Opinión

Mujer y economía

Este año, la Academia Sueca de las ciencias ha concedido el premio Nobel de Economía a la norteamericana Claudia Goldin (Nueva York, 1946), profesora de la Universidad de Harvard (Massachusetts). Entre los temas de su investigación están «la fuerza laboral femenina, la brecha de género en los ingresos, la desigualdad, el cambio tecnológico, la educación y la inmigración», según el perfil que de ella publica la propia Universidad de Harvard.

Como se observa, todo el trabajo de Goldin ha versado sobre la influencia de la identidad en la economía. En sus inicios, los análisis económicos utilizaban para su estudio actores prototípicos, agentes representativos, por lo que el individuo era desprovisto de toda caracterización. Después, la economía aceptó la heterogeneidad del grupo con características socioeconómicas similares; rasgos esenciales como el género, la orientación sexual, la cultura o el lugar de nacimiento quedaron mucho tiempo fuera del alcance del análisis económico. Fue Goldin quien introdujo plenamente las implicaciones económicas de la «identidad».

En este panorama general, la parte más intensa, significativa y creativa de su investigación fue la correspondiente al género, y con un tema dominante: las brechas salariales y de participación laboral entre mujeres y hombres. Su trabajo abre camino a «la comprensión de los resultados de las mujeres en el mercado laboral». Por eso se ha convertido en un referente en unos tiempos en que la mujer avanza definitivamente hacia la plena equiparación, no solo jurídica y política sino también social y sobre todo laboral.

Los/las economistas que han celebrado este Nobel rompedor, como es el caso de Penny Koujianou, ex economista jefa del Banco Mundial y profesora en Yale, han destacado dos grandes ámbitos en los estudios de Goldin. Uno de ellos, es el desmentido de un viejo axioma que afirma que las mujeres se incorporarán automáticamente a la fuerza laboral a medida que los países se desarrollen y enriquezcan. Las relaciones entre empleo femenino y desarrollo son mucho más complejas e intervienen en ellas factores diversos como la regulación del mercado laboral, la situación familiar y especialmente la presencia de hijos, así como las fuerzas estándar de oferta y demanda. Una prueba de que el axioma es falso es el de la India, donde la tasa de participación de la mujer en el mercado de trabajo es de solo el 30%, una de las más bajas del mundo, y sin embargo ha disminuido en las últimas dos décadas a pesar del fuerte crecimiento del país en ese periodo. Esta observación de Goldin se vincula a otra constatación empírica estimulante: la integración de las mujeres y de otras minorías de baja empleabilidad en el sistema productivo puede producir significativos aumentos en la productividad y en los ingresos del país.

Otro terreno de análisis por el que ha transitado esta ilustre economista ha sido el de la relación inequívoca, aunque también compleja, entre la maternidad y la brecha salarial. De hecho, se comprueba que el desarrollo profesional de hombres y mujeres desde su ingreso en el mercado laboral es semejante hasta que la mujer tiene su primer hijo; en este momento, lo usual es que la mujer quede inexorablemente rezagada. Esto es así sobre todo en los niveles profesionales medio y alto, que están muy nutridos de mujeres en las economías desarrolladas en que la emancipación femenina es un hecho. En cualquier caso, es empíricamente comprobable que la penalización infantil pesa más en la remuneración y en los resultados profesionales que el sesgo racial o la discriminación.

Goldin desarrolla la tesis amarga de que la naturaleza actual del trabajo presencial es incompatible con las demandas de una familia en crecimiento. La conciliación es la fórmula que, unida a iguales normas de maternidad y paternidad que repartan la carga entre ambos sexos, ha de avanzar hasta la plena equiparación. España ya ha recorrido una carrera fecunda en esta dirección, que el feminismo, en todos sus grados en en todas sus formas, ha impulsado desde el poder para liberar definitivamente de sus cargas de género a la mitad de la población.

[Si alguien quiera explorar el pensamiento de Goldin, lea su último libro: Career and Family: Women’s Century-Long Journey toward Equity (Princeton University Press), «Carrera y familia: el viaje centenario de las mujeres hacia la equidad». Que yo sepa, nadie lo ha publicado todavía en castellano].