Opinión

Ginebra para todos

Es siempre conveniente reconocer las buenas labores e ideas que alguien emprende o patentiza, como decía Harry Truman es sorprendente lo que puedes conseguir si no te importa quién se lleve el crédito de lo conseguido. Y debiéramos concederle ese crédito al eurodiputado por el Reino de España, Carlos Puigdemont, quien nos ha abierto la puerta a solucionar todos los problemas político-sociales que abruman a los españolitos de a pie, acudiendo al sistema de la mediación, correlación, relación internacional en la Suiza de los dineros ocultos, algo tiene el agua cuando la bendicen. Sin perjuicio de que ese crédito deberá compartirlo con otro servidor del estado, Pedro Sánchez, quien considera que cuando dos no se entienden lo mejor es que un tercero les acompaño en ese intento y tal parece que ese tercero debe ser de importación, por aquello de que lo comprado fuera parece que viste más.

Nos han hecho ver que existe solución a todo en el extranjero, dada la admitida inoperancia de nuestros propios nacionales métodos de resolución de conflictos, algo así como el bálsamo de fierabrás de todas las complicaciones que no acorralan. Ya no habrá discrepancias políticas o sociales sin solución, ni huelgas, salvajes o civilizadas, insolubles, ni manifestaciones reivindicativas, violentas o pacíficas, ni tan siquiera se dará que los que gobiernan en cualquier lugar de la geografía patria, no puedan ni tan siquiera mantener una conversación con alguna otra fuerza o representación política, todo tendrá solución de convivencia, y no sé si de conveniencia, con un simple viajecito a la Suiza de Heidi. Alabemos al Señor.

Con esa clara y evidente vía de conseguir soluciones se escapa al entendimiento que asuntos como el de la renovación del poder judicial, que viene emponzoñando el panorama de por aquí y que resta paralizado desde hace cinco años porque los responsables políticos que deben desfacer el entuerto, poniéndose de acuerdo, que si no voy errado son al alimón los populares y los socialistas, como fuerzas parlamentarias mayoritarias, no es que no se entiendan es que ni se sientan a mirarse a los ojos medio por medio. El señor Presidente y el representante español en el Euro Parlamento nos señalan el camino hacia un futuro esplendoroso, acudir a la mediación internacional, alejarse del albero social y político para mejor amansar al astado problemático. De hecho no sería descabellado ni anacrónico, dada la premisa de que asuntos domésticos se llevan con normalidad al extranjero para su posible negociación, resolución o remedio, el intentar que la ginebrina sede mediadora, o relatora, o correlatora o acompañadora, como hacen las empresas de servicios varios, nos ofertara una tarifa plana para ir a la ciudad del lago Leman con nuestras cuitas y encontronazos. Después de arreglar lo de la renovación del Poder Judicial, cuyo relator internacional bien podría ser Gonzalo Boye, por su experiencias en los asuntos judiciales en España, podríamos arreglar lo de la financiación autonómica, lo de las negociaciones entre sindicatos y empresarios, todo los demás. Por nuestra parte bien podríamos proponer que la casona sede de la Henry Dunant fuera sede de las negociaciones para resolver de una vez por todas lo de la venida turística entre partidarios de que siga y los que pretenden que cese y hasta desaparezca, o en aquello de carril bus vao sí o bus vao no, o sobre el más que preocupante asunto de la insularidad y sus efectos nocivos o de por qué los isleños tenemos el dudoso honor de abonar por el litro de combustible más dineros que el resto de nacionales.

No creo que en éste nuestro caso hubiera oposición por parte del Presidente de Gobierno, por su insobornable y conocida defensa de la igualdad entre ciudadanos hispanos ni por parte del representante español, y residente en Waterloo, en la cámara legislativa europea, conocida su denodada defensa del los derechos de los pueblos de España. Tenemos la solución, aprovechemos la ocasión; no más desencuentros.