Opinión | Entrebancs

El futuro político todavía no está escrito

El líder de la formación de reciente creación Se Acabó La Fiesta (SALF), Luís Pérez Fernández, Alvise.

El líder de la formación de reciente creación Se Acabó La Fiesta (SALF), Luís Pérez Fernández, Alvise. / EFE

Los resultados de las pasadas elecciones europeas celebradas entre el 6 y el 9 de junio del 2024 muestran un avance importante de la derecha y la extrema derecha. Con casi un 25% de los escaños del Parlamento Europeo, los partidos que conforman la extrema derecha comparten una fuerte épica nacional al puro estilo Trumpista – junto con una posición altamente euroescéptica, aunque sea paradójico dada la naturaleza de los comicios que nos ocupan- con unos discursos y unas políticas fuertemente reaccionarios, de índole racista, antifeminista y antiecologista, que cuestionan los valores fundamentales del Estado de Bienestar y de Derecho para todos los ciudadanos.

España es justamente uno de los países de la Unión Europea donde más ha subido la derecha/extrema derecha, PP/Vox/Alvise Se acabó la Fiesta. Tales partidos, a pesar de sus diferencias internas, canalizan los malestares actuales (consecuencia, entre otros factores, de las cada vez mayores tasas de pobreza que afectan a la población) con discursos de odio al «otro» (siempre al más «débil») y medidas neoliberales, orientadas a eliminar el cada vez más exiguo Estado de Bienestar. Para ellos, menos educación pública, menos sanidad pública, menos vivienda pública mejor; para ellos más represión, más mano dura, más vuelta al «orden» mejor. Y en este escenario todos somos enemigos de todos. Se fomenta la competición, el miedo, el individualismo. Por el contrario, la colaboración, la solidaridad, los cuidados se venden como cosas del pasado, como cosas de débiles.

Y, sin embargo, es precisamente un marco renovado basado en los clásicos principios de libertad, igualdad y fraternidad lo que necesitamos para abordar los enormes retos contemporáneos a nivel social, político, económico y ecológico. Sin fraternidad no hay futuro posible. Sin igualdad tampoco. Y sin libertad, aunque el uso de la palabra está muy dañado, tampoco. ¿Qué es lo que explica, pues, que las izquierdas no sepan hacer un discurso político suficientemente convincente alrededor de estos aspectos? ¿Por qué no consiguen conectar con las angustias y los miedos de la ciudadanía? Sin duda, partidos políticos como el PP y medios de comunicación diversos han tenido una responsabilidad clave en naturalizar y blanquear los discursos de odio y reaccionarios que desarrolla la extrema derecha. Pero la izquierda tiene que preguntarse también por qué no consigue movilizar el voto. Desde la izquierda (las izquierdas, mejor dicho) debemos ser capaces de generar un nuevo relato, un nuevo imaginario capaz de demostrar, sin moralismos ni juicios, que las explicaciones y soluciones que propone la extrema derecha no sólo son falaces, sino que nos conducen a futuro demoledor especialmente para todos. El malestar social contemporáneo es fruto de políticas neoliberales y consecuencia de la falta de control de las acciones —corruptas, en muchas ocasiones— de las élites políticas y económicas. Lo que necesitamos, por tanto, es más y mejor estado, y no más desregulación, más privatización y más policía. Como bien dice Daniel Innerarity (El País, 05/12/2023) la extrema derecha está entendiendo mejor que los demás que la política es una cuestión de psicología. Y de este modo, conecta con los malestares actuales ofreciendo soluciones «fáciles». La izquierda necesita dialogar con los descontentos sociales, darles espacio, desde la escucha sincera para poder desmontar las falsas soluciones que propone la extrema derecha y articular un programa político viable, que dé confianza en el futuro. No es tarea fácil, pero no nos queda otra.

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