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Diario de Mallorca

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Andrea Pelayo

Andrea Pelayo

Periodista

Perderse en las redes sociales

Desde hace bastante tiempo, me cuesta tener una relación sana con las redes sociales. Yo, que era usuaria disfrutona de Twitter e Instagram (hace años habitual de Facebook; mucho antes participante en foros y ultrafan de Fotolog), he ido desinstalando intermitentemente las aplicaciones del móvil, en una especie de primer paso para «quitarme». Pero nunca lo consigo del todo. No sé cómo estar aquí sin estar ahí.

Últimamente, me aleja de las redes (y, por tanto, un poco de la sociedad, soy consciente) todo ese lenguaje uniforme que, aunque siento que sería capaz de usar, no soporto. Twitter está inundado de fórmulas que no logro digerir: El uso de «red flag» para hablar de señales de alarma que deberían alertarnos y alejarnos ante algunos comportamientos. La explotación de memes sin parar, incluido el famoso de «nadie… absolutamente nadie…», que no consigo entender dos años después de su viralización. O la pregunta que se responde sola, como por ejemplo: «¿Voy a volver a ver Friends por enésima vez? ¡Voy a volver a ver Friends por enésima vez!». Tanta homogeneidad me impide ver a la persona que habla.

Puede que solo me esté haciendo mayor, pero cuando me encuentro estos patrones repetidos hasta la saciedad o el escaparate emocional en el que se han convertido las redes (donde uno cuenta lo que siente un minuto después de sentirlo), lo único que me pregunto es por qué no podemos dejar de comunicarnos. ¿De dónde sale toda esa verborrea, esa necesidad de explicarlo todo, de preguntar constantemente si somos los únicos a los que les pasa esto o lo otro? ¿Nos sentimos solos?

Cada vez estoy más convencida de que se llaman redes sociales no solo por las conexiones que establecen sino también, y quizá sobre todo, porque nos atrapan. Yo misma reniego y sin embargo no logro marcharme del todo, aunque me desespere por momentos cuando decido entrar y pasar el rato. Seguramente me mantiene en redes el miedo de perderme algo -incluso mucho- porque todo sucede allí. Me expulsa de ellas el miedo de perderme yo en esa uniformidad y esa avalancha de situaciones, sentimientos y opiniones que me abruma.

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