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Carles Francino

Carles Francino

Periodista

Soñando con la BBC

No me suelen gustar las metáforas médicas para hablar de temas que no tengan que ver con la salud. Ni las escolares si no se está conversando sobre educación. Y además confieso que en la época más enloquecida del ‘procés’ acabé hasta la coronilla de la fábula del matrimonio en crisis. Esto de ahora entre Junts y ERC mejor lo obviamos para evitar tentaciones. Pero solicito la indulgencia de los lectores para apoyarme en ese tipo de muletas a propósito del último follón en RTVE. Creo, sinceramente, que este país tiene una asignatura pendiente con la gestión de los medios públicos de comunicación y un grano de pus que no hay manera de reventar.

Se ha dado por válido desde tiempo inmemorial que quien gana las elecciones conquista, también, un imaginario derecho de pernada para meter mano en el trabajo de los periodistas. Y como hay periodistas -siempre los ha habido- a quienes les encanta esa relación con el poder que incluye derecho a roce, sea por interés o por convencimiento, pues ya está liada.

Yo no pretendo dar lecciones a nadie ni erigirme en ejemplo de no sé qué, pero sí creo tener derecho a combatir la gran falacia de que las cosas no puedan hacerse de otra manera. Una televisión o una radio pública, que pagamos entre todos, exigen un plus de compromiso con los ciudadanos. Y su confianza solo se puede ganar con honestidad profesional, mucho curro y pluralidad ideológica; sin sectarismos. No es tan difícil. Y con el respeto -o al menos la no beligerancia- de quienes mandan. Es verdad que ha habido etapas concretas (en TVE, en TV-3, en Telemadrid… hablo de las que he conocido) en las que se han dado pasos en la buena dirección, pero han sido gotas en mitad del océano de voracidad de los partidos; militantes de una obsesión enfermiza por controlar hasta el último detalle, ayudados por la complicidad de profesionales que no le hacen ningún bien a este oficio, ni a muchos compañeros que dentro de esos medios públicos sí querrían cumplir con su función. Entonces, ¿la BBC es una utopía? No, es un referente. Ojalá algún día intentemos imitarla.

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