Opinión | EL DESLIZ

Marga Prohens no es Jenni Hermoso

Ilustración: Marga Prohens no es Jenni Hermoso

Ilustración: Marga Prohens no es Jenni Hermoso / Elisa Martínez

El vicepresidente de Balears Antoni Costa sigue en su puesto. Es noticia que la presidenta Marga Prohens no le haya enseñado la puerta después de publicarse que le brindó en bandeja el fichaje como director gerente de una empresa pública de un amigo denunciado por agresión sexual a una mujer y por pegar un puñetazo al policía que le iba a detener. Dicho colega, Juan Antonio Serra Ferrer, había sido expulsado de su trabajo como profesor asociado de la Universitat y había perdido otro empleo en una empresa privada a raíz del suceso, porque existen diferentes umbrales de ejemplaridad y el del Govern de las islas tiende a situarse en el subsuelo. Según el relato de la Fiscalía, el alto cargo se acercó a una joven a la que no conocía de nada en un restaurante de Palma y trató de besarla, pero como ella se apartó le agarró la cabeza y le lamió toda la cara y la boca. ¿Les suena? En efecto una insigne actuación del baboso de manual calcada de la que hizo célebre a Luis Rubiales, el expresidente de la Federación de Fútbol, que le ha costado la carrera. El beso no consentido a Jenni Hermoso ocurrió en agosto de este año y el de Serra Ferrer en mayo de 2022. Pero ni siquiera la polvareda levantada en todo el planeta en el escándalo de la selección femenina y la coincidencia de comportamientos hizo reflexionar al vicepresidente Costa sobre la pertinencia de echar un capote a su compañero de estudios con dinero público. En una poltrona cómoda, además. Podría haberle puesto a limpiar cunetas, y tal vez hubiera pasado desapercibido, pero el nepotismo se exhibe a lo grande. Que la víctima haya estado pagando con sus impuestos el suculento salario de 57.000 euros anuales del presunto atacante es otra de esas penosas paradojas de la vida en el patriarcado. Cabe destacar en honor a la verdad que al menos Rubiales no golpeó en la mandíbula a un policía cuando trataba de zafarse de las consecuencias de sus actos, como presuntamente hizo Serra Ferrer, para quien la acusación particular del agente pide cinco años de cárcel.

Vaya con el rutilante y pluscuamperfecto número 2, el mirlo blanco del PP Antoni Costa, que considera un «error» el resarcimiento anticipado de un investigado por agresión sexual invocando la presunción de inocencia, que siempre cae del lado de los hombres bien relacionados. Que su ejercicio combinado de machismo y enchufismo se haya conocido precisamente el 25N, día internacional para la erradicación de la violencia contra las mujeres, es pura justicia poética y habrá tranquilizado a los socios de Vox, que no están solos en el negacionismo misógino. ¿Y ahora qué? Ha dejado caer a su amigo para salvar los propios muebles, pero no le bastará a Costa tirar de arrogancia para enterrar un patinazo que contaminará no solo su acción política, sino la de todo el Govern. Rectificar es de sabios, pero recular cuando te han pillado en falta demuestra mero afán de supervivencia. Menudo copiloto lleva la presidenta. Un despropósito que Marga Prohens se desgaste en su defensa, y siga confiando en quien ha mostrado un criterio tan erróneo como alejado de la sensibilidad social actual, ocultándole información relevante sobre un alto cargo cuya contratación lleva su firma. Pero no es fácil ser valiente como Jenni Hermoso, y negarse a perdonar lo imperdonable. Para echarnos a temblar, cuando a Costa le corresponda suplir a la jefa y sea la primera autoridad del archipiélago. Me veo el año próximo celebrando más bien el 28N, día en que la palabra ‘machirulo’ entró en el Diccionario de la Real Academia. Con todo merecimiento.