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Tribuna

Fondos NextGeneration, el Marshall del siglo XXI

La imagen ha quedado como un recuerdo compartido entre espectadores de varias generaciones. Hablamos de la famosa secuencia de Bienvenido Mr.Marshall – «americano, os recibimos con alegría…»-, obra maestra de Berlanga y genial caricatura de las expectativas que nuestro país albergaba respecto al Plan Marshall. Esta iniciativa norteamericana para reactivar la economía europea después de la II Guerra Mundial supuso la inversión de un 15% de la economía de los EEUU y ayudó a que países como Francia e Inglaterra, entre otros, recuperaran su pulso económico anterior al conflicto en poco tiempo.

Más de siete décadas después, la crisis que entonces provocó la guerra se ha transformado, en pleno siglo XXI, en otro nuevo reto originado por la pandemia. Sus efectos –sociales, económicos, sanitarios- los conocemos de sobra. En esta ocasión ha sido la propia Europa la que ha reaccionado ante una evidencia incontestable: la puesta en marcha de un ambicioso plan que acelere la transición hacia una nueva economía social sostenible con prioridades que el covid-19 ha convertido en urgencias.

Acerquemos el foco desde Europa a las Illes Balears. No podemos volver a un estatus pre-covid. No podemos perder la oportunidad de financiar la transformación que nos ofrece Europa. Si no subimos a este tren deberemos, sí o sí, acometer en solitario este nuevo modelo. El sector turístico -en toda su dimensión- sigue y seguirá siendo nuestra industria más poderosa, pero requiere de una profunda actualización que los fondos NG pueden ayudar a conseguir. Europa y sus visitantes serán muy estrictos en un futuro próximo con el cumplimiento de cánones básicos, sobre todo medioambientales. También debemos potenciar los sectores que puedan ayudar a la tan deseada diversificación económica; y son muchos.

La pandemia, aún en curso, nos ha enseñado muchas cosas. Dos de las prioridades que exige Europa –digitalización y transición ecológica- son objetivos que van mucho más allá de la coyuntura actual. Son los rasgos distintivos de una nueva economía presente y futura. Las crisis suelen potenciar las ideas, los cambios de dirección para modificar realidades que se han revelado inservibles. Nadie podrá negar que nos encontramos exactamente en este punto.

Sabemos cuáles son las claves para empezar este viraje. Además de los axiomas ya citados –economía verde y digitalizada-, requeriremos de una unificación de fuerzas y objetivos, del impulso de la colaboración público-privada y de una visión audaz que pueda imaginar un futuro inmediato abierto a propuestas transformadoras. Y sin dejar de lado a las pequeñas y medianas empresas. Nos haríamos un flaco favor si los fondos europeos se quedaran, en la práctica, en manos de grandes corporaciones

Deberemos afrontar en breve las incógnitas que deparará el cambio climático en nuestro territorio. Surgirán nuevos desafíos que ahora nos resulta difícil prever. El futuro ya no es más que la concatenación de presentes sucesivos a un ritmo vertiginoso. Podemos seguir con las viejas fórmulas o apostar por nuevas actitudes. Esta será la elección que lo decida todo.

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