Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El ocaso de los dioses | Decadente Europa

Europa, o la Unión Europea, o los dirigentes y dirigentas que viven opíparamente de sus carísimas instituciones (o como quiera que se llame ese moribundo proyecto de mercaderes ricos y menestrales pobres donde los primeros invitan a los segundos a comer en la misma mesa con la condición de que no escojan el menú ni pidan vino), esa Europa, digo, lleva ya unos cuantos años absolutamente desquiciada en busca del rumbo perdido. Ha sido, y es, una Europa psico traumatizada por su pasado; un conjunto de países adscritos a una geografía común incapaces de asumir de forma coherente, con valentía -esto es, acorde con su historia, sus tradiciones, su orgullo y sus logros-, sin avergonzarse, su legado greco-romano, sus profundas raíces cristianas, su labor colonizadora, sus méritos democráticos, su liderazgo en defensa de los derechos humanos y sociales, de los derechos de la mujer, de los avances culturales, de la libertad de expresión y de creación. Y así le está rentando de mal a Europa en este tumultuoso y descarnado siglo XXI donde todavía impera el liderazgo secular, pero democrático, de USA, amenazado por la incipiente e impaciente tutela de una obscena dictadura como la china, o las autocracias rusas y de países árabes, ajenas todas ellas a los derechos humanos y de la mujer, antidemocráticas y cínicamente represivas, algo de lo que alardean sin el más mínimo pudor.

Si nos dejamos de macilentas estupideces alimentadas por esa sorprendente y antinatural alianza producida entre la nueva plutocracia de unos cuantos amos del universo (el capitalismo más salvaje que se recuerda) con progres frustrados, ONGs enmascaradas, extrema izquierda totalitaria, decadente gauche divinne e ideologías de perspectivas de género histórico que osan juzgar comportamientos de hace dos mil años con los criterios de hoy; si aceptamos, por el contrario, la dialéctica hegeliana en el devenir de la historia, ¿se imaginan un mundo sin Grecia, Aristóteles, Roma, las catedrales románicas y góticas, el Renacimiento, Leonardo, Miguel Ángel, Cervantes, Shakespeare, Kant, Hegel, Velázquez, Rembrandt, Goya, los Impresionistas, Picasso, Bach, Mozart, Beethoven, Wagner, Verdi o Schoemberg; sin Pasteur, Fleming o Einstein; sin Freud ni Jung; un mundo sin Europa?

La gestión europea del coronavirus chino, desde sus inicios, ha resultado no solo un vergonzoso fracaso, sino que ha desnudado con descarnada fiereza la frágil arquitectura en la que se sustenta esa utopía llamada Unión Europea. Los líderes europeos han ido siempre a remolque de los acontecimientos de la pandemia, fundamentalmente los referidos al aspecto sanitario, mostrando una débil imagen daguerrotipada entre la improvisación, el desconcierto, la insolidaridad, las medidas contradictorias y, finalmente, el sálvese quien pueda. Si le añadimos la facilidad con la que nuestros cobardes políticos han cercenado derechos fundamentales ciudadanos (en muchos casos sin justificación científico-sanitaria y mucho menos jurídica) como si fuéramos China, Rusia o una autocracia fundamentalista, las conclusiones no pueden ser más pesimistas. Y como colofón a todo este desatino, impropio de unos países inmensamente ricos, desarrollados, democráticos, cultos y respetuosos de los derechos humanos, nos encontramos ante la vergüenza, el escarnio, el estupor, la indignación, la rabia y la frustración de cómo las autoridades europeas han gestionado las vacunas y el régimen de vacunación. Una catástrofe sin la más mínima excusa.

A fecha de este articulo apenas el siete por ciento de la población europea está vacunada, con la excepción del Reino Unido y su Brexit, otra tomadura de pelo en toda la línea de flotación de la indolente Unión Europea. No cabe mayor escarnio. ¿Les importan los ciudadanos a sus dirigentes políticos? ¿Seguro? ¿Cuántos políticos de alto rango europeos han muerto por Covid o han ingresado en las UCI saliendo de ellas con graves secuelas? ¿Cuántos? ¿Ninguno? No me lo puedo creer. ¿El virus chino es tan inteligente que solo mata a los ciudadanos y preserva la vida de sus amos? Si me lo puedo creer.

En esta diáspora de improvisación, incompetencia e insolidaridad demostrada por Europa para consigo misma, no solo los populistas británicos humillaron a sus socios con un Brexit cuyas negociaciones han constituido todo un sainete de despropósitos y bochorno, sino que además han conseguido vacunar a casi la mitad de sus población mientras la Europa contemplativa sigue esperando a Godot; no solo eso, es que ahora hemos conocido que la líder alemana Merkel se desmarca de la solidaridad entre europeos y contrata por su cuenta treinta millones de vacunas rusas. Cuando la presidenta de Madrid, Ayuso, pretendió algo parecido, la tacharon de loca, insolidaria e irresponsable. Menos mal que al manicomio de la locura la acompañará ahora también Angela Merkel. Lo malo es que entre terapia y electroshock no le dé a la alemana por cuestionarse la entrega de fondos europeos de recuperación. Lo decía al principio: un club de mercaderes ricos que toleran sentarse con los pobres siempre que estos no se les ocurra pedir la carta ni tomar vino. ¿Más Europa? A más ver.

Compartir el artículo

stats