Hoy celebramos el décimo aniversario de la declaración de la Serra de Tramuntana como Patrimonio de la Humanidad. Esta declaración es un reconocimiento a nivel mundial a la huella que ha dejado el ser humano en un espacio natural a lo largo de los siglos.

Es precisamente en dicha declaración que se destaca como «la Serra constituye un ejemplo excepcional de paisaje agrícola mediterráneo, por su peculiar combinación de sistemas hidráulicos aplicados al regadío, de origen islámico, para el cultivo de huertas y cítricos. A ello hay que añadir las zonas de secano, especialmente olivares, delimitadas en bancales edificados en las laderas montañosas».

Las possessions, las cases de neu, las torres de defensa, los molinos, las tafonas y mas de un centenar de elementos catalogados, que van desde casetas de pescadores hasta las barraques, son una muestra clara del milenario trabajo de nuestros antepasados; propietarios de una Serra a la que, con gran esfuerzo, marcaron un carácter merecedor de un reconocimiento mundial como el de la UNESCO.

Resulta interesante destacar que el 95% del territorio de la Serra de Tramuntana se encuentra en manos privadas, por lo que es fundamental la colaboración pública y privada para mejorar su gestión».

La distinción que hoy celebramos no es un diploma o un título que exhibir y tener colgado en la pared. Se trata de un reconocimiento internacional que nos obliga a trabajar para recuperar y conservar este paisaje y ser merecedores de esta distinción. Hay que hacerlo poniendo en valor este patrimonio a nuestra generación y las generaciones futuras. Concienciar, educar, respetar la propiedad y el entorno y hacerlo regulando con consenso siempre entre la propiedad privada y la pública. Si no existe el consenso entre la parte pública y privada difícilmente conseguiremos nuestro objetivo.

Todos tenemos claro que los costes para mantener una finca en la Serra de Tramuntana hacen inviable que una familia pueda subsistir. Es tiempo de reinventarse para recuperar nuestro paisaje agrícola y para poder hacerlo hay que facilitar y permitir a los propietarios o payeses complementar la actividad agrícola con la realización de actividades enfocadas al turismo. Estoy hablando de experiencias rurales, refugio, casa rural, senderismo, naturaleza, observación de aves, apadrinamiento de olivos con los que poder hacer tu aceite, venta de productos de la tierra, biomasa y un largo etcétera.

Estamos convencidos de que esta es la fórmula para recuperar las fincas, el paisaje, las costumbres, nuestra cultura y para abrir caminos... que por cierto, les aseguro que la Ley de Caminos del Pacte no es fruto de la colaboración público-privada.

Como tampoco lo es la Ley de Turismo que prohíbe el alquiler vacacional en zonas protegidas. ¿Por qué una possessió no puede alquilar vacacionalmente y obtener unos ingresos para mantener la finca? Sin embargo, la Administración dispone de una oferta de refugios de montaña con los que consigue ingresos que ayudan a mantener las fincas públicas; algunos de estos refugios son de unos 20 m2 con un baño químico de plástico en el exterior del refugio y en plena Serra de Tramuntana. El mismo Govern ha utilizado la Ley 2/2020 de medidas para la covid para, en sus disposiciones adicionales, permitir que refugios, acampadas, áreas recreativas, etc, ubicados en la Serra de Tramuntana, no deban solicitar licencia de actividad ni licencia de obras para el mantenimiento de dichas instalaciones. Sin embargo, los propietarios deben soportar una infinidad de normas con prohibiciones y trabas burocráticas.

El turista que busca alquilar una casa vacacional, hospedería, agroturismo, casa rural, utilizar un refugio, etc en la Serra de Tramuntana, es un visitante que busca la tranquilidad de estos paisajes, que practica el senderismo, que busca contacto con la naturaleza y que valora nuestro paisaje natural y agrario. Normalmente viene en temporada baja, se interesa por la cultura y tradiciones del lugar y consume productos locales.

Y personalmente, me da la sensación de que con la declaración de la Serra de Tramuntana como Patrimonio de la Humanidad se ha activado un sentimiento de propiedad pública. «La Serra es de tots». Yo siempre digo que el sentimiento sí que es de todos, y además lo comparto, pero lo dice el documento de la declaración, el 95% es privada. Y lo que percibo de los residentes es que normalmente se escucha más la opinión de los colectivos que promueven ideas y sugerencias para la Serra y no se tiene en cuenta la opinión de los propietarios. Y para avanzar es imprescindible hacerlo juntos.