Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Elena González

Al negro, patada y puerta

La imagen del abrazo en Ceuta ya ha dado la vuelta al mundo.

Nos reconforta la foto de Luna. Nos solidarizamos con la ternura de la voluntaria de la Cruz Roja a la que le ha caído encima toda la mierda de la ultraderecha inmoral y desalmada que corroe este país. Incluso algunos miembros del Gobierno han compartido en las redes su orgullo por los valores de una joven que representa lo mejor de nuestra sociedad. Son, somos, unos hipócritas. Porque ‘al negro, patada y puerta’. Al hombre roto que llora en un abrazo el miedo, la cercanía de la muerte, la esperanza tal vez, lo han devuelto, dicen, en caliente. Sin nombre, preguntas, historia ni auxilio que valga. Como un «estorbo». Pero ello no nos impide esgrimir su imagen ante el mundo para vanagloriarnos de nuestros principios y defender que aquí aún «somos más los buenos». Qué gran farsa. Nos conmueve antes la compasión que el drama. Es miserable cómo la escoria machista y xenófoba de las redes y algunos medios de desinformación están vejando como mujer a Luna por demostrar su humanidad, pero la verdadera víctima en esta historia es el muchacho que se abraza a ella buscando consuelo después de haber cruzado África, seguramente a pie, y jugarse la vida en el mar. Y es una vergüenza que saque pecho con su foto el mismo progresismo que inmediatamente lo expulsó de vuelta al desespero. Sin hashtag esa vez.

Compartir el artículo

stats