.

Esperemos que las obras empiecen pronto, que sea con el mejor proyecto y que también desaparezcan para siempre las malditas pintadas vandálicas que cubren el bello edificio maltratando nuestro paisaje y provocando rabia e indignación en la ciudadanía. Eso es lo que más nos comentan quienes se acercan a los mercadillos del Términus.

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