23 de diciembre de 2018
23.12.2018
Editorial

La tauromaquia, un debate sin cerrar

Con su sentencia, el Constitucional ha dado la razón al recurso y lo ha hecho además con dureza, concluyendo que la legislación balear desfiguraba en su esencia la celebración de un festejo tradicional

23.12.2018 | 02:45

El pacto de izquierdas llegó al poder en Balears hace ahora cerca de cuatro años con una batería de propuestas sociales, culturales y económicas que pretendían modernizar las islas desde una perspectiva abiertamente progresista. Los ajustes presupuestarios exigidos por Bruselas para evitar la intervención financiera del país habían dejado maltrechas las principales políticas de bienestar impulsadas por el gobierno autonómico. Eran recortes que afectaban a la sanidad pública, la educación o las ayudas sociales y que, en buena, medida se han podido subsanar a lo largo de esta legislatura gracias al incremento de ingresos. Junto al diseño de las políticas presupuestarias, el pacto ha promovido distintas iniciativas de ley, muchas de ellas polémicas y algunas sin duda de gran calado a largo plazo. Entre estas últimas, la que regula el alquiler turístico y la concerniente al cambio climático y la transición energética: una ambiciosa apuesta de futuro que prevé que, en 2050, nuestro archipiélago ya no utilice combustibles fósiles. Sin duda, otra de las propuestas estrella ha sido la Ley Balear de Regulación de las Corridas de Toros y Protección de los Animales, que acaba de ser tumbada –en alguno de sus artículos principales– por una reciente sentencia del Tribunal Constitucional.

El debate se centraba en la aceptación o no de la muerte del toro, la cual se descartaba en la Ley balear aprobada el año pasado en el Parlament. Asimismo impedía enchiquerar a los astados antes de salir al ruedo y reducía notablemente el tiempo de toreo. El gobierno central interpuso un recurso de inconstitucionalidad al considerar que dicha norma vulneraba competencias del Estado. Con su sentencia, el Tribunal ha dado la razón al recurso y lo ha hecho además con dureza, concluyendo que la legislación balear desfiguraba en su esencia la celebración de un festejo tradicional catalogado como patrimonio cultural inmaterial de España.

Con antecedentes que se remontan a un pasado lejano y habiendo fascinado a lo largo de los siglos a artistas como Francisco de Goya, Pablo Picasso o Ernst Hemingway, la tauromaquia choca con la sensibilidad de una parte considerable de la sociedad actual. Cuestiones como el maltrato animal o, desde posicionamientos más radicales, los derechos de los animales ocupan un lugar en la discusión pública en Occidente. La preocupación por el dolor ajeno –sea específicamente humano o, en este caso, animal– plantea el marco principal de una controversia que va más allá de los límites estrictos del arte de la lidia para conectar con la relación moral que mantiene el hombre con la naturaleza. Aquí surgen cuestiones no menores, como la experimentación médica con animales, la industria cárnica o el reconocimiento –o no– de la "humanidad" de los grandes simios, nuestros parientes más cercanos.

El humus cultural de los pueblos se transforma con el paso de los años, impulsando la evolución de los usos y de las costumbres. No existen puntos fijos en la Historia, por lo que cabe pensar que, en el futuro, la tauromaquia –una de nuestras tradiciones más antiguas y singulares– irá adaptando su rostro público a los nuevos valores de la ciudadanía. Por supuesto, nadie sabe en qué dirección se moverán estas demandas sociales ni a qué ritmo. Por ahora, sólo podemos asegurar que se trata de un debate que seguirá abierto en los próximos años.

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