Opinión | TIERRA DE NADIE

Tengan ustedes un buen día

Las relaciones entre la masa y la energía están muy bien, resultan productivas. De una pizca de energía salió el mundo cuando lo del big bang, si ustedes se acuerdan. Y de una cantidad irrisoria de masa, como la de la bomba atómica, puede brotar una energía capaz de acabar con medio mundo. Hay una interacción constante, en fin, entre el volumen y la fuerza, entre las cosas que se tocan y las que no se tocan, como la hay entre el agua y el hielo. El mundo es hiperactivo, no para, quizá tenga déficit de atención, de ahí las catástrofes naturales, pero también las provocadas por los seres humanos, que formamos parte de esa hiperactividad que hace de nuestras vidas un permanente sube y baja.

Hablamos de la tendencia a la alteridad, de la ambición por transformarnos en otro u otros, característica que nos distingue de nuestras mascotas. Paso horas observando a mi gato y no advierto en él ningún deseo de convertirse en ratón. De hecho, necesita que los ratones sigan siendo ratones y que él siga siendo gato para jugar al gato y al ratón, que es, en gran medida, para lo que ha venido a este mundo. A nosotros, en cambio, nos habría gustado ser pájaros. Por eso Ícaro construyó aquellas alas de cera que se derritieron con el calor del sol y por eso hemos inventado el avión, que quizá no nos ha hecho más felices, aunque sí más otros. En un par de horas te plantas en París para dejar de ser el mismo y convertirte en meme.

Lo que a mí me gustaría en estos momentos de mi vida es poder cambiar a mi antojo la masa por la energía. Daría la mitad de mi cuerpo (67 kilos en canal) por un poco más de vitalidad. Si me apuran, daría incluso todo el cuerpo por un grumo de energía en el que mi yo permanecería encapsulado a la espera de tiempos más amables y en los que, al modo de la fundación del Universo, volvería a estallar en un cuerpo mortal, con cuatro extremidades, idéntico al que poseo (o me posee) en los instantes actuales. Pero estos juegos entre la masa y la energía, este ir venir entre el deseo y la realidad, no están al alcance de los particulares, qué le vamos a hacer. Tengan ustedes un buen día.