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Antonio Tarabini

Entrebancs

Antonio Tarabini

Los sueños siguen rotos, pero…

La Fundació Gadeso ha realizado dos investigaciones con un objetivo común, analizar y evaluar el posicionamiento de la juventud de nuestra Comunidad respecto al presente y a las perspectivas de futuro referidas a los «efectos» de la pandemia en el ámbito personal/relacional, en el campo sanitario y en el socioeconómico. Se seleccionaron dos momentos clave, con un cuestionario común que nos permitiera comparar la evolución de los resultados. El primero se realizó el mes de julio de 2020 en plena implantación de la pandemia conviviendo con una grave parálisis personal, sanitaria y socioeconómica, cuyos resultados se publicaron en Quaderns Gadeso 395; y el segundo, se realizó el presente mes de mayo donde parece insinuarse la probabilidad de un «control» de la pandemia por medio de las vacunas, así como síntomas de esperanza en una cierta reactivación de la actividad productiva (turística) publicados en Q.G. nº399.

El sujeto de las dos investigaciones ha sido, y sigue siendo, la población considerada «joven». Concretamente me refiero a los denominados centennials y millennials comprendidos entre 18/19-34/35, con sus consiguientes pertinencias a tal cual clase social, previamente predefinida. Su principal inquietud paro/precariedad el 81% en la presente investigación, índice muy superior al obtenido en plena crisis 58%. Su segunda preocupación es el «acceso a una vivienda» (léase emancipación), 63% ahora, y 36% en plena crisis.

En España son más de ocho millones las personas que nacieron en la prosperidad, con un entorno político, económico y social infinitamente mejor que el de sus padres, pero que cuando llegaron a la mayoría de edad se dieron de bruces con una durísima crisis que truncó las expectativas de muchos de ellos. Pero, aunque un amplio grupo entró en el mercado laboral «clásico» (contratos fijos, muchas horas de meritorio y sueldos bajos, confiando en ascender pronto), apareció una nueva categoría: el trabajador en activo, pero instalado en la precariedad. En los tiempos de bonanza, el mileurista era un desgraciado, ahora es una conquista. Los sueños rotos. Como decía una joven millennial de forma gráfica en un conocido programa de radio: «Somos una generación de transición. Somos la última en muchas cosas y la primera en otras tantas. Estamos entre lo viejo, que no acaba de morir, como el papel o el bipartidismo, y lo nuevo, que no acaba de nacer. Aspiramos a todo lo que han aspirado nuestros padres, pero ellos se conformaban con un trabajo que les diera de comer y nosotros queremos que nos dé de comer y nos guste». Tales colectivos no encuentran un trabajo digno y de acuerdo con sus capacidades y formación. «Salario bueno no va a haber; condiciones casi seguro que tampoco, y expectativas escasas».

Como punto de referencia he optado por una investigación de ámbito europeo recientemente realizada por la Fundación Fondapo (París) y dirigida por Victor Delage. El título de la investigación me llamó la atención, La juventud europea se derechiza. «Los jóvenes europeos de 18 a 24 años, incluidos los españoles, se sitúan en la derecha». Según el politólogo Javier Lorente: «Tenemos ahora la juventud más identificada con los valores de la derecha de los últimos cincuenta años. Los jóvenes de los 70-80 eran especialmente de izquierdas. Crecieron con Vietnam, la primavera de Praga, las Brigadas Rojas... causas que hoy no se perciben». El 15-M fue un estímulo, especialmente para los jóvenes; pero las frustraciones han sido una realidad.

Los resultados electorales también corroboran esta apreciación. Mayorías de derechas gobiernan en 21 de los 26 estados de la UE, sin contar el Reino Unido. Diversos factores explican esta inclinación derechista de la juventud. El predominio de los valores individualistas entre las nuevas generaciones está estrechamente ligado a la desconfianza que expresan respecto a las instituciones y al sistema político en su conjunto. Ponen a todos los políticos en el mismo saco. La decepción derivada de las promesas incumplidas por la democracia social (seguridad, justicia social y progreso) les lleva a contar sólo con ellos mismos».

En la encuesta más reciente los jóvenes se muestran notablemente interesados en determinados nuevos paradigmas sociales (cambio climático, medio ambiente, transición energética…). Pero la izquierda ya no monopoliza la causa verde, prioridad juvenil, fagocitada por los partidos conservadores y liberales. «La izquierda ha perdido la capacidad de dar su forma al mundo», apuntó en el 2010 el lingüista italiano Rafaele Simone. Ya no tiene la capacidad de imponer en el imaginario colectivo sus recetas y soluciones. Los desórdenes en curso transforman nuestras preocupaciones individuales, a las cuales la izquierda no ha sabido dar respuesta. Su rechazo a debatir sobre grandes envites, como la inseguridad y/o las fracturas culturales e identitarias, la aleja de una parte del electorado, incluidos los más jóvenes.

A modo de cierre. El pasado julio, en plena crisis sanitaria y socioeconómica, titulé mi artículo: Los sueños rotos. Ahora, en pleno mes de mayo, con la pandemia bajo (relativo) control y con unas perspectivas de cierta recuperación de la actividad turística he elegido un título similar pero no igual Los sueños siguen rotos, pero… Aunque haya similitudes, la coyuntura no es la misma. Puede valer como ejemplo la eficacia comprobada de la Mesa del Diálogo Social (Govern, Patronales y Sindicatos) donde se ha mostrado su voluntad de diálogo y su capacidad de llegar a acuerdos estructurales y coyunturales, cada parte cediendo parcelas. Hoy tenemos posibilidades reales, ni fáciles ni gratuitas, de recorrer el camino «Hacia el final del Túnel».

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