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Antonio Tarabini

Entrebancs | La educación: aumentan la preocupación y la exigencia

Lo que suele ocupar y preocupar a la ciudadanía, ciudadanos y ciudadanas, son los factores y retos que en positivo y/o negativo pueden afectar a nuestros contextos personales, familiares, económicos, sociales, cívicos, culturales, políticos. En estas líneas voy a centrarme en la educación, no en vano hace pocas fechas comenzó un nuevo curso escolar, asunto nada banal para el futuro profesional y desarrollo personal de nuestros hijos e hijas. La Fundació Gadeso, cada año, aprovecha el inicio del curso escolar para sondear las opiniones de los ciudadanos y ciudadanas, específicamente a los padres y madres con hijos/as en edad escolar, referidas a las fortalezas y debilidades que afectan al sistema educativo en nuestra Comunidad. Los resultados referidos a este nuevo curso están publicados en Quaderns Gadeso nº405.

El primer hecho relevante es que la formación de los/as niños/as, adolescentes y jóvenes, de día en día ocupa y preocupa más a la sociedad en general y concretamente a padres y madres (7,3/10). Y lo relevante es que tal índice de inquietud se concentra en el abandono/fracaso escolar (88%). Porcentaje más significativo entre los segmentos medios/bajos de la sociedad porque implica el abandono casi definitivo de los estudios; y no tanto entre los segmentos sociales altos cuyo fracaso/abandono suele suponer un cambio de centro educativo. Y como es lógico si aumenta la preocupación por la educación y formación de sus hijos/as, es normal que se sea más exigente en la mejora del sistema educativo. El nivel de satisfacción ha mejorado unas décimas, un aprobado «rascado» (5,1/10) siguiendo vivas las reivindicaciones «históricas» (masificación, ratios, becas…).

En la época de las «vacas gordas», la educación no inquietaba. El boom turístico e inmobiliario demandaba mano de obra intensiva cualificada o no. El acceso al trabajo era fácil; los salarios eran relativamente satisfactorios (se hacía referencia, con desprecio, a los mileuristas); era posible para los/las jóvenes independizarse de sus familias a través de acceso fácil a las hipotecas y a los créditos. Pero en 2007-2008 el cuento de hadas se esfumó. La actividad económica entra en crisis, el paro se convierte en norma, las entidades financieras cierran el grifo al crédito. El paro juvenil oscila en torno al 40%; un salario de mil euros (ser mileurista) es un éxito no frecuente; la emancipación es una utopía.

En torno al 2.016-2019 una reactivación de la actividad turística fue una realidad con índices positivos, pero sin cambiar el modelo productivo. Actividad intensiva en los meses de temporada alta, con algunas iniciativas de prolongación, en base a cifras millonarias de clientes. La contratación del personal era (y sigue siendo) intensiva e inestable. Pero, a su vez, comienza a coger cierta relevancia la necesidad de formación y capacitación laboral/profesional para obtener un puesto de trabajo menos inestable. «Una buena formación mejora las posibilidades de encontrar un puesto de trabajo».

El 2020, actuando la pandemia con toda su intensidad, significó el crack estructural de la actividad productiva y del empleo. Y afectando directamente al sistema escolar. El confinamiento obligó a acudir a la enseñanza «a distancia», siendo los más perjudicados los segmentos sociales de clase media/baja; se perdió en gran medida el curso escolar.

La temporada actual, 2021, ha significado una cierta reactivación de la actividad turística, pero seguimos con los mismos moldes. Desde las diversas administraciones públicas se han hechos inversiones en el ámbito educativo (infraestructuras, personal…). Pero, aún reconociendo una cierta mejora, los padres, asociaciones y sindicatos (Diario de Mallorca, 20 de setiembre, Principales reivindicaciones tras el inicio del curso) vuelven a priorizar las reclamaciones que se hacían antes de la pandemia (ratios de alumnos, brecha digital, infraestructuras…).

El contexto educativo con la ya vigente nueva Ley de Educación ha cambiado. Y en el marco de la FP está avanzada la tramitación de una Ley Orgánica cuyo doble objetivo es, por un lado, poner en valor y establecer una mínima «ordenación» en la Formación Professional; y por el otro, consolidar la modalidad Dual de la FP, la cual combina la formación académico-teórica con el trabajo en las empresas. Ambas nuevas realidades socioeducativas, están posibilitando que nuestra Comunidad haya ampliado y reforzado la Formación Profesional, y más concretamente la FP Dual, dejando de ser una «formación de nivel inferior a los estudios superiores». Tales iniciativas, aunque dificultosas dada la idiosincrasia de nuestra sociedad, van encaminadas a promover, de una vez por todas, el ansiado y necesario, como la covid-19 se ha encargado de poner en relieve, cambio de modelo productivo en Balears. En este sentido la opinión, a pesar de la información intensiva y extensiva de la «nueva» Formación Profesional, un 60% de los encuestados siguen pensando que «la FP es la hermana pobre del sistema educativo» y un 66% demandan «una buena orientación académica y profesional en los centros educativos» (QG 405). Fui testigo de un consejo de un orientador académico/laboral. Dos adolescentes a punto de concluir su educación obligatoria, ambos con buenas cualificaciones académicas. «Uno» perteneciente a familia trabajadora; y el «otro» hijo de abogado. Al primero se le encauzó hacia FP, al segundo directamente a estudios superiores universitarios. Hoy tales «orientaciones» no deberían ser posibles.

Concluyo con una hermosa reflexión de la escritora Elvira Lindo: «Si los niños votaran. Ay, si votaran. Si abandonando su deliciosa inocencia fueran de pronto conscientes de aquello que precisan para crecer en esa igualdad de oportunidades que no les estamos facilitando, su pliego de reivindicaciones aparecería en el discurso público de manera natural. Si votaran los futuros adultos…».

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