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Joaquín Rábago

El nuevo viejo fascismo, al acecho

Una veintena de generales franceses, junto a un centenar de otros altos mandos y más de un millar de militares, todos al parecer retirados, han firmado una amenazante tribuna de opinión dirigida al Gobierno de Emmanuel Macron.

Nos recuerda a los españoles la carta que setenta y tres mandos también retirados de nuestros ejércitos escribieron, el pasado noviembre, al actual monarca para denunciar al Gobierno “social-comunista, apoyado por filo-etarras e independentistas”.

Eran los mismos calificativos que tanto la derecha como la ultraderecha han venido usando para referirse a un Gobierno democrático al que, desde que llegó al poder se empeñan en considerar “ilegítimo”.

En aquella carta, acaso demasiado rápidamente olvidada, nuestros ex mílites acusaban al Gobierno de Pedro Sánchez de provocar una situación de deterioro de la cohesión nacional “tanto en su vertiente política como económica y social”.

¿No se parece extraordinariamente al memorial de agravios que contiene la tribuna que firman ahora esos militares del país vecino, que hablan de “una hora grave” para Francia.

“La hora es grave, escriben, varios peligros mortales la amenazan. No podemos, aunque jubilados, ser indiferentes a la suerte de nuestro país”, advierten los militares, que se erigen así en potenciales salvadores de una patria que se desmorona por culpa de “los antirracistas”, “los islamistas y las hordas de la periferia”.

No tardó la líder del Reagrupamiento Nacional, la ultraderechista Marine Le Pen, en invitar en otra tribuna a los “señores generales” a unirse a su partido por compartir con ellos las mismas inquietudes sobre los peligros que con tanto alarmismo denuncian.

También cuando nuestros oxidados espadones publicaron su carta al Rey, el partido de Santiago Abascal no tardó en señalar a través de una de sus diputadas en el Congreso que los firmantes eran, por supuesto, “nuestra gente”.

¿Se nos ha olvidado por cierto aquel otro chat de whatsapp en el que un general retirado de nuestro Ejército alabó al dictador Francisco Franco a la vez que expresaba su deseo de que se fusilase a “veintiséis millones de españoles”.

Hay, por lo que parece, ruido de sables a ambos lados de los Pirineos y aunque se trate, en uno y otro caso, de espadones ya oxidados, el hecho de que los partidos de derecha y ultraderecha se solidaricen con ellos no debería dejarnos fríos.

El fascismo, por más que muchos prefieran mirar siempre para otro lado, sigue al acecho. Y ello aunque, como hemos visto recientemente con Donald Trump en Estados Unidos, adopte nuevas formas.

Porque, como señala el profesor Juan Luis Conde, estudioso de la retórica del poder tanto en la Roma clásica como en nuestro tiempo (1), el fascismo es, pese a todo, “una categoría política bien definida desde su nacimiento histórico”.

Algunos de los rasgos que lo definen son el “paramilitarismo, el régimen policíaco, el racismo, la captación del lumpenproletariado (hoy precariado) y la pequeña burguesía comercial, producto de las crisis generadas por el capitalismo. Cambia de perfiles y de etiqueta, pero es perfectamente reconocible”.

De ahí que quiera yo terminar esta columna citando un famoso texto juvenil de alguien que lo conoció muy bien y lo sufrió directamente: el filósofo marxista italiano Antonio Gramsci, encarcelado por el dictador Benito Mussolini, quien dijo de su preso político que había que impedir que “funcionara su cerebro”.

Se trata del texto titulado “Odio a los indiferentes”, escrito en 1917 y que comienza así: “Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son cobardía, no vida”.

Y añadía, algo más abajo: “Odio a los indiferentes también por esto: porque me fastidia su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos, de cómo han acometido la tarea que la vida les puso y les pone diariamente, qué han hecho, y especialmente, qué no han hecho”.

  1. Autor de “La lengua del imperio: la retórica del imperialismo en Roma y la globalización” (Alcalá Grupo Editorial) y “Discurso, mito y poder en la era neoliberal” (Ed. El Reino de Cordelia)

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