Mar Félix, oradora y formadora comunicativa: «Muchas personas tienen proyectos maravillosos que no se llevan a cabo por miedo a comunicar»
De la cardiología veterinaria a la comunicación: una segunda vocación
Mar Félix dejó el ejercicio de la veterinaria para dedicarse a la comunicación. / Carisma en Acción
-Mar, tengo mucha curiosidad por saber cómo se gestó ese cambio de ejercer como veterinaria a dedicarte profesionalmente a la comunicación. ¿Cómo fue ese proceso?
Sí, realmente es algo que sorprende mucho a la gente. La decisión surgió desde la emoción, desde el entusiasmo, desde sentir que hay algo que te llena muchísimo y que no puedes dejar de hacer. Curiosamente, de esa misma forma decidí, cuando tenía 12 años, que quería ser veterinaria. Y esa pasión volvió a aparecer cuando tenía 50, esta vez por la comunicación y con una intensidad tal que no pude decirle que no. Obviamente, no fue fácil. Yo tenía mis clientes, mi negocio funcionaba muy bien y llevaba muchos años ejerciendo. Pero también, por coherencia y por respeto a mis pacientes, entendí que si en ese momento había algo que me estaba llamando con más fuerza que la profesión veterinaria, tenía que seguir ese camino. No fue una decisión de un día para otro y sorprendió bastante a muchos de mis compañeros. Pero ahora, mirando hacia atrás, creo que no había otra opción. Yo no podía no seguir mi pasión.
-Entonces, explícanos exactamente a qué te dedicas ahora. ¿Qué es lo que haces?
Hay muchas personas que tienen proyectos maravillosos, ideas increíbles y una carrera profesional brillante por delante. A mí me parece un drama que todo eso no pueda llevarse a cabo por miedo a comunicar o por falta de técnica en comunicación. Y, desgraciadamente, en nuestro país todavía estamos lejos de entrenar a los niños y jóvenes en el arte de la oratoria. Yo cubro esa necesidad desde una mirada muy concreta. Para mí, la oratoria no es más que la expresión externa de lo que ocurre internamente. Por eso, en mis entrenamientos hay una parte interna, en la que utilizo mis herramientas como coach. Me he formado en cinco modelos diferentes: Programación Neurolingüística, Coaching Generativo, Psicología de los Yoes, Gestión Emocional y Coaching Sistémico. Ese trabajo permite que la persona encuentre algo que ya está en ella y que, a veces, parece haber olvidado: su expresión genuina, su autenticidad y su confianza. Y después está, por supuesto, la parte externa: la técnica oratoria. Ahí soy muy exigente. Llevo muchos años vinculada a Toastmasters, entrenando, practicando y compitiendo. La competición me permitió pulir muchísimo mi técnica y en 2021 gané el concurso de oratoria a nivel de España, Portugal y Marruecos. Todo ese bagaje, unido al coaching y a mi manera de cuidar los grupos y generar un entorno seguro en el que las personas se atrevan a probar cosas nuevas, hace que mis cursos de oratoria sean algo más que aprender a hablar en público. Son cursos que transforman la manera en que una persona se comunica, pero también la manera en que se coloca delante de los demás.
-¿Cómo ha sido tu formación para llegar hasta aquí?
Para empezar, diría que mi formación es la vida. Estudiar una carrera, ejercer durante tantos años una profesión tan variada como la veterinaria, trabajar primero como empleada, después como propietaria de una clínica, como inspectora de Sanidad y finalmente como especialista freelance en cardiología veterinaria. Todo eso es bagaje: gestionar personas, gestionar un negocio, tratar con clientes, trabajar con compañeros, tomar decisiones y asumir responsabilidades. Y hubo algo que siempre me gustó especialmente: enseñar. Cuando acudía a las clínicas como especialista en cardiología disfrutaba muchísimo enseñando a otros veterinarios aquello que a mí me había costado tanto aprender. Lo mismo me ocurría en talleres, congresos o presentaciones de casos clínicos. Siempre me ha movido mucho coger algo complejo, comprenderlo profundamente y ser capaz de transmitirlo después de una manera sencilla. Además, la docencia tiene algo que me fascina: te permite llegar a muchas personas a la vez. Esa capacidad de multiplicar tu influencia y generar un impacto exponencial me parece increíble. A todo ese recorrido profesional se suma después mi formación específica. He realizado numerosos cursos de oratoria dentro y fuera de España, con profesionales como Maty Txey, Nick Morgan u Omar Fuentes, entre otros. Y, por supuesto, están todos mis años en Toastmasters: asistiendo semana tras semana, entrenando, compitiendo y llegando también a presidir mi club. A eso se añaden la Programación Neurolingüística y los diferentes modelos de coaching en los que me he formado. Al final supongo que he hecho lo que hacen los chefs: he ido tomando ingredientes de lugares diferentes, los he probado, los he trabajado durante años y he creado mi propia versión de la oratoria. Y estoy muy orgullosa de ella.
-¿Qué te gustaría decirles a nuestros lectores?
Me gustaría que supieran que algo que descubrimos muy pronto en mis cursos es que no son los únicos que pierden naturalidad cuando se exponen delante de un público. No son los únicos que sienten miedo, nervios o ansiedad ante una audiencia. Nos pasa a todos. La diferencia está en aprender a gestionarnos, practicar y adquirir técnica. Porque hablar en público se entrena. Pero, sobre todo, me gustaría que se quedaran con una idea: la única manera de brillar de verdad es siendo uno mismo. No se trata de intentar ser quien no eres, sino de ser más quien tú eres. Cuando llegamos a ese punto, cuando conseguimos hablar delante de los demás con la misma naturalidad y autenticidad con la que hablamos cuando nos sentimos seguros, la técnica casi deja de verse. Y para mí, ahí empieza la verdadera oratoria.