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Diario de Mallorca

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Mercè  Marrero

La suerte de besar | George Clooney escribe cartas de amor

Lo mejor de escribir una carta es lo que esto significa. Pensar en alguien, querer decirle algo, estructurarlo y enviarlo. Si George Clooney lo hace, también podríamos hacerlo nosotros

George Clooney.

Ojalá fueran para mí, pero va a ser que no. El actor ha admitido que le deja notitas de amor a su mujer, la abogada Amal Ramzi Alam Uddin, en distintos lugares de la casa. No puedo imaginar lo que sentiría si, al abrir el cajón de los calcetines, me encontrara con una misiva de George Clooney diciéndome lo mucho que le gusto. No, en esta vida no puedo imaginarlo.

Echo de menos recibir cartas (quedan exentas las de Hacienda o las de la compañía de electricidad) y echo de menos enviarlas. Ese tiempo en el que te sentabas y dedicabas un tiempo a pensar qué querías decirle a alguien y, lo más importante, por qué te apetecía decírselo. Últimamente, lo único que enviamos y recibimos son un par de emoticonos, cuatro abreviaturas o un recordatorio de la lista de la compra. Me gusta leer las notas que se dejan las niñas de la clase de mi hija. Se recuerdan que se caen bien, que son mejores amigas o que les molestó que les hicieran el vacío en el patio. Todo emocionalmente saludable. Recuerdo cuando un compañero de clase introdujo un trozo de papel en el bolsillo trasero de mis vaqueros. Lo abrí en el baño y tuve que echarme agua en el cogote para rebajar el sofoco. Un párrafo cargado de amor verdadero y sincero. Pasamos varias semanas enviándonos folios y folios. Nos escribíamos chorradas sobre profesores, lo que sentíamos al vernos aparecer en el patio o lo mucho que nos añorábamos los sábados y domingos. Pasé horas sentada delante del escritorio definiendo el amor a mi manera. Un par de meses más tarde, el tío se enrolló con otra chica de la clase y, por supuesto, me lo comunicó por carta. Lloré días enteros.

Hay niños que escriben cartas a personas mayores que están en las residencias. Lo mejor, según estos últimos, es responderlas. Coger un bolígrafo, practicar la grafía y construir un discurso. He leído algunas en donde aconsejan darle un voto de confianza a las Matemáticas o la importancia de comer de todo. Una mujer describió su soledad diciendo que al meterse en la cama era capaz de sentir el peso del cielo sobre su pecho y otro compartió que, a pesar de sus 93 años, no había día que no añorara a su madre. Se sintieron mejor tras escribirlas.

Escribir una carta requiere de orden, tiempo y paciencia. Muchos creemos que nos falta de todo. Enviamos un mensaje y revisamos compulsivamente si el receptor lo ha leído. Si lo ha hecho, no comprendemos por qué no nos ha respondido y si no lo ha hecho, le llamamos por teléfono para confirmar que su teléfono funciona. Algunos van con el agua tan al cuello que envían audios y esperan que los escuchemos en medio de una reunión. Hacemos llamadas grupales para matar dos pájaros de un tiro y, por el camino, nos olvidamos de plantearnos si hay alguien en este mundo que merezca que le digamos las cosas como son, de forma pausada. George Clooney lo hace con su mujer y así lo explicó a un medio norteamericano. Según él, lo importante es que alguien se ha sentado y se ha tomado su tiempo para escribirte algo. Tan sencillo como eso. O tan complicado.

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