Opinión

Tribuna | Ya tenemos la región agraria balear. ¿Y ahora qué?

La propuesta de Plan Estratégico Nacional de la PAC que el Ministerio enviará a Bruselas reconoce la Región Insular Islas Baleares. El documento reconoce las especiales condiciones socioeconómicas en las que se desarrolla la producción agraria en Balears, y el lastre que suponen los sobrecostes de la insularidad para esta. Por ello, y como compensación, el valor medio del derecho de nuestra región aumentará en un 50% sobre el valor medio nacional y el resto de los instrumentos como son ayudas asociadas, ecoesquemas o programas sectoriales, incrementarán también la intensidad y cuantía de las ayudas, de acuerdo al cálculo de sobrecostes, de los costes transaccionales que supone poner en marcha ciertas prácticas en Balears, o del lucro cesante que implica ejercer la profesión en las islas. Se trata de un salto de escala sin precedentes. Se trata de un avance real y objetivo. Una vez comunicado el logro, es el momento de trasladar otras reflexiones.

En primer lugar. Esto ha sido posible por la misma existencia de una conselleria de Agricultura, Pesca y Alimentación con entidad propia. No les quepa duda que si nuestro trabajo hubiera estado diluido junto con otros asuntos, no hubiéramos llegado al objetivo planteado. Si queremos consolidar los éxitos y dar la oportunidad de futuro que merece el sector, este es un primer compromiso evidente.

En segundo lugar. Hemos trabajado construyendo confianzas y complicidades con todos los actores. Cuando hace dos años reunimos por primera vez al sector para explicar cuál sería el camino a recorrer, expresamos con total honestidad que si finalmente se lograba, el éxito sería de todos. Así es y así quiero enfatizarlo. Su aporte constante y siempre constructivo, tanto en Balears, como entre sus organizaciones estatales, ha sido importantísimo. Pero sin duda también, la confianza que se ha sabido tejer con el Ministerio de Agricultura y con el ministro en primera persona, a través de la consellera Mae de la Concha. Por mi parte, nunca podré estar suficientemente agradecido al secretario de Estado y al presidente del FEGA, siempre disponibles para buscar alternativas viables en el marco de los Reglamentos. No quiero terminar este punto sin reconocer el camino que dejó señalado el equipo al que le tocó negociar la PAC anterior, y que marcó mejoras que nosotros hemos continuado. La enseñanza es que el clima de confianza y de trabajo común, más que nunca debemos cuidarlo.

Pero vamos con la reflexión final. La PAC no es un fondo de compensación interterritorial, y no debe ser visto así. La PAC no es de Illes Balears, ni de Andalucía, ni de Castilla y León. La PAC es para la payesía y las empresas agrarias. Con esto quiero decir que la PAC reconocerá el hecho insular, pero esta PAC también es mucho más exigente en cuanto a los objetivos sociales, ambientales y de digitalización, y será de quienes los cumplan. La PAC la recibirán solo los llamados «agricultores activos», es decir, aquellos que demuestren que su actividad es real y que obtienen un porcentaje importante de ingresos agrarios. Esto conllevará un esfuerzo también por parte de nuestro sector por aumentar su competitividad, y un esfuerzo de clarificación de las cuentas de las explotaciones. La PAC supondrá un esfuerzo muy importante de transición hacia la sostenibilidad ambiental. Para ello se han diseñado una arquitectura ambiental con nuevos instrumentos como los Ecoesquemas que serán voluntarios para los payeses y que en Balears tendrán un valor superior. Pero si los payeses no ponen en marcha estas prácticas ambientales, este dinero volará hacia otros lugares. SEMILLA será la entidad clave que en 2022 asumirá la formación para que el máximo número de agricultores aprovechen esta oportunidad. En tercer lugar, la PAC exigirá un esfuerzo de digitalización que será compartido entre los payeses y la administración agraria. En definitiva. El logro solo marca el principio. Yo diría que no ha hecho más que empezar.